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La victoria de Petro y la izquierda en América Latina

En PIB per cápita Colombia tiene 5,335 dólares, menos que la República Dominicana y superior a los de Bolivia y Paraguay

La victoria de Gustavo Petro en las elecciones de Colombia despertó las más profundas emociones en toda América Latina, al igual que muchas dudas. Yo, en mis grupos de contacto manifesté mi júbilo, pero me sorprendieron las reacciones de varias personas, entre ellos, amigos y compañeros en pro de algunos valores compartidos, que en este caso expresan su temor a que en Colombia haya un gobierno de izquierda, y más porque haya resultado electo alguien que fue guerrillero en su juventud. 

Tanto me sorprendí que comencé a revisar algunos antecedentes para ver si a Colombia, que siempre ha sido gobernada por la derecha, le ha ido tan bien, o si a otros países en que la tradición no es tan conservadora, y ocasionalmente han tenido gobiernos inclinados a la izquierda, les ha ido tan mal.  

Por casualidad, la mayoría de los países en Sudamérica han elegido gobiernos de izquierda en las últimas décadas, prácticamente con las excepciones de Paraguay, Colombia (hasta ahora) y Perú. Aunque este último escogió hace poco un presidente tan contradictorio que comparte ciertos rasgos de izquierda combinados con otros propios de la derecha radical (xenofobia, misoginia, clericalismo, antiaborto) pero que, particularmente, es tan reciente que sería imposible juzgar sus resultados. 

Contando solo aquellos en que la izquierda ha estado al menos ocho años, para dejar algún legado, y limitándome a Sudamérica para no alargar el cuento (aunque lo ilustre con referencias a nuestro país), se destacan los casos de Chile, con los períodos de Lagos, Bachelet y ahora Boric; de Uruguay, con Mujica y Tabaré; de Ecuador, con Correa; de Argentina con los Kirchner y Fernández; de Bolivia, con Evo Morales y Luis Arce; y de Brasil, con Lula y Rousseff. 

No incluyo a Venezuela en este grupo debido a que, si bien surgió inicialmente como un régimen de izquierda, de izquierdismo no le queda nada, pues terminó evolucionando a una dictadura similar a las de derecha tan comunes en la tradición de América Latina. 

Lo único que mantuvo fue su aversión a los EUA, lo cual habría que cuestionar si conlleva algún mérito. Y como por tanto tiempo ha estado sometida a un bloqueo económico, sería difícil atribuir cualquier éxito o fracaso exclusivamente a la naturaleza del régimen.

Para hacer la comparación podrían usarse mil indicadores, pero por razones de espacio me concentraré en uno en el orden económico (PIB per cápita), dos en social (pobreza y mortalidad infantil), de cohesión social (coeficiente de Gini) y dos del orden institucional (índice de percepción de la corrupción y violencia). Los datos corresponden al 2020, tomados del Anuario Estadístico de América Latina, de la CEPAL. 

En PIB per cápita Colombia tiene 5,335 dólares, menos que la República Dominicana y superior a los de Bolivia y Paraguay; pero menos que Ecuador y Perú, muy por debajo de Argentina y Brasil, menos que la mitad de Chile y apenas un tercio del de Uruguay. 

En cuanto a porcentaje de hogares pobres, Colombia tiene el 38.9%, mucha más pobreza que todos los demás, incluida Bolivia (32.3%) que antes de Evo solía ser el más pobre del continente, y escandalosamente más que el 5% de Uruguay. También tomamos la mortalidad infantil, en la que Colombia (11 por mil) está mejor que nosotros y sustancialmente mejor que Bolivia, Venezuela y Paraguay, e incluso supera a Perú, Brasil y Ecuador, pero no alcanza los logros de Argentina, Chile y Uruguay. 

Donde peor está es en la enorme concentración del ingreso, pues en el índice de desigualdad de Gini, aparece Colombia con 0.5 en el 2018, el segundo más alto, superado únicamente por Brasil, con 0.54; en este aspecto, en una región en extremo desigual, solamente los del lejano sur (Argentina, Uruguay y Chile) nos salvan ligeramente la imagen. 

En el índice de percepción de la corrupción (IPC) de Transparencia Internacional Colombia aparece con 39, malísimo, pero aun así compara favorablemente con la RD (30) y no tan malo respecto al resto de Sudamérica, región en que está peor que Uruguay y Chile, parecido a Brasil y Argentina (38), Ecuador y Perú (36), pero mejor que Paraguay y Bolivia, y el penoso caso de Venezuela, con apenas 14. 

En términos de violencia y criminalidad, ningún otro país de América del Sur supera a Colombia, con la sola excepción de la ciudad de Caracas. Al clásico clima de inseguridad derivado de la delincuencia común, en Colombia es crítico el originado en la violencia política y el crimen organizado, que suelen confundirse. Solo hay que contar que durante el período de Uribe fueron exterminados más de seis mil militantes de la Unión Patriótica, grupo de izquierda surgido de una desmovilizada y desarmada guerrilla. Y con Duque el exterminio continuó con dirigentes de las FARC que habían entregado las armas. 

En definitiva, cuando se toman los datos de logros económicos, sociales e institucionales, se puede apreciar que a Colombia, con eso de estar siempre gobernado por la derecha no es que le haya servido de mucho. Claro está, sería una ligereza de mi parte decir que lo bien o lo mal que a un país le ha ido se debe al hecho de haber tenido esos gobiernos, pues a veces vienen de otros antecedentes históricos y de dotación de recursos.

En cuanto a las dudas provenientes del hecho de que Petro haya sido guerrillero en su vida juvenil, de lo cual nunca ha renegado, eso ha de ser más motivo de orgullo que de sospecha. Hubo algunas décadas del siglo pasado en que insensato era quien no se rebelaba, pues en la región proliferaban gobiernos tiránicos, criminales y corruptos. 

Personas que se rebelaron o que sufrieron torturas, prisión y exilio hay muchas, y a la presidencia llegaron después Bachelet, Mujica, Lula, Dilma y ahora Petro. Ellos sí conocen el sufrimiento de sus pueblos, más que los Pinochet, Trujillo, Balaguer o Uribe, que nunca se rebelaron.

A Petro le esperan tremendos retos, en una sociedad conflictiva y con enemigos implacables; pero, sobre todo, en una época terrible capaz de demoler la gestión de cualquier gobierno, no importa su naturaleza. Así como su mayor logro hasta ahora no ha sido ganar, sino haber llegado vivo, ahora su mayor éxito sería establecer un clima de concordia en Colombia

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