Compartir
Secciones
Podcasts
Última Hora
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
versión impresa
Redes Sociales

¿La inflación de Putin?

Ahora, y cada vez que ocurre un asesinato masivo como en la escuela de Uvalde, los políticos republicanos venden la idea de que el problema no son las armas, sino la abundancia de desquiciados mentales, como si fuera EE.UU. el único país en que existiera la enfermedad mental.

Expandir imagen
¿La inflación de Putin?

Sorprende la normalidad con que los políticos estadounidenses usan calificativos con los cuales niegan su responsabilidad o, al menos, su implicación en los problemas del país. Hace un par de años, cuando miles de personas morían literalmente en la calle por el coronavirus, el entonces presidente Trump se refería a él como “el virus chino”, por el hecho de que fue en China donde originalmente se descubrió; y para propagar su idea, muy conveniente, de que había sido fabricado conscientemente.

Ahora, y cada vez que ocurre un asesinato masivo como en la escuela de Uvalde, los políticos republicanos venden la idea de que el problema no son las armas, sino la abundancia de desquiciados mentales, como si fuera Estados Unidos el único país en que existiera la enfermedad mental. Es más, es habitual que planteen, en un país en que a cualquier mozalbete le resulta más fácil comprar un fusil que una cerveza, que la solución es que los maestros también lleven fusiles.

Y no es solo un mal de los republicanos. Ante el gran problema político que representa el proceso inflacionario, el presidente Biden suele referirse a eso como “la inflación de Putin”, queriendo transmitir la idea de que la culpa es del neofascista ruso por invadir Ucrania. 

Pero la inflación ya estaba mucho antes de dicha invasión y, además, era universal. A inicios del año pasado era muy común entre economistas nacionales y extranjeros, incluyendo los muy reputados del FMI y el Banco Mundial, afirmar que esta inflación era momentánea. El Gobierno dominicano, abrumado por tantos problemas que le llegaron en cadena, alentaba a la población prometiéndole soluciones rápidas, algunas mágicas. 

Me precio de ser uno de los raros economistas del país que dijeron en aquel tiempo que la inflación iba para largo, y que la solución no estaba al alcance del Gobierno. En febrero del 2021, cuando ni se hablaba de invasión a Ucrania, publiqué un artículo titulado De inflación y de pandemia, en el cual afirmaba: “La inflación recién se inició; en la República Dominicana, la inflación fue negativa por cuatro meses consecutivos, de febrero a mayo del 2020. Pero a partir de junio los precios volvieron a subir, con más vigor cada vez, hasta superar el 7% anualizado en febrero (del 2021), esperándose más todavía, pues el impacto de los citados factores todavía no se ha agotado”.

La razón es que había venido dándoles seguimiento a las políticas fiscales y monetarias aplicadas en el mundo en razón de la pandemia, y leyendo algunos reportes. Entre ellos, un artículo del profesor estadounidense James D. Gwartney, de la Universidad de la Florida, titulado Yes, this time we’ll have inflation, and here’s why, (Sí, ahora tendremos inflación, y aquí están las razones) en el que exponía lo que había hecho la Reserva Federal históricamente y lo que hacía en ese momento.

Veamos, en los EE.UU. la base monetaria de la FED era US$1.6 trillones (millones de millones) en diciembre del 2019 y subió a 3.14 trillones en el 2020. Ya un año después, se elevó a 4.39 trillones. Es decir, aumentó en 92% en un año y 169% en dos. Nunca antes, después de la Segunda Guerra Mundial, se había visto un incremento (emisión inorgánica) tan espectacular. 

El motivo era la necesidad de poner dinero en manos del Tesoro para que el gobierno pudiera ejecutar su ambicioso plan de asistencia social y de reactivación económica, y en manos de los intermediarios financieros a interés cero para que prestaran a cualquiera. 

En mayor o menor medida, esa misma política fue aplicada por los bancos centrales de todo el mundo. Otra discusión es si eso era correcto o no. Yo la defendí, entendiendo que la alternativa era dejar morir a la gente de Covid o condenarla a la más espantosa miseria. Entre dos males, los gobiernos escogieron el menor, pero conscientes de que consecuencias habría después. No es justo esquivar o atribuir a otros la culpa de la inflación actual.

No es que Putin ayudara a resolver el problema, sino todo lo contrario, tomando en cuenta la importancia de Rusia y Ucrania en la producción de alimentos y combustibles. Pero ya en el 2021 casi todos los países registraron inflación no vista por varias décadas. Anteriormente, además de tanto dinero en la calle, habían surgido ingredientes no previstos, como los grandes costos del transporte por los congestionamientos de puertos y la escasez de semiconductores. 

Terminaba mi artículo diciendo: “En definitiva, la inflación reciente y la que nos espera es algo con lo cual tendremos que aprender a convivir. Y el Gobierno concentrar su esfuerzo y recursos en lo que está bajo su alcance”.


TEMAS -