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William L. Bass: Perfil de un Azucarero

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William L. Bass: Perfil de un Azucarero
Litografía ingenio cubano siglo XIX.
Del grupo de empresarios extranjeros y locales que se dedicaron a impulsar el desarrollo de la industria azucarera dominicana en el último cuarto del siglo XIX y en los inicios del siglo XX, se destaca de manera singular el norteamericano William L. (Louis) Bass (1865-19??), una figura dotada de un extraordinario dinamismo y una personalidad polifacética. Pionero en la modernización tecnológica de los ingenios, en la introducción de la inmigración puertorriqueña y de los cocolos (inmigrantes de las Antillas Menores) como reemplazo de la fuerza de trabajo dominicana para la realización de la zafra, Bass fomentó el colonato y la expansión del ferrocarril como un medio para ampliar la frontera cañera y hacer más eficiente la operación agroindustrial azucarera.

En adición, ejerció un activo rol de cabildeo ante el Congreso de los Estados Unidos en la promoción de los intereses azucareros establecidos en la República Dominicana, enfrentándose al denominado Sugar Trust integrado por la poderosa industria refinadora norteamericana. Bass participó sistemáticamente en las audiencias de los comités de la Cámara de Representantes y del Senado que manejaban la política arancelaria y abogó por la remoción de cláusulas -como la del 16 Dutch Standard Color- que restringían y penalizaban el acceso de los azúcares de caña al mercado norteamericano, más allá de la protección arancelaria erigida a favor de la industria remolachera y de los productores de azúcar de caña de la Louisiana, concediendo ventaja adicional a los refinadores.

Propuso además -ante la competencia que tenían los azúcares dominicanos en el mercado norteamericano representada por Hawai, Filipinas, Puerto Rico y Cuba, países que gozaban de regímenes preferenciales de acceso- la firma de un Tratado de Reciprocidad de nuevo tipo con los Estados Unidos y otras naciones.

A raíz de las negociaciones del Tratado de Reciprocidad Comercial entre Estados Unidos y Cuba de 1902/3, tomó participación en este debate publicando varios folletos: Reciprocity, Cuban-American (1902), Cuban and Sugar (1902), Reciprocidad cubana-americana (1902), Comments on the Bliss-Palma protocol for a Cuban-American reciprocity treaty (1903), entre otros. Fue un crítico de este tratado en tanto lo consideraba manipulado por el Trust para su beneficio, al dejar intacto el asunto del 16 Dutch Standard.

Su ingenio Consuelo encabezó la fase de transición y reestructuración modernizadora que se verificó a partir de la década del 90, tras la crisis de precios de 1884 que llevó a la quiebra a un grupo considerable de empresarios e ingenios que surgieron en la etapa pionera de la industria azucarera dominicana (1875-1884). Fue el mayor en activos y producción, hasta que el Central Romana marcó el rumbo con su liderazgo en la década del 20 del siglo XX. En este sentido, el caso de William L. Bass ilustra la cota de la transición modernizadora emprendida por empresas individuales tras la etapa concurrencial inicial, hasta arribar al predominio de las grandes corporaciones tipo South Porto Rico Sugar Company y Cuban Dominican Sugar Company (reestructurada en 1932 como West Indies Sugar Co.), las cuales se consolidaron en los años 20 en el marco de otra gran crisis depresiva y de un proceso de concentración de la propiedad azucarera.

Bass fue publicista de sus propias ideas, que ilustraba con mordaces caricaturas alusivas al Sugar Trust de los Estados Unidos, contra el cual desplegó una frenética campaña de cabildeo en el Congreso por más de una década, siendo un crítico de la política expansiva de los Estados Unidos en la región del Caribe en las primeras dos décadas del siglo XX, conocida popularmente como la diplomacia de las cañoneras desplegada por los Marines. Sus denuncias se dirigieron también contra la South Porto Rico Sugar Co., a la cual vinculaba al Trust, empresa que gestionó del Congreso dominicano la aprobación de una cláusula ad-hoc en la Ley de Franquicias Agrícolas de Julio de 1911 que le permitía, exenta del pago de derechos de exportación, trasbordar caña de azúcar en lanchones desde sus cañaverales en fomento ubicados en La Romana, en el Este del país, hacia sus instalaciones fabriles sitas en Guánica (Central Guánica), en el Oeste de Puerto Rico.

