SANTO PATRÓN DE LAS AVES Y LOS DESDICHADOS
Si fuera por mí, elevaría a este Hombre a los altares. Pocos han realizado tantos milagros como Él, y en tan corto tiempo, pues lleva apenas un año en la Presidencia. Viene de atravesar épocas oscuras y está conduciendo a la República a puerto seguro. Hoy somos lo que Él ha querido que fuésemos. Peleó con sus enemigos de frente, y los perdonó. Cualquiera, con mucho menos poder, se hubiese dejado arrastrar por la venganza, yo entre ellos. Es verdad que tiene algunos gustos mundanos, ciertas propensiones non sanctas, ¿pero qué santo no las tuvo antes de encarnar en sí mismo lo más puro de la Fe?
Pueden criticar lo que quieran, y después vendrán los pigmeos a luchar por arrancar tiras de su grandeza, pero la Obra ya está iniciada, y la faena ha sido fructífera. Dirán, seguramente, que la recomendación viene de muy cerca, porque soy su tío materno y, además, su Ministro de Interior y Policía. Pero igual lo diría aunque fuese dentista o limpiabotas, cortador de caña o vicario de una diócesis. Hay que estar ciego, o muy nublado de odio y resentimiento para no reconocer lo que el Elegido está haciendo, y la manera casi fanática con que se ha tomado el cargo, levantándose a trabajar desde las cuatro de la mañana, sin dejar de preguntarlo todo, y de dar las órdenes pertinentes para la buena marcha del engranaje público. Nada escapa a su ojo de zahorí, a esa mirada glacial y a la vez, volcánica con que taladra a todos, desde el cocinero hasta el Secretario de Estado. Y a nosotros, sus parientes carnales, también nos tiemblan las piernas ante esa mirada, y no solo lo digo yo, su tío, sino que se lo he oído también a sus hermanos, y hasta a sus padres. Porque este que ahora cabalga la República de un extremo a otro, tocándolo todo con la mano, cambiando las reglas del juego, moldeando la nación, nos ha ido crecido ante la vista, nos ha dejado atrás, se ha adelantado, ha movido el escenario tradicional, ha transformado la manera de hacer política, de combatir a sus enemigos, y hasta de premiar a sus amigos. Aquí todo es nuevo. Y, digan lo que digan, Él marca un antes y un después, y es el Alfa y el Omega anunciado, el que abre y cierra los caminos...
Ya sé que los enemigos encubiertos murmuran a mis espaldas, conspiran, y no creen que tengo la suficiente inspiración espiritual para producir estos pensamientos elevados. Olvidan, entre otras cosas, que soy teósofo, que he leído los misterios del Libro de Dirzán, que conocí al coronel Olcott, y que he bebido de ese manantial que es Madame Blawastky. Creen que soy solo esta cara de batracio, este cráneo afeitado, estas manos de leñador que se entienden mejor con un hacha o un machete antes que con una estilográfica Mont Blanc. Me imaginan como un bruto desalmado, un quebrantahuesos, al que siempre le quedarán como un disfraz los trajes bien cortados que me hago mandar desde La Habana o New York. No conceden que pueda oler bien, embadurnado, como ando, con las lociones más caras que Osvaldo Bazil o Fello Brache me remiten. Me ven, y me siguen viendo, y me verán mientras respire, como un peón de central, un guapo de barrio, un abofeteador de esquina, un estibador del puerto. Y en el fondo me encanta que se equivoquen tanto, porque al final siempre los venzo, como mismo hace Él, en quien las élites corruptas del Horacismo solo vieron a un militarote más y no a su enterrador providencial.
Yo bien sé que en el Universo nada muere para siempre, sino que entra en la Corriente. Yo bien sé que reencarnamos en sucesivos ciclos, y que los grandes hombres son el fruto de sucesivas aproximaciones a la Verdad y la Luz, no importa si para ello deban aplastar, hacer sufrir, incluso, matar. Por eso El Elegido tiene sobre sí esa aureola que los ciegos no ven y los mediocres ni imaginan. Y quienes hemos sido seleccionados por Él para seguirlo, estamos obligados a acompañarlo en todo, dejando de ser nosotros para sumarnos a su fuerza, anulándolos incluso, para que brille.
