Salve la Aurora de Elenita Santos

Elenita Santos junto al cartel de su actuación en New York junto a Lucho Gatica y Tito Puente.
Nacida Gilén Nazir Cabalén en el Santo Domingo de 1933, Elenita Santos es un regalo del Medio Oriente al arte cantor dominicano, hija legítima de la escuela de talentos que fraguó La Voz Dominicana. Hermosa como la que más, su lozanía lo inundaba todo. Para muchos de mi generación -y no pocos de sus compañeros de trabajo- su gracia de hembra palestina nacida y criada en este Caribe insular era motivo de desvelo de amor. Reina de la salve se le llamó con propiedad. Bolerista de la mejor estirpe que consagró temas de la autoría de los compositores criollos Bienvenido Brens, Bienvenido Fabián, Papa Molina, Luis Kalaff, Héctor Cabral Ortega, Rafael Colón, Armando Cabrera. Mensajera del bolero moruno que llenó de alhambras la canción romántica tropical.

El elepé Está sellado Canta Elenita Santos es vivo ejemplo del formato inigualable de la Súper Orquesta San José con sus esmerados arreglos que capturaban la personalidad de cada pieza, dejando que se expresara con carácter y soltura su poesía. Muestra asimismo la neta preferencia que imperaba por los autores locales. En esta selección sólo no lo es el mexicano Enrique Fabregat, quien aporta el título: "Está sellado por el destino/que tú serás mi compañero/y que iremos por un camino/hasta que uno de los dos se muera".

Con su potente banda de metales reforzada por una suave línea de violines, tras una apertura casi sinfónica, se crea el clima envolvente en el que se cuelan con dejo de lamento nostálgico los versos del bolero Melancolía del acertado Luis Kalaff. Sus tropos trepan recovecos intimistas en el fraseo angustiado de Elenita Santos: "Melancolía/que lleva enferma el alma mía/porque tú vives/indiferente con mi amor". Una verdadera pieza de colección. Desde que la oí siendo mozuelo se ha quedado rondando por los pasillos de mi existencia, reforzada por el gorjeo melódico del veterano bolerista cubano Panchito Riset, quien la proyectó continentalmente desde su hábitat de Nueva York, bajo el sello de Ansonia Records.

Un giro de enfoque, más coloquial y persuasivo, se produce con sonar de campanitas y Rayito de sol sugiere: "Si tú pudieras conversar conmigo/platicar solitos detenidamente/te dieras cuenta vida de mi sueño/de esta gran tragedia sólo por quererte". (Si tú pudieras, Bienvenido Brens). Y así en cada bolero hallamos un tratamiento singularizado, que alienta a la vocalista a exclamar anhelante, casi jubilosa: "Cuándo volveré a besarte/y tenerte de nuevo junto a mi". (Cuándo volveré a besarte, Papa Molina). O a confesar paciente: "Hace tiempo que te hablo/de mis sueños y mis penas/y tus ojos no reflejan/el amor que tanto anhelo/y mi vida va pasando/cual arenas del desierto..." (Arenas del desierto, Héctor Cabral Ortega/Rafael Colón).

Una pieza merecedora de mayor difusión es En tu ausencia, de la autoría del entrañable amigo Héctor Cabral Ortega, que su autor me cantaba complaciente con su gallardía de caballero bohemio en jornadas memorables que compartimos en el Piano Bar del Club Naco y en la Masía: "Si el mar nos riela una canción/con bellas frases de ansiedad/Si el ser palpita de emoción/que fatal soledad/Si el sol dejara de alumbrar/cuantas tinieblas en mi amor/un mundo negro de pesar/llenará el corazón/En la distancia viviré/el dolor de tu ausencia/y hasta una sombra llegará/a cubrirme de gris". Ejemplo de la frecuente apelación metafórica a los elementos de la naturaleza para crear la poética del bolero, en contrapunto dialéctico con las "cosas del alma".

Fiel a su condición de máxima intérprete femenina de Brens, la cantante incluye el vals Indudablemente. De Rafael Colón figura su bolero No debo quererte tanto y de Armando Cabrera No me pidas olvido: "Por qué me pides que te odie/Por qué me pides que te olvide/Si sabes que difícilmente/te olvidará mi corazón". De Bienvenido Fabián, otro de sus compositores favoritos, Lo que te pido y Condena, una composición que pone en manos de la divinidad el destino de una relación amatoria: "Sin embargo/hay un Dios tan justiciero/que nos mira desde el cielo/y nos tiene que cuidar/Y si él juzga/que debemos de querernos/algún día vida mía/ él nos tiene que cuidar."

Con arreglos y respaldo musical del pianista Bienvenido Fabián y el bandoneón del maestro argentino Angel Bussi, Elenita Santos produjo los álbumes Aquella noche de abril y Piensa en mí, con una selección de temas en formato de boleros morunos como Limosna de amores (León y Quiroga), Aquella noche de abril (Perelló/Montoro/Gómez), Dónde estarás mi vida (Alberto Naranjo). Así como en versión de boleros tangos: Yo era un corazón (Lucio Demare), Nada más (Rubinstein/Arienzo), Ninguno (Fernández/Manzi), Cristal (Mores/Contursi), Por la vuelta (Cadicamo/Tinelli). Estas producciones patentizan la versatilidad vocal de quien consagró las salves más hermosas de Isidoro Flores y Bienvenido Brens, como Qué bonitas son y Salve de las auroras.

