Transformaciones del merengue

Hubo un tiempo, ya muy lejano, en que los géneros musicales prevalecientes en el país eran otros distintos al bolero, el merengue y la bachata que hoy dominan la música dominicana.
Se interpretaban entonces la tumba, los palos, el sarambo, el chenche matriculado, la yuca, la mangulina, la sarandunga y el carabiné, además de las habaneras, polcas, danzas y contradanzas, unos de origen claramente europeo y otros con claras influencias africanas.
Hoy sabemos que el merengue evolucionó desde la contradanza española, y que esta transición se realizó a través de la tumba, de la cual no existe ningún record escrito, por lo que no conocemos cómo sonaban esas canciones.
También sabemos que el merengue surgió a mediados del siglo XIX, casi simultáneamente en Santo Domingo y en Puerto Rico, según consta en las publicaciones de la época en las cuales se menciona la aparición de este género en ambas islas.
Según Catana Pérez de Cuello, en su sustanciosa e importante obra "Génesis del Merengue: Raíces, trayectoria y difusión en el siglo XIX" (2003), la primera mención escrita que se registra del merengue en Santo Domingo data del año 1854. En Puerto Rico es más temprana, de 1847.
En ambos países, el surgimiento del merengue dio lugar a serios debates acerca de la moralidad de esta danza, pues fue denunciada como lasciva e indecente por algunos.
A pesar de esos ataques, el merengue siguió tocándose y las parejas siguieron bailándolo con sus cuerpos pegados y tomados de las manos. Junto al merengue coexistían la yuca y la mangulina que, aunque parecidos los tres, hoy se consideran géneros distintos.
La partitura del primer merengue que se conserva escrito es una composición atribuida a Juan Bautista Alfonseca titulada "Juana Aquilina". Esta partitura fue realizada por Flérida de Nolasco a partir del dictado y tarareo que le hizo Federico Henríquez y Carvajal, quien decía haber escuchado y cantado esa canción desde joven.
El merengue sufrió una profunda transformación a partir de 1870, con la introducción del acordeón por unos comerciantes de Santiago. Hasta entonces, la melodía de los merengues se tocaba con una guitarra pequeña llamada cuatro. El ritmo lo marcaban una tambora y una güira o unas maracas.
Aunque relativamente limitado en cuanto a sus posibilidades armónicas, el acordeón reemplazó al cuatro rápidamente y por ello terminó dominando la ejecución del merengue hasta muy recientemente.
Hoy, las orquestas y los combos son más abundantes que los "pericos ripiaos", pero esa transición ha tomado casi ochenta años en realizarse, pues las primeras orquestas que tocaron merengues regularmente a partir de la segunda década del siglo XX no lograron eliminar a los pericos ripiaos de las preferencias del pueblo dominicano.
Podría decirse que mientras las orquestas apelaban al gusto de las clases medias, los pericos ripiaos continuaban vivos en las preferencias de las clases populares, pero esta afirmación habría que matizarla un poco, pues ambos sectores sociales gustaban indistintamente de esas dos formas de interpretar el merengue.
Durante más de cuarenta años (1920-1963), el péndulo de las preferencias populares osciló entre las orquestas y los pericos ripiaos, cada cual manteniendo su propia legitimidad social.
Recuérdense las grandes orquestas de aquella época dirigidas por José Dolores Cerón, Luis Alberti, Papa Molina, Antonio Morel y Billo Frómeta, entre otros, así como los famosos conjuntos del Ñico Lora, Toño Abreu, del Trío Reinoso, el Cuarteto Flores, Guandulito, Tatico Henríquez, El Cieguito de Nagua y Félix del Rosario, para sólo mencionar unos pocos.
A pesar de la popularidad del merengue, algo pasaba con este género que le impedía competir con la música importada en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.
La llegada del rock and roll y otros tipos de música norteamericana alertó a un joven músico y cantante dominicano, llamado Johnny Ventura, quien razonó que si el merengue no sufría una pronta transformación corría el riesgo de desaparecer de los escenarios y de los salones de baile, como había ocurrido con otros tipos de música folklórica como la yuca, la mangulina, el chenche matriculado y el carabiné.
Resultado de ese razonamiento, Ventura decidió acelerar el merengue: "La música del merengue de entonces, aunque evidenciaba alegría, es muy lenta..." dice en una página de su reveladora y sugestiva autobiografía titulada "Un poco de mí" (1998).
Más adelante Johnny Ventura narra: "Me vi forzado a hacer mis propios arreglos porque los arreglistas de la época tenían muchas ocupaciones frente a sus respectivas orquestas... La música que escribo se identifica, generalmente, por la forma como me apoyo en la fuerza de los saxofones..."
"Procuré, desde el inicio de mi carrera, arreglar mi música con matices y colores acordes sin mucha disonancia... tomando en cuenta otros elementos e instrumentos que antes no tenían mucha presencia en la música de nuestro país, como ocurrió con las tumbadoras y congas".
"En el momento en que me tocó hacer merengue, éstas eran utilizadas en forma muy discreta. Me propuse y logré ponerla a la par con la tambora, tocándolas en un movimiento rítmico sincopado que logró un matrimonio entre los dos instrumentos. Así fusionados producen una polirritmia mucho más sólida y rica".
Entendí que esa base rítmica sería el acicate que permitiría al bailador sentirse mucho más a gusto con nuestra música, sobre todo si le agregamos algún otro ingrediente. Ese elemento lo encontré en el saxofón... concebí la idea de tocar la tambora derecha, o sea en su forma tradicional, mientras las congas contrapunteaban simulando una tambora apambichada. Ello nos permitió lograr un mejor efecto rítmico con el que penetramos con tanta profundidad en los corazones del pueblo boricua..."
"Por su parte observamos que los cubanos en Miami, cuya plaza era uno de nuestros objetivos, bailaban al compás del contrabajo. Hasta ese momento, el merengue era escrito en compás de dos por cuatro y la música del contrabajo se escribía con dos notas negras correspondientes a los dos tiempos de cada compás, marcando el tiempo fuerte en la primera de ellas."
"Para la conquista de ese importante conglomerado social, modifiqué la escritura del merengue, escribiéndolo en compás de cuatro por cuatro. Escribí el contrabajo con la síncopa de la música cubana, modificando la tambora, las congas y el contrabajo. El merengue fue fortalecido con una base rítmica con mayor solidez."
"Como era de esperarse, al escuchar mis grabaciones y advertir lo que hacía, los tradicionalistas pegaron el grito al cielo. Algunos críticos descargaron una virulenta y terrible ola de comentarios contrarios a mi música; pero yo, evolucionista por naturaleza, soporté estoicamente los mismos y continué trabajando en aras de la expansión del área de nuestro ritmo rey."
"Entendí que el merengue debía seguir el ritmo de evolución que en todos los órdenes se evidenciaba en el mundo. No debía ni podía quedarse estático. Solamente con una evolución constante podía mantenerse dentro del gusto popular, de modo contrario, le ocurriría como a otros géneros folklóricos que, tristemente, han pasado a ser piezas de museos".
En su obra, Johnny Ventura se ha declarado "culpable" de haber introducido la segunda gran transformación del merengue en sus primeros cien años de historia. La primera tuvo lugar con la llegada del acordeón. La innovación de Ventura fue resultado de un diagnóstico musicológico y sociológico del género:
"La mayoría de los merengues que se escucharon durante la tiranía de Trujillo eran orquestados para bandas muy grandes. Estaban atados al estilo y gusto de quien gobernaba el país, quien tenía un estilo de merengue favorito dentro de la gran gama. A ese merengue le llamaban "merengue de salón", concebido para que una clase social determinada bailara y disfrutara placenteramente."
"El merengue era una música rural... Me propuse proyectar un merengue con mayor vitalidad que pudiera salir airoso del estatismo... Aquel merengue que nació con cuerdas, que como se sabe tienen una gama de posibilidades armónicas amplísimas, cedió el paso al acordeón alemán que nos llegó por trueque. Este instrumento es el que con menos posibilidades armónicas cuenta. Su condición de bitónico lo ubica dentro del grupo de instrumentos de mayores limitaciones".
"Los merengueros campesinos constituían la fuente de nutrición de los músicos de las ciudades. Casi todas las creaciones partían de lo que podían hacer los acordeonistas, lo que motivó que en un determinado momento la mayoría de los merengues estaban en el mismo tono del primer acordeón que llegó al país; aunque más tarde llegaron acordeones en otros tonos, también eran bitónicos. Aquellos merengues tenían una estructura similar y eran interpretados del mismo modo. Con mucha razón, los músicos que tenían mejor preparación no se motivaban ni se sentían cómodos tocando merengue".
"En realidad no hice otra cosa que hacer un merengue como lo sentía... En ese sentido tuve otra ligera ventaja a mi favor: mi tesitura vocal, que era y posiblemente siga siendo la más grave entre todos los que cultivamos el género. Ello permitió que mis merengueros no vinieran enmarcados dentro de la misma tonalidad de sol mayor, en la que se interpretaban la mayoría de los merengues tradicionales".
...
"Creo que así nació el merengue del barrio... Sus temáticas estaban relacionadas con las costumbres y tradiciones del barrio. Sus aires musicales o melodías no tenían ni podían tener la esencia campesina que se advertía en los merengues cuyos autores eran campesinos. Nadie puede dar lo que no tiene. Yo tampoco."
...
"Algunos críticos de la época me acusan de desvirtuarlo. Acepto mi responsabilidad. De ello, me siento satisfecho y complacido. Confieso que soy evolucionista y como tal entiendo que si el merengue no hubiese recibido esa inyección, quizás fuera hoy, en el estatismo que estaba, pieza de museos, tal como ha ocurrido con la mayoría de nuestros ritmos folklóricos."
...
"Arrebatamos la juventud de las garras de otros ritmos foráneos que se imponían y el merengue esta ahí. Vivo. Predominante. Con una increíble vigencia en el plano nacional y con una formidable y creciente proyección internacional".
Diario Libre
Diario Libre