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Erratas y “erratones” en la prensa dominicana

A cada uno de estos desaciertos ya me he referido en artículos anteriores

Si leemos con detenimiento los diferentes diarios que circulan en nuestro país, fácilmente descubriremos los gazapos o errores gramaticales que en esos medios se publican. Discordancias, faltas ortográficas, errores  conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades. A cada uno de estos desaciertos ya me he referido en artículos anteriores. Esta vez trataré acerca de otro de los aspectos que también tienen que ver con el uso irregular de la lengua en los medios de comunicación social de República Dominicana: las erratas.

¿Qué es una errata?

Una errata es, sencillamente, un error de imprenta. O, como la define el diccionario académico, es una «equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito…».  Estos yerros de impresión casi siempre se originan a partir de la omisión, adición o cambio de letras o palabras.

Las erratas violentan por completo el sentido de lo expresado, alteran la configuración morfológica y contenido semántico de las palabras y lanzan al vacío de un solo porrazo todo el armazón conceptual concebido originalmente por el escritor. Se trata de deslices lacerantes, mortificantes, inoportunos y siempre despreciables. Nada hiere más el alma del que escribe como la imprudente intervención de una errata traicionera.

Quien no haya tenido la experiencia de publicar un libro o escribir para uno de nuestros medios de comunicación, ni siquiera se imagina el malestar o puyazo espiritual que se siente cuando el impresor cambia u omite letras o palabras concebidas y aportadas por el autor del texto. Fue lo que sucedió en uno de mis artículos publicados, hace ya más de veinte años, en un diario matutino de circulación nacional. Yo escribí “vaga penumbra”, mas en el referido periódico sale  publicado “vaca penumera”; pero no no solo eso : el periódico me publica  “suena” por “sueña”; “ aparato” por “apartado”; “prolongada” por “ prologada”; “ bastante vapulendo” por “ bastante vapuleado”; “ inverción” por “intervención”; “sibiste” por “ pudiste”; “ desertar” por despertar”; “ deshonrrosa” por “deshonrosa” y “enseñamiento” por “ensañamiento”

Una errata puede transformar un tierno adjetivo, como sucedió en una ocasión con el cardenal López Rodríguez, en el más obsceno de los términos. Pablo Neruda, el genial bardo chileno, autor de los famosos Veinte poemas de amor y una canción desesperada", definió así los susodichos errores:

« Las erratas son caries de los renglones, y duelen en profundidad cuando los versos toman el aire frío de la publicación…»

Y los clasificó en erratas y erratones”.

Los primeros, las erratas, explica el Premio Nóbel de Literatura, «se agazapan en el boscaje de consonantes y vocales, se visten de verde o de gris, son difíciles de descubrir como insectos o reptiles armados de lancetas encubiertos bajo el césped de la litografía. Los erratones, por el contrario, no disimulan sus dientes de roedores furiosos»

En relación con las erratas bien podría compilarse un abundante y no menos curioso anecdotario.  El mismo Neruda relata un caso vinculado a uno de sus libros publicados. «En mi nombrado libro – confiesa – me atacó un erratón bastante sanguinario. Donde digo “el agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “el agua verde del idiota”… Sentí el mordisco en al alma»

Y cuenta también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano: « Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”…»


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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura