¿Lucha racial en la "puerta al oeste”?
Al margen de los detalles del incidente en donde el policía blanco Darren Wilson apretó el gatillo contra el joven negro Michael Brown en el suburbio de Ferguson, hay que advertir que en Missouri y todo Estados Unidos, desde los tiempos coloniales, subyace un encono racial. Este se ha expresado con guerras, violencia callejera y muertes. Se añade a esto la explotación cruel que se puso en marcha, primero contra los indios autóctonos, posteriormente contra los africanos traídos para someterlos a la esclavitud y, finalmente, en perjuicio de los afroamericanos que llegaron de los Estados cercanos a “Puerta al Oeste” (Missouri), especialmente procedentes de aquellas ciudades que conformaron La Luisiana o de las Trece Colonias.
Los asentamientos coloniales primigenios se desarrollaron económicamente en base al aprovechamiento de grandes cantidades de tierras, sembradas de algodón, madera, tabaco, pieles, azúcar, textiles y de la minería, en cuyas explotaciones se empleaba mano de obra indígena, que como sucedió en el resto de América, fueron sometidas a jornadas y métodos de trabajo inhumanos, hasta conseguir su exterminio en la mayoría de los casos.
Las naciones europeas escenificaron numerosos conflictos bélicos en América, también en Europa, pero hay uno de significación especial: Gran Bretaña y Francia se enfrentaron en la guerra de los “Siete Años”, en 1756, motivada por el control de Silesia (hoy territorio polaco), y por el interés de Francia en frenar a Gran Bretaña en su plan de expansión en América del Norte. Es decir, esta guerra tuvo dos teatros de operaciones: Europa y América del Norte. Otros actores participaron en Europa en ambos bandos.
Para la culminación de ese conflicto bélico, se firmó el Tratado de París (1763) que dio derecho a los germanos sobre Canadá y casi toda Norteamérica en la parte media y septentrional, a todo lo largo del río Mississippi, que con el Missouri, constituían el enclave del desarrollo económico y comercial desde el siglo XVI, por ser importantes vías de navegación en canoas y a vapor.
Antes de que dos ciudadanos franceses fundaran lo que es hoy la única ciudad independiente del Estado de Missouri (San Luis, en 1763), Gran Bretaña había establecido en el siglo XVII los primeros asentamientos de colonos británicos, a los que se agregaron con el tiempo escoceses, alemanes, franceses, irlandeses y suecos.
Los asentamientos de esos siglos en Norteamérica no se produjeron en condiciones pacíficas, sino a sangre y fuego, como ocurrió en el resto de América cuando, desde Cristóbal Colón, en 1492, estas tierras se convirtieron en la codicia de los colonizadores europeos. El género western del cine norteamericano tomó los enfrentamientos entre indios americanos y vaqueros para llevarlos a la pantalla grande en los años 50. Estas películas, en las cuales los indígenas son “los malos y sanguinarios”, retratan la lucha étnica entre pobladores autóctonos sometidos al rigor del trabajo forzado por parte de los nuevos dueños de los territorios.
Se recuerda que poco antes de que aparecieran Inglaterra y Francia en el escenario de guerra en disputa por los territorios de Norteamérica, ya España, antes que ellos, había instaurado el Virreinato de Nueva España bien entrado el medio siglo XV. Los españoles fueron desplazados luego por hugonotes franceses, que fueron protestantes seguidores de Juan Calvino, perseguidos en Inglaterra y que huyeron a distintos lugares del planeta, entre ellos Norteamérica.
Cuando Inglaterra conquistó las Trece Colonias, se conformó un conglomerado racial diverso, elemento que unido a las distintas denominaciones religiosas que se asentaron, la segregación racial y la explotación a que eran sometidos los habitantes de esas llanuras y montañas, devino en la Guerra Civil. La lucha entre clases sociales y de tipo racial se ha manifestado en todo estos tiempos. A Missouri, el Estado donde fue asesinado Brown, se le estampó el estigma como el Estado de la “esclavitud”.
En 1846 Dred Scottt, un antiguo esclavo, interpuso una demanda para que Missouri le reconociera su libertad, que había tenido en Mississipi e Illinois, pedido que le fue otorgado por un tribunal en primera instancia. Pero la Suprema Corte de Missouri, contravino la decisión al establecer que Dred Scott volviera a ser esclavo, un hecho conocido en la jurisprudencia americana como “El Caso Dred Scott versus Sandford”. La Corte Suprema de Estados Unidos, en 1856, ratificó la de su par de Missouri y privó a todo habitante de ascendencia africana, fueran esclavos o no, del derecho a la ciudadanía y se le quitó al Congreso autoridad de prohibir la esclavitud en territorios federales del país, una nefasta sentencia tomada durante la presidencia del juez Roger B. Taney, dueño de esclavos también, quien llegó a esa posición aupado por el presiente de Estados Unidos, Andrew Jackson. Uno de los efectos de la sentencia fue que al declarar la constitucionalidad de la esclavitud y la condición de “no-persona” de los negros, los dueños de esclavos podían llevarlos a donde quisieran sin que estuvieran sujetos a las leyes estatales que prohibían la institución de la esclavitud.
Missouri ha tenido autoridades con pensamiento extraño, como aquellas que gobernaban cuando se declaró la independencia: una parte se adhirieron a la Unión mientras otras se sumaron a los estados de la Confederación.
El gran flujo comercial, pues, a lo largo del río Mississippi se llevó a cabo en base al sudor y la sangre de los indios, los esclavos y los afroamericanos. Cuando Inglaterra se afianzó en esos territorios, una proclama Real reguló el comercio y las relaciones con los pobladores indios, al tiempo que prohibió los asentamientos al norte de los Montes Apalaches.
Establecieron regulaciones tributarias a través de “estampillas fiscales”, y de esa manera se agitó al máximo lo que Carl Marx llamó lucha de clases. Enfrentamientos entre los colonizadores con los nativos, con la mano de obra africana y a final con los afroamericanos. Las “estampillas” fueron abolidas por Inglaterra debido a las protestas y la negación de los comerciantes y colonos a pagarlas. Toda esta colocación de impuestos, incluso al té, degeneró en el “Motín del Té” en Massachusetts.
Cuando se le preguntó su parecer al cineasta norteamericano Oliver Stone, que estuvo de visita en el país, acerca del acontecimiento que ha generado protestas en muchos Estados de Norteamérica, lo ha descrito con estas palabras: “Ferguson es un buen ejemplo… porque fluye a las calles… Pero esencialmente las políticas siguen siendo las mismas. La policía ha sido militarizada en nuestro país por años y está empeorando. Estas cosas pasan, se liberan y luego vuelve la represión. Si eres un chico negro y sales a la calle, debes tener cuidado”. “El debate racial ha estado destruyendo a Estados Unidos por mucho tiempo. Eso no pueden taparlo. Pueden controlar lo que te enseñan en la escuela, lo que sale en los medios masivos. Hay un sistema establecido y el señor Obama es muy débil para cambiarlo”.
Posiblemente la muerte del joven Michael Brown en Ferguson no pase de protestas callejeras, pero ese y otros casos ocurridos en Estados Unidos son violaciones a los derechos civiles. Otro punto hay que analizar sin que justifiquemos el asesinato de un ser humano. En un vídeo difundido ampliamente se observa a un joven negro de casi siete pies que se abalanzó contra el policía blanco, circunstancia en la que éste sacó su arma y le disparó. Si hubo prejuicio racial para apretar el gatillo, será un debate eterno en la patria de Martin Luther King.
Rafael Núñez
Rafael Núñez