Con esta operación la empresa obtenía un beneficio doble, ya que el arancel norteamericano a una tonelada de caña (2000 libras) era de 25 centavos. Bass estimaba un rendimiento de 240 libras de azúcar por tonelada de caña exportada, que a razón de 1.685 centavos por libra debían liquidar $4.04 en las aduanas de Estados Unidos en caso de ingresar como azúcares crudos, por lo cual esta empresa obtenía así una ganancia extra de $3.79. A su juicio, ese era otro golpe a la competitividad de los azúcares dominicanos en el mercado norteamericano, considerado por él como su destino natural por razones de cercanía y nexos comerciales. Y en su condición de ciudadano norteamericano productor de azúcar de caña en los trópicos, conceptuado como "su mercado".

William L. Bass fue avezado experto en tecnología azucarera, patentando en el país algunos de sus inventos, como el "Rectificador de Guarapo", así como modificaciones a los carros de caña. Escribió diversas obras sobre la materia, como el manual técnico Azúcar de Caña (1901, 2da. edición), editado en inglés como Sugar Cane (1900), y el texto Cane juice defecation (1905). Igualmente dirigió la Pioneer Iron Works, heredada de su padre Alexander Bass, empresa dedicada a la fabricacion de equipo industrial para ingenios. En las postrimerías de su vida activa conocida, fue además un inspirado poeta. Publicó asimismo libros sobre otros temas de su interés intelectual: Cosmogony (1928), Study of time (1928) y un opúsculo editado en Port-au-Prince, Zone Franche et port franc de l'ile de la Gonave, Haiti fechado en 1936 con indicación de ser una edición del autor, lo cual nos dice que por lo menos vivió hasta los 71 años.

Bass y el Desarrollo Azucarero

William Louis Bass -quien naciera en Cuba en 1865- era hijo del también empresario y técnico azucarero norteamericano Alexander Bass, quien formó parte del grupo de hacendados que se trasladaron de Cuba hacia Santo Domingo a raíz de la Guerra de los Diez Años y que jugaron un rol de primer orden en el fomento de los ingenios modernos en el país desde mediados de los 70 y en las décadas del 80 y el 90 del siglo XIX.

Estos empresarios aprovecharon las facilidades fiscales brindadas por el Estado en orden al establecimiento de explotaciones agroindustriales en gran escala, así como las condiciones naturales favorables del país para el cultivo de la caña. La relativa estabilidad política lograda bajo los gobiernos azules, de credo liberal e industrialista, identificó las trompetas del progreso que sonaban eufóricas desde el ámbito oficial y las columnas de la prensa positivista, con los intereses de los nuevos cruzados del capitalismo tropical agro-exportador.

Aunque en la etapa inicial de esta industria San Pedro de Macorís ocupó un segundo lugar, contando en 1882 con dos ingenios que aportaban el 14 % de la producción y el 13 % de la tierra cañera, en los años siguientes este distrito vió surgir otras unidades, las mayores en capacidad productiva y extensión de sus campos de caña, así como en modernización de su transporte. Estos rasgos serían clave para garantizar costos de producción más bajos y posibilitar la subsistencia de los ingenios del Este durante la prolongada depresión de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, a diferencia de lo que sucedió con la provincia de Santo Domingo.

En este sentido, ya en la década del 90 San Pedro de Macorís era el principal centro azucarero, operando en su demarcación 7 ingenios de considerable dimensión. La producción de 6 de estos establecimientos representaba en 1892 el 60 % de la producción total del país, con un rendimiento promedio por ingenio de 52,081 quintales de azúcar. Para ese mismo año Santo Domingo sólo aportaba el 25 % de la producción y sus 8 ingenios tenían un rendimiento promedio de 17,252 quintales de azúcar, tres veces menor que los de Macorís.

El peso de la producción azucarera de la región Oriental, industria líder del desarrollo dominicano, sería más sobresaliente a vuelta del nuevo siglo XX.

Bass fomentó el colonato y la expansión

del ferrocarril como un medio

para ampliar la frontera

cañera y hacer más eficiente la operación

agroindustrial azucarera.