Saudades - NUESTRA POLICÍA NACIONAL
Ligia Minaya
Escritora
Así como usted lo lee. Es nuestra. A pesar de los pesares. Es como el hijo ladrón o la hija prostituta. Como la basura tirada en la calle. Nuestra al fin y al cabo. Esa que tanto dolor de cabeza y vergüenza nos ha dado. Desde su fundación fue creada para la represión, para la matanza, para las torturas. Habrá que enderezarla. No se pueda borrar del mapa de un tirón. Habrá que sentarla a nuestro lado, darle un pellizco, un jalón de orejas y hablarle claro. Nadie es mejor que nadie. Ni los policías suizos, ni los americanos, ni los alemanes, son mejores, pero esos tienen otra educación, otros propósitos. Cumplen con las leyes y las hacen cumplir sin tener en cuenta que sea un Ministros, un General o un simple pata polvosa. Para los países desarrollados no valen los títulos, ni el dinero, ni los cargos, pero para nosotros, si.
Para que nuestra Policía Nacional actúe de acuerdo a sus leyes internas habrá que echar a la calle a muchos, limpiarla, echarle cloro, remodelarla. Comenzando por quitar ese Palacio de la Leopoldo Navarro y hacerlo más moderno, más amplio y en otro lugar y dejar allí un Destacamento. Luego, el Presidente, darle órdenes al Jefe de la PN y el Ministro de Interior para hagan que los policías actúen como debe de ser, protegiendo al pueblo. Cuidando de su formación. Quitando a policías de guardaespaldas de gente que los humilla. Que los pone a limpiar letrinas, a bañar los perros, a pelar los plátanos y hasta limpiarle las nalgas a los muchachos. Y así no puede haber una Policía digna.
Me duele la Policía Nacional porque conozco gran parte de sus intimidades. Trabajé dentro de esa institución como profesora de Criminología, y sé que allí hay gente correcta e inteligente. Aunque usted no lo crea, hay rasos y hasta generales honestos, preparados, hombres y mujeres que merecen algo mejor. Sé de cosas malas, muy malas, que son difíciles de arreglar, pero no imposibles. Les falta un sueldo equilibrado y acabar con la politiquería que es el comején que la destruye. Desde su fundación los gobernantes se la han metido debajo de los pantaloncillos, por no decir en otra parte del cuerpo, y ahí está el problema. No manipularla, que actúen dentro de la ley, es lo correcto. Y así, nuestra Policía Nacional nos haría volver a tener fe en ella, si es que alguna vez la tuvimos.
Sé que no es fácil salvar una manzana podrida. Habrá que tirarla a la basura y la formada por hombres y mujeres de buen corazón, que los hay, saldrá adelante. Educarlos para que no se vendan y acabar con sus sicarios y ladrones nos haría bien a todos. Nada de torturas, ni muertos en la calle. Ya estamos hartos de que los asesinados sean los pobres. No hay que matarlos. Tampoco a ricos ladrones o traficantes de drogas. Hasta hoy, miles han sido los asesinados por la PN. ¡Por Dios, que necesitamos una buena Policía Nacional!
Punto y seguido: ¿Es que no hay ambulancias para trasladar a los asesinados en la calle? La muerte, aún sea de un delincuente, merece respeto.
No es fácil salvar una manzana podrida. Habrá que tirarla a la basura y la formada por hombres y mujeres de buen corazón, que los hay, saldrá adelante.
Denver, Colorado
Ligia Minaya
Ligia Minaya