20170812 https://www.diariolibre.com

Desde su surgimiento en junio de 1947, el Instituto Cultural Domínico Americano, junto a la cobertura de prensa de sus actividades apelaba a la colocación avisos publicitarios en los diarios nacionales. Como un medio para promover entre el público el interés por sus servicios educativos y culturales, al tiempo de notificar a sus socios sobre los eventos programados y las asambleas electivas anuales. El repaso de estos avisos sirve para examinar la evolución y ampliación de la oferta del Domínico como entidad educativa y cultural de primer orden en la capital dominicana de la década del 50.

En uno de los primeros avisos, todavía ubicado en su primer local sito en la calle Mercedes 155, frente al Parque Independencia, el ICDA ofrece un amplio abanico de servicios, en lo que sería una de sus señas de identidad: Clases de Inglés-Exhibiciones-Conciertos-Biblioteca-Discos-Actividades sociales-Conferencias-Películas. Este aviso recordaba que las clases comenzarían el 12 de enero y exhortaba a inscribirse “con tiempo”, consignando al final de su texto el número telefónico de cuatro dígitos de la institución: 4912.

Ya establecido en su nueva localización, en la memorable Pasteur 48 esquina Santiago, la estrategia publicitaria se hizo más agresiva y explícita en la venta de los cursos de inglés, enfatizando la posibilidad de aprender el idioma “rápidamente” con el auxilio de “profesores norteamericanos especializados en ambiente cultural y social”. Este aviso remarcaba que la cobertura educativa del ICDA era socialmente universal, al incluir “clases para todos” los géneros, edades y estratos sociales:

Profesionales-Estudiantes-Amas de Casa-Trabajadores-Empleados-Niños Escolares- Kindergarten sabatinos-Cursos especiales en inglés comercial para Secretarias.

El otro atractivo era la tarifa del “Plan Económico” que cubría 12 semanas de clases de 3 horas semanales: $9.50 para los no socios y sólo $6.00 para los socios.

Sobre este aviso, conviene comentar que una nota de prensa fechada en octubre de 1954 resaltaba que, el sábado 16 de ese mes, se iniciaría una clase especial para niños a modo de Kindergarten en inglés, conducida por las hermanas del Colegio Santo Domingo, “quienes con tanto éxito han llevado a cabo el programa infantil en el Instituto Cultural Dominico Americano durante los pasados años”. El horario de clase sería de 9:30 a 11:30 a.m., admitiéndose en las aulas niños con edades de 5 a 8 años.

Una tercera promoción resaltaba la apertura del “¡Nuevo trimestre de inglés!” y daba una mejor idea de la amplia gama de cursos que se desarrollaban en el ICDA:

Inglés elemental–Inglés intermedio–Inglés avanzado-Cursos de conversación básica, intermedia y avanzada-Cursos de orientación, modismos y literatura norteamericana-Clases de inglés para niños, kindergarten-Clase de español elemental, intermedio y avanzado-Clases de cocina.

Se destacaba la conveniencia del horario para los estudiantes y los empleados de oficina. Lunes, Miércoles y Viernes: 10:10-11:00 a.m.; 5:10-6:00 p.m. Martes y Jueves: 5:15-6:30 p.m.; 7:15-8:30 p.m. Mientras que los sábados se dedicaban al Kindergarten en horario de 9:30 a 11:00 de la mañana.

La tarifa del trimestre había sufrido un ligero aumento de un peso para los socios y de medio peso para los no socios, quedando en $7 para los primeros y $10 para los segundos, más la cuota de inscripción de $1 pagadera cada año escolar (que corría de septiembre a junio). Finalmente se anunciaba la apertura de clases para el lunes 9 de abril de los corrientes, recordando la inscripción “con tiempo”, en el marco de una cultura dada a dejarlo todo para después.

Una cuarta promoción mercadeaba el Cursillo de Verano en el Dominico-Americano, programa “que con tanto éxito ha venido ofreciendo durante los años anteriores”, a iniciarse a partir del 11 de julio. En este arte publicitario, aparte de los cursos de inglés y español para adultos y niños, se incluían clases de arte, identificadas como pintura y dibujo para niños y decoración de interiores para adultos. Asimismo, clases de baile para jóvenes y niños, calistenia y ejercicios rítmicos para damas, y curso de cocina para jóvenes y amas de casa. El suelto indicaba el soporte de profesores especializados norteamericanos y dominicanos y la comodidad del horario.

En otro espacio pagado publicado en esa década pionera del ICDA, se agrega a la oferta un curso “especial para médicos”.

El sentido de urgencia, típico de los “tiempos modernos” que se vivían en los 50, era manejado con destreza por la publicidad del ICDA, estimulando el apetito de oportunidad comercial, como lo evidencia el siguiente arte:

“APRENDA INGLÉS!!/ INSCRÍBASE SEGUIDO/ LAS CLASES EMPIEZAN HOY”

Como una entidad de servicios también orientada al mercado, el Dominico-Americano sacó ventaja a las nuevas tecnologías que se difundían en esa época, que con el correr de los años revolucionarían los modos tradicionales de cocinar tanto en el mundo como en la República Dominicana.

La cocina de gas propano, hoy generalizada, era una rareza en una década en la cual predominaba la cocción a carbón vegetal mediante el empleo del típico anafe o la hornilla de hierro incrustada en la cocina de concreto. De manera accesoria, se hallaba el uso de la estufa eléctrica, sólo existente entonces en determinados hogares de clase media alta y clase alta. Utilizada no para cocinar diariamente, sino para hornear en ciertas ocasiones (pavo y pierna de cerdo en Navidad; bizcochos, volteados de piña, pudin de pan y galletas), pese a que la tarifa eléctrica no había alcanzado los niveles astronómicos que hoy se conocen.

El ICDA fue pionero en las clases de cocina, patrocinando cursos sobre la materia y organizando un club de cocina para señoras, en coordinación con Tropigas, empresa que facilitaba las cocinas de gas propano para tales propósitos, como lo atestiguan sendos artes publicitarios de la época.

El otro componente de esta oferta innovadora serían las clases de decoración de interiores, tan en boga dos décadas después, en los años 70, cuando estos estudios alcanzaron reconocimiento de nivel superior en la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), abriéndose como un espacio profesional atractivo para jóvenes dominicanas que buscaban la realización de una carrera universitaria más corta que la de arquitectura o medicina.

Las actividades culturales, una de las dimensiones más ricas y multifacéticas de esta institución, fueron también objeto de publicidad. Los artes utilizados para invitar al público a participar en el programa cultural reforzaban a las notas de prensa que se estilaban con motivo de los eventos en este campo. Algunos ejemplos de estos años así lo evidencian, como el referente a la disertación sobre la cultura taína del escultor Joaquín R. Priego, llevada a cabo en el Patio Español de la institución, con la cual se inauguraría una exposición de 30 acuarelas y 12 cerámicas con motivos y diseños indígenas.

Otro ejemplo de este tipo de promoción fue la realización de un recital de poesía, a cargo del declamador Freddy Amado Gómez, uno de los eventos más populares en una sociedad profundamente tocada por el romanticismo y pletórica de poetas.

Finalmente se hallaban los actos institucionales, como las convocatorias a las asambleas generales electivas, destinadas a la renovación periódica de la Junta Directiva de la entidad o a la celebración del acto conmemorativo del aniversario del ICDA. Vivíamos la Era de Trujillo y el Domínico era un pequeño oasis de libertad.

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