Y no puedo menos que reirme, al constatar la cortedad de los mortales frente a la majestad de los Misterios. Por ejemplo, este informe que tengo en las manos, y que se suponía no debía haber leído, es sobre mí mismo, pues yo soy este Téodulo Pina Chevalier del que se escribe. Los autores son esos mismos gringos de la Embajada que se desviven por agradarnos y nos reverencian por delante, felicitándonos a cada paso por haber creado una era de trabajo, orden y progreso en el país. Claro que por sus bocas hablan las empresas azucareras, los bancos a los que adeudamos, las compañías que nos chupan. Pero esos flacuchos envejecidos y acartonados, de peinados intensamente ridículos, son los que me caracterizan con estas lindezas, en el último reporte anual sobre personalidades dominicanas que acaban de enviar al Departamento de Estado:
"Es un tipo grande, medio mulato, de apariencia poco tranquilizadora, y de pésimos modales. Se ve intensamente estúpido, pero tiene una acreditada inteligencia... Es el tío del Presidente, e indudablemente mantiene su posición sólo por este hecho. Debido a este nexo familiar parece gozar de un poco más de autoridad que el resto de sus colegas, pero es muy charlatán y autosuficiente, y es probables que no ejerza ninguna influencia significativa sobre el sobrino. No domina ningún idioma extranjero. Es bien conocido por aprovechar su posición oficial para promover ciertas transacciones oscuras, pero muy redituables. Es completamente inmoral y su vida privada es escandalosa. La desaparición de este inquietante personaje de la vida pública, reportaría un gran beneficio."
Dicen que Balzac se dormía cada noche leyendo los panfletos en su contra, donde sus enemigos ensayaban todos los escarnios y ofensas posibles. Un hombre sabio, sin dudas, un hermano de la Fe, también teósofo, como Descartes y tantos otros grandes, testigos de los Insondables Misterios de la Vida. Y la verdad es que este papelucho yanqui me ha dado un poco de sueño, he de confesarlo, porque es la hora de la siesta, y después de un almuerzo opíparo es ley natural procurar la horizontalidad. Bueno, era ley natural, hasta que Él nos enseñó que las 24 horas del día no alcanzaban para hacer todo lo que debemos... Y la verdad es que tengo sueño, pero no hay quien se mueva de su despacho porque puede aparecer cuando menos lo esperas, pretextando un intercambio urgente, la necesidad de unos datos, cuando en realidad esas visitas sorpresivas expresan la manía del sargento que revisa las postas para que los rasos no se le duerman en la guardia.
Y es eso somos todos: soldados de su Santa Cruzada patriótica. Porque eso hacemos: Patria. Y para no dormirme, cuando la modorra me vence, tomo este otro papel que viene a mí dirigido de la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de San Francisco de Macorís, con fecha 18 de marzo de este año. Y por él me entero que su Presidente, Gregorio Mateo, y su Secretario, Tomás M. Tavarez elevan a mi aprobación la propuesta de que se autorice a un grupo de cazadores, bajo la vigilancia de las autoridades competentes, a recibir escopetas para combatir las plagas de pájaros carpinteros y gallinas de guinea, que están asolando los cultivos de cacao y arroz de la zona, aprovechándose del desarme obligatorio y la recogida de armas en manos de la población que Él ha decretado para poder sellar el eterno manantial de los alzamientos y las asonadas revolucionarias.
Y no pudo menos que seguir riéndome por lo bajo ante esta nueva evidencia de lo complejo del Plan Divino y los recovecos que tiene la Verdad para manifestarse a los mortales, ciegos y sordos a su resplandor y su clamor. Y claro que estampo un "Aprobado" al final del documento, y no porque me hayan convencido con el argumento de que "salvar las cosechas es salvar el bien público", ni que "no hay más medio de riqueza para el país que la agricultura", sino porque les daré ocasión de que en ello vean la metáfora del propio país en que habitamos, y el papel de El Mesías en nuestra historia más reciente.
Si, sólo el fuego limpiará nuestros campos y ciudades y sólo él garantizará que disfrutemos la cosecha en que estamos empeñados.
Sólo la muerte de los parásitos y los indeseables será remedio a nuestra eterna precariedad, a nuestras inestabilidades, a nuestras angustias.
Pero la fuerza ha de administrase, el castigo ha de ser dosificado, y siempre bajo el estricto control de Quien todo lo Ve y Todo lo Sabe. De lo contrario, la fuerza desatada para convertir a las plagas, se convierte ella misma en una plaga.
Por eso autorizo la matanza de los depredadores en San Francisco de Macorís, como si de una parábola bíblica se tratase. Y de paso, lo elevo a Él a los altares, como Santo Patrón de las Aves y los Desdichados, dispensador de la muerte ejemplarizante, sólo cuando se le obliga, cuando los malagradecidos pongan en peligro la cosecha de todos.
