Mandela, ícono de la libertad
Desde antes de ser encarcelado por su lucha política y contra el apartheid en Sudáfrica, Nelson Mandela era siendo un ejemplo vivo de cómo un hombre acusado por un régimen segregacionista, se convierte en acusador y en símbolo universal de la libertad.
Su trayectoria de lucha, iniciada desde muy temprana edad, ha representado por décadas un testimonio del hombre que, desde la prisión en Robben Island, constituyó un ejemplo para los jóvenes de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta.
¿Quién que se haya formado en esos tiempos, no leyó textos sobre las vicisitudes impuestas por el régimen de minoría blanca contra ese gran ser humano, extraordinario político y luchador por la libertad de los negros y, al propio tiempo, propiciador del perdón a sus carceleros?
A propósito de su precario estado de salud, extraigo un párrafo del prólogo que hizo el actual presiente de Estados Unidos, Barack Obama, al libro "Conversaciones conmigo mismo, Nelson Mandela", a continuación: "Antes de ser elegido presidente de Estados Unidos, tuve el enorme privilegio de conocer a Mandela, y desde que ocupé el cargo, he hablado con él en algunas ocasiones por teléfono. Las conversaciones suelen ser breves, pues él está en el ocaso de su vida, y yo tengo un programa muy ocupado que viene con mi cargo. Pero siempre, en esas conversaciones, hay momentos en los que destaca la amabilidad, la generosidad y la sabiduría del hombre. Esos son los momentos en los que recuerdo que, bajo la historia creada a su alrededor, hay un ser humano que eligió la esperanza sobre el miedo, el progreso sobre las prisiones del pasado. Y recuerdo que, aunque se haya convertido en una leyenda, conocer al hombre, conocer a Nelson Mandela, supone respetarlo aún más".
Para tener una noción de la dimensión del pensamiento humanista de Mandela, como refiere el presidente Obama, de ese mismo libro copio también, textualmente, una carta que el líder sudafricano enviara a Fátima Meer, en fecha 1 de marzo de 1971, desde la cárcel donde estuvo prisionero 27 años. Esta mujer, activista antiaparteheid, murió en el año 2010 y se destacó por su lucha por los derechos de la mujer. En la carta que Mandela le envía, nos podemos formar una idea de la visión de este gran sudafricano. La carta dice así:
"Me mantendré firme en nuestra promesa: nunca, jamás, en ninguna circunstancia, diremos nada malo del otro (…) El problema es, por supuesto, que la mayoría de los hombres que tienen éxito son propensos a adolecer de una cierta vanidad. Llega un momento en su vida en el que consideran aceptable ser egotista y hacer alarde ante el público en general de sus excepcionales logros. ¡Qué encantador eufemismo para referirse al elogio de uno mismo ha desarrollado la lengua inglesa! Han optado por llamarlo 'autobiografía', en la que se explotan con frecuencia los defectos de los demás para ensalzar las loables hazañas del autor. Dudo que llegue el día en el que me siente a hacer un esbozo de mi pasado. Carezco tanto de logros de los que alardear como de las habilidades para hacerlo. Aunque subsistiera a base de licor de caña todos los días de mi vida, aún así no tendría el coraje para intentarlo. A veces creo que conmigo la Creación quería dar al mundo el ejemplo de un hombre mediocre en el sentido estricto de la palabra. No hay nada que pueda tentarme a hacer publicidad de mí mismo. Si estuviera en condiciones de escribir una autobiografía, su publicación se habría retrasado hasta que se hubieran sepultado nuestros huesos, y quizá se me habrían escapado insinuaciones incompatibles con mi persona. Los muertos no tienen preocupaciones, y si saliera a la luz la verdad y nada más que la verdad sobre ellos, (y) se echara a perder la imagen que yo he ayudado a mantener con mi perpetuo silencio, eso sería asunto de la posteridad, no nuestro (…) Soy de los que tienen pedacitos de información superficial sobre varios temas, pero que carecen de una comprensión profunda y del conocimiento de un experto en aquello en lo que debería haberme especializado, es decir, la historia de mi país y de mi pueblo".
Lo cierto es que sobre Nelson Mandela se publicó este libro que recoge ésta y otras misivas y documentos, el más reciente del que tengamos conocimiento, cartas enviadas desde la cárcel a sus compañeros de lucha y relacionados. Una autobiografía como tal, Mandela no la ha publicado, a pesar de ser una inmensa figura mundial de experiencias irrepetibles, con lo cual muestra su profunda humildad, y honra su palabra de no hacerlo en vida. Sobre él hay muchos textos impresos.
Mandela nació en el siglo XX. Es contemporáneo de una pléyade de carismáticos líderes que forman parte de la historia política, religiosa, científica, cultural, deportiva y misionera de la humanidad, cuyas obras han trascendido después de su muerte. Nelson Mandela, hoy en delicado estado de salud en Pretoria, capital de Sudáfrica, es una de las últimas figuras vivas que integran el exclusivo grupo de grandes hombres y mujeres que dejan un legado imperecedero a la humanidad, que trasciende después de su muerte. Él es de los últimos líderes vivos de una estirpe en extinción.
Él nació en el siglo de Albert Einstein y Sigmund Freud en las investigaciones científicas, la Madre Teresa de Calcuta en labores misioneras, Mahatma Gandhi, político y pacifista, Juan Pablo II, uno de los papas más carismáticos de la historia vaticana; en el ámbito de la política podemos citar a Ernesto- Che- Guevara, Fidel Castro, Mao Tse Tung, Yasser Arafat, Vladimir Lenin, Marthin Luther King y Winston Churchill; en la música, Bob Marley, John Lennon, Elthon John y Paul McCartney; en los deportes, el rey Pelé, Mohamed Alí, Carl Lewis, Babe Ruth, Diego Armando Maradona y Michael Jordan; Joseph Pulitzer, en el periodismo; en la literatura Pablo Neruda, Albert Camus, Ernest Hemingway, Franz Kafka o Gabriel García Márquez; en la plástica, Pablo Picasso y Salvador Dalí, así como otras grandes personalidades que descollaron en el siglo pasado con igual o superior fuerza que los ya nombrados, quienes representan paradigmas.
Ellos son iconos que perduraran para siempre en la memoria histórica de cada ciudadano del mundo.
Estoy consciente que la tarea de recordar los nombres de grandes figuras de la humanidad, en diferentes ámbitos, se corre el riesgo de ser incompleta, como la anterior.
Mandela, siendo, como se sabe, de una remota aldea muy pobre de Sudáfrica, su vida se impuso como aquella luz que irradia el sol, con la fuerza de la verdad, guiada por una actitud persistente en sus ideas que solo un puñado de personas valientes en la historia del planeta puede exhibir. Presidente de su país, Premio Nobel de la Paz y respetado hasta por sus propios carceleros. Ese es Nelson Mandela.
Rafael Núñez
Rafael Núñez