Perdonar es perdonar

Hay personas que dicen que se debe perdonar, pero eso lleva su tiempo, porque los que andan por la vida arruinando a otros y continúan como si nada, recuerdan que la vida da vueltas y sienten que el perdón no es fácil. Y es que la agresión hace crecer el odio, el resentimiento, el rencor del agredido. Se supone que el perdón dependerá del tamaño y la profundidad de la agresión que cause ese mal.

No se sonríe, ni el agresor, ni el agredido, y mucho menos ni se perdona enseguida con el mal que le han causado. Eso habrá que examinarlo. ¿Perdonarían al que mate o viole una hija? En este caso, el diario vivir se llena de inquietudes, de dolor, de lágrimas y no es fácil levantar la mirada. Si solo es un insulto, una ofensa, se sabrá que llega el odio.

Es posible que pase lo que pase, poco, menudo o intenso, el perdón no tiene espacio. Quizás dependerá de cómo y cuándo, y es posible que el dolor y el rencor vivan para siempre, aunque te pidan perdón. Y es que ese agravio hiere el corazón, y olvidar es porque estás enajenado.

Alguna vez se debe perdonar, depende del hecho. Y se le dice al agresor que en la vida es preciso respetar y valorar. Ya los insultos y las agresiones dirán quién eres y eso hará que no seas respetado. Sabrás que la agresión es un delito y que el perdón no llegue nunca. Piensa, reflexiona, porque se puede morir con odio, y también con la agresión.

Perdonar se puede, agredir no se perdona. Dependerá de que perdonar es perdonar. Amén.

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