Los reyes magos por adelantado

Entramos al recinto del viejo albergue infantil, levantado sobre los cimientos de lo que fue un referente en Moca, el edificio de madera de la Escuela Agrícola Salesiana.
Allí, siendo un niño, en su pradera generosa jugué béisbol, softball, voleibol, hice travesuras, volé chichiguas, incubé sueños infantiles.
Ahora todo está transformado. La bella campiña que rodeaba la escuela ha sido sustituida por la aspereza del asfalto y del cemento. El titilar de las estrellas acompañado del fulgor de la luna llena que dominaba la noche, ha sido cambiado por la contemplación de bombillas empobrecidas y un techo celeste oscurecido.
Pero ahí estábamos llenos de ilusiones representando con orgullo a los mocanos residentes en Santo Domingo. Penetramos al limpio y ordenado recinto del albergue, que ofrece desde hace casi 50 años educación en jornada extendida, alimentación y entretenimiento sano a casi 300 niños de escasos recursos.
Y una vez allí fuimos recibidos por miembros de su patronato, Félix María, Silverio López, Marta Lulo, por la directora Margarita Fermín, y la profesora de cómputos Victoria Quezada.
Procedimos a desempacar las cajas y a entregarles 10 computadoras con pantalla plana de 17 pulgadas, dotadas de sus correspondientes software y protectores de voltaje, que son el producto de la colaboración de tantos mocanos. amigos e instituciones que apoyan con sus contribuciones a la asociación en las diferentes actividades que realiza. Y en adición fueron entregados RD$15,000 en bonos para compra de alimentos.
El Albergue cuenta con 3 computadoras para 300 niños. Ahora tendrá 13 para atender clases de casi 30 alumnos. Es decir, todavía insuficiente pero sin duda un cambio cualitativo relevante.
Por eso, la felicidad que se dibujó con inusual fuerza en el rostro de la profesora de cómputos, de la directora y de los miembros del patronato al recibir estos instrumentos para afianzar la educación de esos niños y ofrecerles un mejor futuro, nos hizo sentir emocionados y afortunados, y llegar a la conclusión de que acabábamos de obtener el mejor regalo de reyes y por adelantado: aquel que se consigue al servir a los demás, cubriendo alguna necesidad básica, y ver brotar una sonrisa agradecida que sale desde lo más puro y profundo del alma.
De ahí fuimos hacia el Hogar de Ancianos, desde el ímpetu y pureza que caracteriza a la niñez hasta el vacío que se aproxima a la sima de la vida luego de que hubiere transcurrido y casi agotado todos sus vericuetos.
Al llegar, un perico ripiao nos dio la bienvenida, interpretando canciones navideñas. Saludamos a Sor Isabel, la directora, y a algunos miembros del patronato, entre ellos su presidente Pablo Grullón y la señora Serrata.
¡Qué contraste, pero también cuanta satisfacción! Vimos como algunos de los ancianos, dos o tres de 45 en total, bailaban la música del perico ripiao, aferrados a la cintura de algunas jóvenes que estaban de visita, retornando tal vez en sus mentes a épocas de esplendor en que el mundo parecía ser pequeño ante el arrojo y la ambición de la edad de la plenitud.
Entramos en el salón grande donde estos ancianos desvalidos pasan buena parte de su tiempo. Observamos la limpieza de las áreas, el orden imperante, la serenidad de aquellos rostros que ya no esperan nada más que el transcurrir fatigoso de los días, protegidos de la aspereza del entorno externo, atendidos en sus requerimientos básicos, sobre todo de salud, y mimados por el personal del Hogar.
Ante tantas necesidades y la crudeza de la vida nos sentíamos muy tímidos ante la precariedad del aporte que llevábamos en representación de la asociación. Entregamos un cheque por RD$50,000.00 y bonos para la compra de alimentos por RD$15,000.00.
Pero esto, tan precario como es, pues la asociación no tiene fuentes propias de sustentación, sino que depende de lo que recauda en algunas de sus actividades, resultó ser un regalo que cayó como maná del cielo, pues donde hay tan poco, lo poco que llega agiganta su tamaño como si se tratara de la multiplicación de los panes y de los peces.
Ese fue el otro regalo de reyes que recibimos por adelantado. Contemplar el agradecimiento profundo de los desvalidos, de los que nada tienen luego de que lo dieron todo cuando en sus respectivas ocupaciones transitaban con orgullo por la vida.
Eso si, hubo una petición que nos comprometimos a transmitir: que las autoridades aumenten su magro aporte o subsidio de RD$50,000 mensuales, y que además cubran sus necesidades médicas individuales a través de SENASA.
Si las autoridades lo hicieren, aun fuere en alguna medida, la asociación de mocanos y sus integrantes habrían logrado el regalo más espléndido y estimulante que jamás hubieren recibido.
Paz y ventura para todos.
Eduardo García Michel
Eduardo García Michel