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Piedad Bonnett: "Mediante el libro reconstruí a mi hijo"

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Piedad Bonnett: Mediante el libro reconstruí a mi hijo

A veces las situaciones más duras sirven de motor para un cambio espiritual y de trampolín para el crecimiento personal, como le ocurrió a la escritora colombiana Piedad Bonnett, cuyo testimonio, volcado en el valiente libro "Lo que no tiene nombre", puede dar ayuda y fuerzas a quienes han sufrido la pérdida de un ser querido.

"Lo que no tiene nombre" es probablemente una de las mejores formas de expresar o describir algo que es muy difícil de entender y asimilar para alguien que no haya pasado por un trance similar: los sentimientos, pensamientos, reacciones y actitudes que surgen en quien ha perdido a un hijo.

Esta cinco palabras conforman el título del último libro de la poeta, narradora, y dramaturga colombiana Piedad Bonnett (Antioquia, 1951), una madre que da la palabra al suicidio de su hijo, en un texto en el que reflexiona sobre el acto de quitarse la vida, la enfermedad mental y crisis del fallecido, la práctica médica y la intrahistoria que padeció su familia.

Con emoción pero también con contención, Bonnett ha convertido la dura experiencia que ha vivido, en un relato que comienza con la llegada de la autora, junto a su marido y sus dos hijas, al apartamento de su hijo en Nueva York, el mismo desde el que se tiró por la ventana, en 2011.

Piedad Bonnett es licenciada en Filosofía y Literatura, y profesora universitaria y ha publicado siete libros de poemas. En 2011 ganó el premio Casa de América de Madrid de Poesía Americana, y en 2012 recibió el Premio de Poesía Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval en México, por el aporte de su obra a la lengua española.

Es autora de cuatro obras de teatro y de numerosas novelas. 'Lo que no tiene nombre' lo ha dedicado a la vida y la muerte de su hijo Daniel, viviendo "el duelo en compañía de la literatura", como señala el poeta Luis García Montero.

EL DUELO, EL AMOR Y LAS PALABRAS.

Tanto su libro, donde se entremezclan el dolor, el amor, los recuerdos, las imaginaciones, los sentimientos de culpa y la conciencia de haber ayudado, como sus respuestas en una entrevista con Efe, en las que explica que sintió, pensó y cómo afrontó esta experiencia "sin nombre", trasmiten una enorme fuerza y espíritu de superación y arrojan luz sobre las sombras.

Pregunta.- ¿Cómo fue, a grandes rasgos, la relación con su hijo hasta aquel 14 de mayo de 2011?.

Respuesta.- Mi relación con él la describo en mi libro con cierta minuciosidad, pero en síntesis podría decir que fue muy buena, y que nos unían los pequeños gestos silenciosos y largas conversaciones sobre arte y sobre su futuro. De su enfermedad hablábamos muy poco: ninguno quería hacer sufrir al otro.

P.- ¿Qué cosas positivas o valiosas siente que le ha dejado como 'herencia' Daniel?.

R.- Me dejó la lección de su valentía y su perseverancia, el recuerdo de su dulzura y su sonrisa, y una obra magnífica, hecha con disciplina y talento.

P.- Para alguien que no ha vivido esta situación es imposible imaginarla: ¿Qué se siente y piensa cuando muere una persona inmensamente querida como un hijo?.

R.- Que una parte de nosotros se va con ella. Y en este caso, que la decisión fue suya, y que es muy respetable, porque lo arrasaron el sufrimiento y la desesperanza. Y eso hace más fácil aceptar su ausencia.

P.- Según su experiencia ¿Cómo es mejor manejar estos sentimientos y pensamientos?.

R.- Creo que no hay que reprimir la tristeza, pero tampoco entregarse a ella. Y hablar con otros - en mi caso narrar- resulta muy curativo.

P.- ¿Qué cosas le han ayudado a realizar mejor la travesía del duelo y a cerrar esta etapa de la forma lo más sana posible?.

R.- Muchas: la solidaridad de la familia y los amigos; escribir ‘Lo que no tiene nombre'; hacer una selección de lo mejor de la obra artística de Daniel y publicarla en un libro para regalar a la gente cercana.

"NO GUARDAR RENCOR NI CULPA".

P.- ¿Qué lugar ocupa ahora en su vida su hijo fallecido?.

R.- Daniel vive dentro de mí como un dolor sereno. Su presencia nace de los continuos recuerdos, de que en mí están su voz, su mirada, sus manos. Pero son los vivos que quiero los que me dan la fuerza para vivir, no Daniel.

P.- ¿De qué manera le ha ayudado la escritura de 'Lo que no tiene nombre' a recuperar la paz interior, las ganas de vivir y la alegría?.

R.- Escribir esta historia me significó reconstruir un Daniel muy mío y compartirlo con los demás. Mis lectores me han dicho que, a través del relato, le han cobrado cariño, respeto, admiración. Eso ya es un gran estímulo, así como el proceso de identificación con mi historia a través de las muchas cartas que recibo de padres y muchachos que comparten conmigo sus historias.

P.- Desde su experiencia ¿Aconseja a otras personas que han perdido un hijo escribir como una forma de sanación o autoayuda?.

R.- Para ser sanadora la escritura debe ser honda y honesta. Pero no creo que todos deban escribir para sanar. Solo los que sientan esa pasión. Pero se puede recurrir a muchas otras cosas: a pintar, a correr, a meditar... .

P.- ¿Qué tipo de personas le han ayudado más?.

R.- Por supuesto que mi marido y mis hijas, que sufren tanto como yo. Pero también mis amigas, porque las mujeres nos curamos con la conversación. Y los autores de los muchos libros en los que he encontrado respuesta y consuelo.

P.- ¿Qué lecciones le ha dejado esta experiencia?.

R.- Durante la vida de Daniel, descubrí que los grandes dolores no son de otros, como solemos pensar, que también nos pueden llegar, y que luchar hasta el fin es algo que la vida nos pide. Pero que ante lo irremediable lo más sabio es aceptar y no guardar ningún rencor ni culpa ninguna

P.- ¿Cuáles son sus mensajes para quienes están viviendo una pérdida como la suya?.

R.- No me gusta dar consejos. Soo a los íntimos, cuando me los piden. Únicamente les diría que morir forma parte de nuestra vida, y que rebelarse contra lo que es un hecho solo puede prolongar el sufrimiento.

P.- ¿Qué puede hacer uno de los padres para ayudar al otro, a los hermanos y abuelos del hijo que ya no está, para a trascender el dolor y devolver la ilusión y armonía a la familia?.

R.- Callar cuando es necesario. Hablar cuando es preciso. Abrazar, cuando el dolor arrasa al otro. Y tratar, en lo posible, de derramar nuestras lágrimas en soledad, pues finalmente estamos solos en nuestro sufrimiento.

 DESTACADOS:

-- "La relación con mi hijo fue muy buena. Nos unían los pequeños gestos silenciosos y largas conversaciones sobre arte y sobre su futuro. De su enfermedad hablábamos muy poco: ninguno quería hacer sufrir al otro", señala en entrevista con Efe, la escritora colombiana Piedad Bonnett.

-- "La solidaridad de la familia y los amigos; escribir ‘Lo que no tiene nombre'; hacer una selección de lo mejor de la obra artística de Daniel y publicarla en un libro para regalar a la gente cercana, son algunas de las cosas que me ayudaron", confiesa Bonnett, premio Casa de América de Poesía Americana.

-- "Durante la vida de Daniel, descubrí que los grandes dolores no son de otros, como solemos pensar, que también nos pueden llegar, y que luchar hasta el fin es algo que la vida nos pide. Pero que, ante lo irremediable, lo más sabio es aceptar y no guardar ningún rencor ni ninguna culpa", señala la poeta, narradora, y dramaturga nacida en Antioquía (Colombia).