Los aliados están en el limbo
No hay cama para tanta gente en la coyuntura...
Los aliados del PLD se reunieron entre ellos, se vieron la cara, y sólo se encontraron más viejos y confundidos. Ya no caminan derechos, y prontos como en el 2004.
La circunstancia era apropiada para hacer filosofía sobre la edad y el poder, pues contrario al retrato de Dorian Gray, envejecen ellos, no el cuadro.
Uno intentó cantar como Milanés: "El tiempo pasa...", pero con una sola mirada se recogió, y dejó la gracia para una ocasión más ligera y de menos preocupación.
La idea era preguntarse unos a otros en qué estaban o como podían protegerse de ese tren japonés que viene a mil kilómetros por hora, y del que todavía no tienen ticket.
Hablaron y hablaron, pero nada concreto. Aunque sí tienen claro todos que después del reparto con Leonel, ahora con Miguel, y suponen que más adelante con Quique, no quedarán ni las huellas.
Y si piensan en el outsider de Amable, lo mejor es no ponerse el uniforme.
En esas estaban, llenos de dudas, cuando uno acometió con una iniciativa rompe grupo: apoyar arriba y resolver abajo. Nadie entiende cómo pudieron abandonar con tanta rapidez el lugar.
De seguro que al ocurrente no lo vuelven a convocar.
Los aliados del PLD se reunieron entre ellos, se vieron la cara, y sólo se encontraron más viejos y confundidos. Ya no caminan derechos, y prontos como en el 2004.
La circunstancia era apropiada para hacer filosofía sobre la edad y el poder, pues contrario al retrato de Dorian Gray, envejecen ellos, no el cuadro.
Uno intentó cantar como Milanés: "El tiempo pasa...", pero con una sola mirada se recogió, y dejó la gracia para una ocasión más ligera y de menos preocupación.
La idea era preguntarse unos a otros en qué estaban o como podían protegerse de ese tren japonés que viene a mil kilómetros por hora, y del que todavía no tienen ticket.
Hablaron y hablaron, pero nada concreto. Aunque sí tienen claro todos que después del reparto con Leonel, ahora con Miguel, y suponen que más adelante con Quique, no quedarán ni las huellas.
Y si piensan en el outsider de Amable, lo mejor es no ponerse el uniforme.
En esas estaban, llenos de dudas, cuando uno acometió con una iniciativa rompe grupo: apoyar arriba y resolver abajo. Nadie entiende cómo pudieron abandonar con tanta rapidez el lugar.
De seguro que al ocurrente no lo vuelven a convocar.
Diario Libre
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