Pobres gringos pecosos y desangelados: no saben que esto es Teosofía pura y dura, y yo su heraldo en esta islita. No el batracio, aparentemente brutal, del que quieren prescindir.
Pueden criticar lo que quieran, y después vendrán los pigmeos a luchar por arrancar tiras de su grandeza, pero la Obra ya está iniciada, y la faena ha sido fructífera. Dirán, seguramente, que la recomendación viene de muy cerca, porque soy su tío materno y, además, su Ministro de Interior y Policía. Pero igual lo diría aunque fuese dentista o limpiabotas, cortador de caña o vicario de una diócesis. Hay que estar ciego, o muy nublado de odio y resentimiento para no reconocer lo que el Elegido está haciendo, y la manera casi fanática con que se ha tomado el cargo, levantándose a trabajar desde las cuatro de la mañana, sin dejar de preguntarlo todo, y de dar las órdenes pertinentes para la buena marcha del engranaje público. Nada escapa a su ojo de zahorí, a esa mirada glacial y a la vez, volcánica con que taladra a todos, desde el cocinero hasta el Secretario de Estado. Y a nosotros, sus parientes carnales, también nos tiemblan las piernas ante esa mirada, y no solo lo digo yo, su tío, sino que se lo he oído también a sus hermanos, y hasta a sus padres. Porque este que ahora cabalga la República de un extremo a otro, tocándolo todo con la mano, cambiando las reglas del juego, moldeando la nación, nos ha ido crecido ante la vista, nos ha dejado atrás, se ha adelantado, ha movido el escenario tradicional, ha transformado la manera de hacer política, de combatir a sus enemigos, y hasta de premiar a sus amigos. Aquí todo es nuevo. Y, digan lo que digan, Él marca un antes y un después, y es el Alfa y el Omega anunciado, el que abre y cierra los caminos...
Ya sé que los enemigos encubiertos murmuran a mis espaldas, conspiran, y no creen que tengo la suficiente inspiración espiritual para producir estos pensamientos elevados. Olvidan, entre otras cosas, que soy teósofo, que he leído los misterios del Libro de Dirzán, que conocí al coronel Olcott, y que he bebido de ese manantial que es Madame Blawastky. Creen que soy solo esta cara de batracio, este cráneo afeitado, estas manos de leñador que se entienden mejor con un hacha o un machete antes que con una estilográfica Mont Blanc. Me imaginan como un bruto desalmado, un quebrantahuesos, al que siempre le quedarán como un disfraz los trajes bien cortados que me hago mandar desde La Habana o New York. No conceden que pueda oler bien, embadurnado, como ando, con las lociones más caras que Osvaldo Bazil o Fello Brache me remiten. Me ven, y me siguen viendo, y me verán mientras respire, como un peón de central, un guapo de barrio, un abofeteador de esquina, un estibador del puerto. Y en el fondo me encanta que se equivoquen tanto, porque al final siempre los venzo, como mismo hace Él, en quien las élites corruptas del Horacismo solo vieron a un militarote más y no a su enterrador providencial.
Yo bien sé que en el Universo nada muere para siempre, sino que entra en la Corriente. Yo bien sé que reencarnamos en sucesivos ciclos, y que los grandes hombres son el fruto de sucesivas aproximaciones a la Verdad y la Luz, no importa si para ello deban aplastar, hacer sufrir, incluso, matar. Por eso El Elegido tiene sobre sí esa aureola que los ciegos no ven y los mediocres ni imaginan. Y quienes hemos sido seleccionados por Él para seguirlo, estamos obligados a acompañarlo en todo, dejando de ser nosotros para sumarnos a su fuerza, anulándolos incluso, para que brille.