Esta cancionera -con el respaldo al piano de Fabián y el despliegue del fuelle melódico de Bussi- nos ofrece su decir característico de los boleros clásicos Nadie me ama (Antonio María/Fernando Lobo), Piensa en mí (Agustín Lara), Nosotros (Pedro Junco) y Naciste para mi (Manuel Palos). Pero la seducción de la audiencia alcanza su clímax en composiciones como Después que tú me quieras de los hermanos Bienvenido y Mercedes Brens: "Y después que me quieras/todas mis noches negras/serán de plenilunio/Será el sol más radiante/Mi angustia acabará".

En Quién sino tú, un bolero afortunado de Fabián merecedor de mayor difusión y reconocimiento, la artista exhibe su pasta. Con notación ronca, grave, el teclado del piano y el bandoneón de Bussi se combinan para crear una atmósfera de misterio que nos introduce al tema, expresado con la tórrida extroversión de Elenita: "Quién si no tú/me puede hacer vivir la emoción/y darle vida a mi inspiración/Quién como tú/Quién puede haber/que tenga más encanto en tu ser/hasta el extremo de yo enloquecer/Si no eres tú mi bien". Se suelta el fuelle sonoro de Angel Bussi con despliegue de digitación maestra en las notas melódicas de este bolero antológico, ejemplar de puro feeling a la dominicana, que conjuga la sensibilidad de Fabián con el soporte callado de ese gordito argentino que llegó en los 40 al país a sumarse al elenco de La Voz del Yuna y se quedó, aplatanado, atrapado en las redes amables amorosas del trópico. Angel Bussi, su obra, espera ser rescatada y difundida, junto al reconocimiento de la gente agradecida que se expuso al desarrollo de su arte, ejecutado con destreza maestra.

Un dúo memorable trenzado entre Lope Balaguer y Elenita Santos dio nueva vida a Nocturnal de Sabre Marroquín y José Mojica, con sus palmas tranquilas y arrullo de luna sobre el mar tropical. En la vellonera de Mañiñí, colmado bar sito frente al coloquial parque Abreu de San Carlos, Elenita refrescaba el ambiente al activarse los cilindros sonoros sencillos Ritmo de Salve, Salve de las Auroras, Besarte, Cuando volveré a besarte y Melancolía. Asistida por la inigualable Súper Orquesta San José desde La Voz Dominicana, su timbre sembró las ondas hertzianas de salves mañaneras y boleros de factura evocadora. Como Bendito amor, bolero difundido internacionalmente por Alberto Beltrán, Leo Marini, Los Diamantes, popularizado por ella en el país. Algo que también sucedió con Pensando, Si tú pudieras, No me abandones, Mi vida y tantas otras composiciones de Bienvenido Brens que ella desplegaba con su gracia despierta en el estudio de televisión María Montez.

La Reina de la Salve grabó con la Súper San José conducida por Papa Molina refrescantes aires aurorales de Brens, como Ritmo de salve, Salve de las Auroras y Cumandé. Yo la llevo siempre prendida en mi solapa de recuerdos como una cayena encarnada, como un girasol sonriente con esos ojazos de almendra que alimentaron mis sueños adolescentes. Bella, radiante, mañanera, despierta, plena de encantos y talento. Infundiendo alegría contagiosa con su voz entusiasta y la coreografía dibujada por su cuerpo danzante, al repique de golpes de tumbadora y tambora. "Que linda noche mi cielo tan placentera/viene esa luna rompiendo entre las palmeras/No seas tan bobo amorcito/ ven pa' mi vera/Bien pegaditos bailemos esta salve plena/Dame tu mano, tu aliento, dame tu boca/que ya este ritmo de salve me tiene loca/ Con un ramito cariño de yerba buena/es que se baila amorcito esta salve plena". Mientras el coro de cantadores proclama: "Viene la luna la luna bella/y acompañándola vienen miles de estrellas".

Rompe la Salve de las Auroras con la que Elenita nos despierta el ánimo y convoca al jolgorio de jengibre en contrapunto de frescor silvestre y jornada de trabajo: "Aé, ay Marola/ Qué linda está la mañana qué bella aurora/Un conjunto melodioso de aves canoras/ comienza la serenata de las auroras/El hacha del campesino también entona/el canto de la esperanza al llegar la aurora/La brisa fresca del valle acariciadora/ya está moviendo las tumbas y las tamboras/Apriétame la cintura muy bien ahora/pa' que bailemos la salve de las auroras". Para luego volvernos locos con su Cumandé: "bailando la salve/la demadejá/yo me voy mi vida/yo no me voy ná/hasta que no llegue ya la madrugá/Voy gozando un mundo/voy de aquí pa' allá".

Era una época en que la mujer, solícita, se contentaba con eso de "mimarte/ sentirme entre tus brazos corazón". O suplicante, todavía no emancipada, exclamaba: "Vidita/dime que vas a hacer con este amor/que sólo está dormido entre los dos/ sin querer despertar". Y uno, curioso y lleno de bríos, como que se animaba a despertarlo. Salve la aurora radiante de Elenita Santos.
20110122 http://www.diariolibre.com

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