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¿Es el tres (3) el número sagrado o mágico de los dominicanos?

Además de un baile típico: el merengue; unos platos típicos: el mangú y el sancocho, ¿tenemos los dominicanos un número típico: el tres?

" El dominicano, desde su niñez, comienza a familiarizarse, entre otras originales costumbres, con la tradicional doctrina del número tres. Así, en el hogar aprende la existencia de los "tres Reyes Magos": Gaspar, Melchor y Baltasar; en la iglesia, "las tres divinas personas": Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la escuela, "los tres Padres de la Patria": Duarte; Sánchez y Mella. Luego seguirá conociendo: las tres regiones naturales que componen el país: Cibao, Sur y Este; las tres grandes cordilleras: Septentrional, Central y Meridional; los tres grandes dominios fluviales: Yaque del Norte, Yuna y Yaque del Sur; y muchísimos otros"DR. JULIO GENARO CAMPILLO PEREZ

 

 

 

¿Es el tres el número mágico, sagrado o típico de los dominicanos? Además de un baile típico: el merengue; unos platos típicos: el mangú y el sancocho, ¿tenemos los dominicanos un número típico: el tres?

Lo cierto es que en la escala numérica no existe otro cardinal que como el tres esté tan conectado al desarrollo histórico – social del pueblo dominicano, ni tan arraigado en el subconsciente de los nacidos en esta tierra. Su frecuente empleo en la lengua coloquial así parece confirmarlo.

La recurrente presencia de este número en nuestras cotidianas prácticas comunicativas, vale aclararlo, no siempre obedece a un acto de racional carácter selectivo. En diversas ocasiones, como veremos más adelante, se nos presenta por pura coincidencia. Su protagonismo comienza a ponerse de manifiesto no solo en la parte este u oriental de isla de Santo Domingo, sino en todo el ámbito continental, en el mismo instante en que Cristóbal Colón descubre el Nuevo Mundo, el 12 de octubre de 1492.  Los hombres que lo acompañaban arribaron en tres carabelas: La Santa María, La Pinta y La Niña.

En lo que atañe a la directa vinculación del número tres con la cultura dominicana, son diversos los hechos que así lo evidencian:

 a) El fundador de la República, Juan Pablo Duarte, utilizó el cardinal que nos ocupa como la base numérica que sirvió de soporte en el proceso de conformación de la sociedad secreta La Trinitaria. Este organismo estuvo constituido originalmente por nueve miembros, los que divididos en grupos de tres, cada uno tenía la misión de reclutar a tres personas más. Por estar estructurada a partir del número tres fue que se le llamó Trinitaria a esta histórica organización política.

b) Con la proclamación de la Independencia Nacional surge el Estado Dominicano y con él, los símbolos que lo representan y los poderes que lo conforman. Los símbolos patrios son tres: la bandera, el himno y el escudo. Y tres son también los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

 c) Los colores de nuestra bandera son tres: rojo, azul y blanco; y tres son las palabras que conforman el lema de la Patria: Dios, Patria y Libertad. Y, lo que es más curioso, República Dominicana es el único país del mundo que cuenta con tres padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.

d) En lo que a las luchas anitrujillistas respecta, tres fueron los dominicanos que en el exilio encabezaron la llamada Invasión de Luperón, en 1948: los generales Juancito Rodríguez, Miguel Ángel Ramírez y Horacio Julio Ornes Coiscou.

e) Tres fueron los únicos sobrevivientes de la gesta heroica del 14 de junio de 1959: Mayobanex Vargas, Medardo Germán y Poncio Pou Saleta. Y tres fueron las heroínas que nos legó esa patriótica y sangrienta lucha: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.

f)  En 1973 el coronel Francisco Alberto Caamaño sale de Cuba, rumbo a la República Dominicana, por la Bahía de Ocoa, al frente de un grupo de guerrilleros que venía con la intención de iniciar acciones bélicas en contra del gobierno encabezado por el doctor Joaquín Balaguer. De esos rebeldes sólo tres lograron sobrevivir: Hamlet Herman, Claudio Caamaño Gullón y Toribio Peña Jácquez.

g)  Pero no sólo eso: “A las tres es la vencida…”, reza nuestra muy conocida frase popular.

 h) Tres y no cuatro fueron los que echaron a Pedro en el pozo. Tres son los instrumentos típicos originales empleados para ejecutar nuestro baile nacional o merengue de “tierra adentro”: la tambora, la güira y el acordeón.

i) Tres son los componentes de nuestro plato criollo por excelencia, mejor conocido con el nombre de “Bandera Nacional”: el arroz, la habichuela y carne. Hasta tres se cuenta para anunciar el inicio de una competencia. De ahí el muy famoso: “A la una, a las dos y a las tres…”, y hasta tres cuentan nuestros directores de orquestas para iniciar la interpretación de una pieza musical.

j) Tres eran las canciones que en otrora época de desaparecido romanticismo solían interpretarse en las nocturnas serenatas que se le dedicaban al ser querido. Tres son los ensalmos que las mentes mágicas y cabalosas aplican o reciben para curar determinadas enfermedades, y siempre será “tres gatos” la expresión, de pura “cepa criolla”, empleada por los domínicoparlantes para indicar la escasez de personas en un lugar determinado.

 “En las prácticas curativas y cábalas añejas – apunta nuestro poeta y mejor costumbrista Ramón Emilio Jiménez – el tres suele ser explotado por la ingenua credulidad de nuestro vulgo… Una ponzoña descarga su ira en un semblante y precisa evitar la hinchazón de la parte adolorida. El paciente se apodera entonces de una rama. Toma de ella una hoja; con otra hace lo mismo y lo repite con una tercera hasta reunir tres hojas de diversa clase. Han de ser tres necesariamente, que se llevan a la boca mascándolas al punto y aplicándolas a la parte afectada, en la cual la mancha roja de la picadura muestra en el centro, el relieve amarillo, la cruel ponzoña…" (Al amor del bohío, 2001, págs. 349-350)

Y en cuantos a la práctica llevada a cabo para curar los llamados ‘ojos de pecao”, el autor de los himnos escolares dominicanos apunta que “la gente del campo suele echar al fuego tres granitos de sal, escapándose a toda prisa para no ir la explosión…” (p. 350)

No conocí a mi padre. Falleció tres meses antes de yo nacer. En la comunidad mocana donde nací reinaba la creencia de que el hijo que no conoció a su progenitor por haber muerto este antes de que aquel naciera, poseía el “don” de curarles el “mal de boca” a los niños. El proceso curativo consistía en aplicar nueve soplones a la infectada boquita del infante. La práctica debía repetirse durante tres días consecutivos, esto es, tres soplones diarios hasta completar los nueve.

 Debo confesar que el malestar que yo sentía cuando veía que una madre se acercaba a mi casa con un niño entre los brazos, era indescriptible. Me resistía a ejercer mi despreciable “trabajo médico”, pero la autoridad y firmeza de mi tierna, amorosa y siempre recordada madre se imponía, por lo que a regañadientes, y para evitar que mis piernas fueran “acariciadas” por tres maternales y seguros correazos yo, un niño todavía, no tenía más que aplicar mis “curativos” tres soplones en la boca enferma de mi inocente pacientico.

Antes tanto culto y reverencia al número tres, extraño tampoco resultaría que el referido cardinal se encuentre presente en los versos del folklor poético dominicano:

 

 

" Mi padre me dio una pela, y mi madre un coscorrón, porque estaba enamorando, las tres piedras del fogón..."Anónimo

 



 

 

 

 





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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura