Volando hacia el Paraíso

Como Juan Salvador Gaviota deseaba remontar el espacio. Y todo su cuerpo, de extremo a extremo, era un ala extendida hacia la idea ilimitada de libertad. La noticia llegó a casa entrada ya la noche. El sacudimiento en nuestra familia fue total. Lo vimos nacer, crecer y convertirse, a edad temprana, en un joven con valores firmes. Tuvo siempre un sueño: volar. Como Juan Salvador Gaviota deseaba remontar el espacio. Y todo su cuerpo, de extremo a extremo, era un ala extendida hacia la idea ilimitada de libertad.
Los primeros intentos para una beca tuvieron que ser pospuestos. A pesar de poseer todas las condiciones era un niño y aún le faltaba edad para acometer el vuelo. Alcanzó su objetivo hace apenas tres años cuando pudo viajar becado a la Universidad del Estado de Utah (USU). El reconocido centro docente le otorgó el grado de licenciado en Ciencias de tecnología y mantenimiento de aviación, Magna Cum Laude. Y la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) le había entregado a inicios de este año la certificación de mantenimiento de aviones. Pero, al mismo tiempo, se hizo piloto profesional.
El 18 de julio pasado, cuando iniciaba la tarde, Frank Marino de León Comprés, 21 años apenas, salió a realizar sus prácticas de vuelo en solitario en un monomotor DA-40 Diamond. Estaba en el último año para convertirse en piloto comercial. Había diseñado una cámara de montaña que permitiría monitorear varias partes del avión para la operación y condiciones del medio ambiente durante el vuelo. Su instructor de estructura de mantenimiento y sistema, Jeff Baldwin, dijo que esperaba ver este proyecto siendo muy exitoso: “Las ideas de Frank tenían el potencial de mejorar significativamente la seguridad de la aviación. Este es un ejemplo de cómo Frank se aplicó el mismo para ser uno de los mejores en nuestro programa”.
Su avión se estrelló entre colinas y los restos de Frank fueron localizados horas más tarde, luego de una intensa búsqueda. Las autoridades y los compañeros de estudios quedaron conmocionados por la noticia. Era la primera vez que ocurría un accidente mortal en esa escuela de aviación fundada en 1939. Pero, quien caía entre las montañas de Utah no era un estudiante cualquiera, sino el piloto más profesional entre los ciento ochenta alumnos de esa escuela universitaria norteamericana. Presidente del Consejo Internacional de Estudiantes de la USU, directivo de la Asociación de Estudiantes de República Dominicana en la misma universidad y asistente-residente, empleo que consiguiese por sus cualidades. “Me sorprendió escuchar que un avión de la USU se cayó y el piloto no sobrevivió. Yo estaba en shock y no podía creer cuando me enteré que había sido Frank. Eso me pareció imposible que alguien tan cuidadoso y profesional como Frank pudiera estar envuelto en un accidente de aviación. Fue un día muy triste para mí, un día triste para la USU, y un día que no puedo imaginar cómo fue para su familia cuando les informaron que Frank no había sobrevivido al accidente”, expresó Baldwin en la solemne vigilia (Candelight Vigil) que la USU celebró frente a los restos de Frank tres días después del accidente en Utah. “Todos los que aquí en USU tuvimos contacto con él somos hoy mejores personas por haberlo conocido”, expresó entre lágrimas el profesor Baldwin. “Perdimos un gran líder en esta universidad, no solo para los de su nacionalidad sino para todos los estudiantes extranjeros de quienes él era su principal dirigente”, fueron las palabras del vicepresidente de USU, Luis Armenta. “Era enérgico, sobresaliente”, dijo por su parte Andreas K. Wesemann, director del programa de pilotos profesionales y comerciales.
La FAA, que es el organismo encargado de regular la aviación civil en Estados Unidos, sólo podrá rendir un informe entre seis meses o un año que es el tiempo legalmente establecido para la investigación. Cualquier otro parecer que se haga público es pura especulación, porque ni sus instructores ni la propia universidad de Utah encuentran explicación posible para un piloto capacitado que, además, conocía a la perfección la mecánica de las aeronaves, una condición dual que no todos los pilotos poseen. “Las causas del accidente no están claras. El tiempo era bueno ese día, los vientos eran de apenas seis nudos, los aviones de la universidad están cuidadosamente mantenidos y De León Comprés era un estudiante muy bien preparado que se había ganado su licencia de piloto privado y ahora estaba postulando con calificaciones excelentes para ser piloto comercial”, dijo Wesemann. El vicepresidente de Asuntos Estudiantiles de USU, Dennis Kohler dijo en el funeral en Utah que Frank Marino era “la estrella brillante de toda la comunidad universitaria”.
Los diarios y noticiarios de muchas partes del mundo, desde CNN hasta la BBC, desde The New York Times hasta USA Today, informaron sobre el suceso. En República Dominicana, solo dos diarios y un canal de televisión, muy escuetamente. Frank Marino de León Comprés fue un joven estudioso, decente, dinámico y ejemplar. Su partida no solo enluta a su familia y a la ciudad de Moca, de donde era oriundo, sino que debiera acongojar a todo el país que debe sentir orgullo de que uno de sus hijos alcanzara los más altos lauros en el objetivo de sus sueños. La USU anunció la creación de una fundación que llevará su nombre y que se dedicará a otorgar becas a nuevos estudiantes de aviación en su recinto, de modo que sus huellas queden fijadas para siempre en esa universidad del occidente norteamericano. Tal su prestigio.
El profesor Wesemann fue la última persona que vio a Frank Marino cuando ya estaba en los mandos de la aeronave antes del vuelo. “¿Hacia dónde vas Frank?”, le preguntó su maestro. Su respuesta fue: “I’m going to Paradise” (“Voy hacia el Paraíso”). Sus restos y lo del avión siniestrado aparecieron entre las colinas de un lugar llamado Paradise.
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José Rafael Lantigua
José Rafael Lantigua