Los di(s)putados de ultramar
Ojalá todo salga bien con este invento
El diputado de ultramar es una invención ajena que el dominicano patentiza como propia sin averiguar a profundidad las razones que dieron origen a la franquicia.
Existe en otros países, se oye bien y se ve bonito. A nadie le importa el costo, ni las dificultades, y mucho menos los riesgos de su aplicación.
En el caso como en muchos otros, todo se resuelve con un refrán: El que quiere moño bonito aguanta halones.
Los halones se están aguantando desde el momento que se le dio luz verde a la Junta, que pudo zafarse del compromiso en las pasadas congresuales.
Constitucionalmente se estableció que sería ahora, conjuntamente con las nacionales.
Igual desde que despertó el interés de las figuras más sobresalientes de cada diáspora, y no solo de los políticos, que se han visto desplazados por particulares.
La primera experiencia siempre es dolorosa, mucho más como consecuencia del derecho de pernada de ciertos dirigentes y partidos. Unos rezan y otros apuestan a que al final las cosas salgan a las buenas de Dios.
Aunque no solo de expectativas viven los votantes.
Diario Libre
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