Los problemas del euro
“Es patentemente obvio que las crisis periódicas de balanza de pagos permanecerán como una parte integral del sistema económico internacional siempre que tasas de cambio fijas, rigidez laboral y el nivel de precios impidan que el sistema internacional de precios cumpla con su rol en el proceso de ajuste. Es, sin embargo, mucho más fácil plantear el problema y criticar las alternativas que ofrecer sugerencias constructivas y posibles para la eliminación de lo que se ha convertido en un sistema internacional desequilibrado.” Robert Mundell, 1961
Casi quince años han pasado desde que el euro sustituyó a las monedas nacionales de los países que conforman la unión monetaria europea. Todavía hoy, sin embargo, el debate sobre la pertinencia de una moneda única en Europa continúa vigente; sobre todo, por los efectos devastadores que la crisis financiera ha tenido en la mayor parte de los Estados miembros de esa unión monetaria y que han sido asociados –en cierta medida- a la moneda única. A Robert Mundell se le atribuye haber sido el arquitecto del euro, a pesar de que su modelo –junto a Fleming- estableció las condiciones para la existencia de una zona monetaria óptima que en la práctica no parecen ser cumplidas en el caso de Europa.
Dentro de las condiciones establecidas por Mundell se encuentran la apertura comercial acompañada de la movilidad del capital y la flexibilidad de precios y salarios. Esto significa que los mecanismos de ajustes deben funcionar adecuadamente. Hemos visto que los mercados laborales de Europa han sido objeto –a través del tiempo- de fuertes restricciones regulatorias que en el contexto de la crisis financiera han limitado la capacidad de sus economías para recuperarse. Algunos países –como España- se vieron en la obligación de implementar reformas laborales tendentes a la flexibilización del mercado laboral con el interés de mejorar las perspectivas de la recuperación económica. Ante la ausencia del mecanismo cambiario, fruto de la implementación de la moneda única, era vital contar con mercados laborales flexibles para amortiguar los choques externos.
Adicionalmente, ante la pérdida de autonomía de la política monetaria bajo un esquema de moneda única era fundamental que los ciclos económicos entre los países miembros fueran simétricos. Esto se deriva del hecho de que la política monetaria es la misma para todos los países miembros de la zona monetaria. Y es aquí en donde se complican las cosas. Países como Grecia y España fueron afectados asimétricamente por la crisis en comparación con Alemania. Pudiéramos afirmar que estaban o están en diferentes momentos del ciclo económico; sin embargo, ni España ni Grecia estaban en capacidad de implementar una política monetaria independiente. Definitivamente, la condición de simetría en los ciclos económicos -planteada por Mundell- no se cumplía en el caso europeo.
Y si era obvio que la zona del euro no cumplía con los requisitos formulados por Mundell, cómo era posible que el principal promotor de dicha moneda fuera el propio Mundell. La respuesta pudiera estar en la hipótesis de que el establecimiento del euro no fue el resultado de una evaluación económica, sino política. Después de la segunda guerra mundial era evidente la superioridad económica, militar y política de Estados Unidos. Ante esa realidad, Europa decide promover una integración económica y política que les permitiera contrapesar la gran influencia norteamericana, en el marco de una guerra fría que enfrentaba a las dos naciones más poderosas: la Unión Soviética y los Estados Unidos. En este sentido, el euro es la respuesta a la gran influencia del dólar.
Mundell –quien ganó el premio Nobel de Economía en 1999, debido a sus aportes en el tema- estaba consciente de que la zona del euro no pasaba la prueba que él mismo había planteado, lo cual quedó evidenciado en unas declaraciones recientes, en las que decía que la implementación del euro puso a la política monetaria fuera del alcance de los políticos, evitando que un pequeño grupo de peligrosos políticos usen políticas keynesianas para sacar una nación de la recesión; por lo que la única manera de preservar los empleos era a través de una competitiva reducción de las regulaciones de los negocios. Pero, claramente que Mundell vio en esas ventajas una ganancia superior a los costos de tener una zona monetaria que no se ajustaba a las reglas que había diseñado.
Quizás fue profético. En estos momentos, en los que Grecia es una moneda al aire, no se puede anticipar con certeza qué podrá pasar con el plan de rescate que vence a fin de mes. Dada la orientación política del gobierno griego, hubiera sido un grave riesgo que hubiese tenido la opción de imprimir su propia moneda para financiar sus finanzas públicas, con la inevitable secuela de un proceso hiperinflacionario. Pero tampoco es seguro que Grecia pueda permanecer dentro de la zona del euro. Rescatar su propia soberanía monetaria pudiera ser el inicio del infierno. En fin, para algunos países la adopción del euro ha sido como una trampa: “ni contigo ni sin ti.”
Pedro Silverio Alvarez
Pedro Silverio Alvarez