Y no puedo menos que reirme, al constatar la cortedad de los mortales frente a la majestad de los Misterios. Por ejemplo, este informe que tengo en las manos, y que se suponía no debía haber leído, es sobre mí mismo, pues yo soy este Téodulo Pina Chevalier del que se escribe. Los autores son esos mismos gringos de la Embajada que se desviven por agradarnos y nos reverencian por delante, felicitándonos a cada paso por haber creado una era de trabajo, orden y progreso en el país. Claro que por sus bocas hablan las empresas azucareras, los bancos a los que adeudamos, las compañías que nos chupan. Pero esos flacuchos envejecidos y acartonados, de peinados intensamente ridículos, son los que me caracterizan con estas lindezas, en el último reporte anual sobre personalidades dominicanas que acaban de enviar al Departamento de Estado:
"Es un tipo grande, medio mulato, de apariencia poco tranquilizadora, y de pésimos modales. Se ve intensamente estúpido, pero tiene una acreditada inteligencia... Es el tío del Presidente, e indudablemente mantiene su posición sólo por este hecho. Debido a este nexo familiar parece gozar de un poco más de autoridad que el resto de sus colegas, pero es muy charlatán y autosuficiente, y es probables que no ejerza ninguna influencia significativa sobre el sobrino. No domina ningún idioma extranjero. Es bien conocido por aprovechar su posición oficial para promover ciertas transacciones oscuras, pero muy redituables. Es completamente inmoral y su vida privada es escandalosa. La desaparición de este inquietante personaje de la vida pública, reportaría un gran beneficio."
Dicen que Balzac se dormía cada noche leyendo los panfletos en su contra, donde sus enemigos ensayaban todos los escarnios y ofensas posibles. Un hombre sabio, sin dudas, un hermano de la Fe, también teósofo, como Descartes y tantos otros grandes, testigos de los Insondables Misterios de la Vida. Y la verdad es que este papelucho yanqui me ha dado un poco de sueño, he de confesarlo, porque es la hora de la siesta, y después de un almuerzo opíparo es ley natural procurar la horizontalidad. Bueno, era ley natural, hasta que Él nos enseñó que las 24 horas del día no alcanzaban para hacer todo lo que debemos... Y la verdad es que tengo sueño, pero no hay quien se mueva de su despacho porque puede aparecer cuando menos lo esperas, pretextando un intercambio urgente, la necesidad de unos datos, cuando en realidad esas visitas sorpresivas expresan la manía del sargento que revisa las postas para que los rasos no se le duerman en la guardia.
Y es eso somos todos: soldados de su Santa Cruzada patriótica. Porque eso hacemos: Patria. Y para no dormirme, cuando la modorra me vence, tomo este otro papel que viene a mí dirigido de la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de San Francisco de Macorís, con fecha 18 de marzo de este año. Y por él me entero que su Presidente, Gregorio Mateo, y su Secretario, Tomás M. Tavarez elevan a mi aprobación la propuesta de que se autorice a un grupo de cazadores, bajo la vigilancia de las autoridades competentes, a recibir escopetas para combatir las plagas de pájaros carpinteros y gallinas de guinea, que están asolando los cultivos de cacao y arroz de la zona, aprovechándose del desarme obligatorio y la recogida de armas en manos de la población que Él ha decretado para poder sellar el eterno manantial de los alzamientos y las asonadas revolucionarias.
Y no pudo menos que seguir riéndome por lo bajo ante esta nueva evidencia de lo complejo del Plan Divino y los recovecos que tiene la Verdad para manifestarse a los mortales, ciegos y sordos a su resplandor y su clamor. Y claro que estampo un "Aprobado" al final del documento, y no porque me hayan convencido con el argumento de que "salvar las cosechas es salvar el bien público", ni que "no hay más medio de riqueza para el país que la agricultura", sino porque les daré ocasión de que en ello vean la metáfora del propio país en que habitamos, y el papel de El Mesías en nuestra historia más reciente.
Si, sólo el fuego limpiará nuestros campos y ciudades y sólo él garantizará que disfrutemos la cosecha en que estamos empeñados.
Sólo la muerte de los parásitos y los indeseables será remedio a nuestra eterna precariedad, a nuestras inestabilidades, a nuestras angustias.
Pero la fuerza ha de administrase, el castigo ha de ser dosificado, y siempre bajo el estricto control de Quien todo lo Ve y Todo lo Sabe. De lo contrario, la fuerza desatada para convertir a las plagas, se convierte ella misma en una plaga.
Por eso autorizo la matanza de los depredadores en San Francisco de Macorís, como si de una parábola bíblica se tratase. Y de paso, lo elevo a Él a los altares, como Santo Patrón de las Aves y los Desdichados, dispensador de la muerte ejemplarizante, sólo cuando se le obliga, cuando los malagradecidos pongan en peligro la cosecha de todos.
Pobres gringos pecosos y desangelados: no saben que esto es Teosofía pura y dura, y yo su heraldo en esta islita. No el batracio, aparentemente brutal, del que quieren prescindir.
Diario Libre
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