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Política, políticos y cargos públicos en la República Dominicana

Todos aspiran a un cargo público en el país

Indudablemente que en términos de oportunidades políticas, la República Dominicana es todo un paraíso. Si bien Aristóteles proclamó que el hombre era un animal político, la realidad nacional nos enseña que el dominicano parece ser el más político de todos los animales.

En esta encantadora tierra del merengue, todos desean y se cree aptos para ser líder de un partido político. Todos aspiran a desempeñar un cargo en el gobierno. Y a cualquier individuo se le otorga dicho cargo. No importa que apenas sepa leer o escribir. No importa que su moral esté “por el suelo” o ultramanchada. Lo importante es lograr el objetivo. Lo demás se resuelve sobre la marcha. Si ansía el puesto, al puesto irá. Las trabas o restricciones legales para llegar hasta él son mínimas.

La propia Constitución de la República es bastante permisiva en ese sentido. Según esta, todo ciudadano dominicano, sin importar que sea ladrón, analfabeto, ciego, loco, mudo, alcohólico, drogadicto, violador sordo, anciano, riflero, narcotraficante delincuente, etc., goza del sagrado derecho de optar por un cargo a diputado, síndico, senador, regidor o presidente del país; esto es, no contempla limitaciones al respecto. Y como bien lo aclara el mismo texto constitucional: «A nadie se le puede obligar a hacer lo que la ley no manda ni impedírsele lo que ley no prohíbe»

¿Cuáles son los verdaderos propósitos que animan a muchos compatriotas cuando deciden incursionar en el mundo contradictorio de la política o lanzarse tras la búsqueda de una función representativa en la administración pública?

Dejemos que sea uno de los más preclaros representantes del pensamiento social de principio del pasado siglo quien dé respuestas a tan importante interrogante. Nos referimos al doctor Francisco Eugenio Moscoso Puello (1885 – 1959), médico, novelista, ensayista, biólogo y quien en sus famosas Cartas a Evelina (1930) nos presenta un cuadro general acerca de las debilidades ideológicas de los grupos gobernantes y económicamente poderosos de la época.

    «Un hombre sin cargo público en este país – explica Moscoso Puello en la carta número siete (7) de la citada obra (Página 42) – no es un hombre completo. Un cargo público es indispensable para cumplir con los fines de la vida. La vida es algo, pero el cargo es casi todo. Un hombre sin cargo público es una cosa, un artefacto, no se le toma en cuenta nunca, ni siquiera se le mira». (Pág. 42).

Fácilmente se advierte que el autor, con magistral ironía, desea transmitir al lector la idea de que es costumbre en la política criolla la práctica de utilizar las posiciones gubernamentales como medio de proyección individual y no como vías para resolver problemas colectivos. Tal idea aparece más explícitamente expresada en la cita que sigue:

    «Así pues, para salir del montón anónimo en este país, hay que tener un cargo, no importa cual, el asunto es que no le llamen a uno por su nombre, esto es muy vulgar y no tiene significación. No es lo mismo Don Pancho a secas que Don Pancho el Alguacil» (Pág. 43).

¿Qué es la política para Moscoso Puello?

    «Es la ciencia de hacer la felicidad de las comunidades por medio de la Ley” (Pág. 42). Más sin embargo, el autor de la novela Cañas y bueyes está convencido de que para la gran mayoría la política es otra cosa“Es la ciencia de los audaces, la ciencia de los cínicos, lo cual he estado a punto de creer muchas veces, debido a la rareza con que los hombres dignos son escogidos para conducir los pueblos” (Pág. 44).

Y en lo que atañe a su concepto general sobre los políticos, el mismo no podía resultar menos placentero:

    «Los políticos constituyen una casta especial de hombres, infeccionados de un egoísmo morboso, devorados por las más bajas pasiones que usted pueda imaginarse y que aman apasionadamente la Hacienda Pública. La verdadera calamidad del trópico, son estos señores políticos, los mosquitos, los huracanes y el paludismo» (Pág. 45).

Para nadie es un secreto que en nuestro país, un buen número de funcionarios llegan a las oficinas públicas en estado de absoluta miseria y salen de allí ricos y poderosos. En otras palabras, aprovechan sus funciones para acumular fortunas. En sintonía con estos planteamientos, el escritor que nos ocupa comenta lo siguiente:

«Los cargos públicos constituyen un medio de vida, el único medio de vida, cuando se aspira a una vida cómoda y desahogada» (Pág. 45).

Pero no sólo adquirir riquezas. Un cargo público representa la vía más idónea para preservar intereses y garantizar privilegios. Al decir de Moscoso Puello, un cargo público:

«Es además una posición de defensa. Si no se tiene un cargo se está expuesto a muchas contingencias. Por el contrario, cuando se tiene alguno, se goza de consideraciones. ¿Qué es él? Es una pregunta que nos hacemos los dominicanos a menudo, para saber a qué atenernos. Y cuando “El” es algo, cualquier cosa, procedemos con más cautela. Porque lo que inspira respeto es el cargo, no es el individuo. Puede este ser un sinvergüenza, pero si tiene un cargo, ya está limpio de todo y se le considera y se le estima» (Pág. 45).

Esas, y no otras, son los verdaderos motivos, muy personalistas por ciento, que a nuestro parecer inducen a un elevado número de dominicanos a integrarse al debate político; a aceptar su inclusión en una boleta electoral o a demandar que se les designe al frente de uno de los diferentes departamentos que forman parte de la administración pública.

El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura.

dcaba5@hotmail.com

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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura