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Johan Rosario y su «... Mi mejor historia» (*)

La crónica nace con una intención eminentemente historicista y, si se quiere, didáctica

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Johan Rosario y su «... Mi mejor historia» (*)

En el plano de la significación, los conceptos de crónica, relato y cuento tienden a confundirse. Merced a esta confusión, se entiende que tales térmicos entrañan siempre un mismo significado; pero no es así. Se trata de subgéneros narrativos cuyas fronteras formales y temáticas, en ocasiones se tornan un tanto borrosas.

Cualquier diccionario de literatura, así como el de la lengua española (DRAE) nos dirá que relato es una narración, vale decir, la «Exposición coherente de una serie hechos reales o fingidos...». De semejante definición, obviamente, se infiere que si bien toda narración, como el cuento y la crónica, es siempre un relato, no todo relato alcanza la categoría de los precitados subgéneros literarios.

 Mientras en el cuento priman los asuntos altamente imaginativos, simbólicos o ficcionales, en la crónica prevalece lo referencial, lo concreto, la realidad exterior, toda vez que en ella se narran acontecimientos en su sucesión cronológica o temporal. Como su nombre lo indica, la crónica da cuenta del transcurrir del tiempo en un espacio determinado. Ofrece continuas referencias al espacio y al tiempo en que se sitúan los hechos.

En sus orígenes, la crónica nace con una intención eminentemente historicista y, si se quiere, didáctica: transmitir datos históricos a las futuras generaciones (crónica histórica). Baste solo pensar en el famoso Diario de navegación, de Cristóbal Colón, y todas las crónicas de indias de la época del descubrimiento de América. La crónica histórica da paso a la periodística y esta, a la literaria o crónica de ficción, entre cuyos cultivadores en la historia universal de la literatura, no es posible dejar de citar a Gabriel García Márquez con su muy leída obra Crónica de una muerte anunciada. Esta forma de expresión la adquirió la crónica cuando al testimonio, vivencias o experiencias reales se le añadieron recursos propios de la ficción.

Para Juan Villoro Ruiz (1956) destacado escritor, narrador y periodista mexicano, «la crónica es el ornitorrinco de la prosa…», por cuanto, según él, se trata de un subgénero épico en el cual confluyen rasgos de otras clases de textos literarios y periodísticos. «El cronista – a su decir - utiliza elementos de la imaginación y el reportaje para construir su texto. La verdad y la fantasía son sus dos principios, uno para narrar fielmente lo que ocurrió, otro para imprimirle un toque emocionante que conmueva la sensibilidad del lector o despierte en estas sensaciones y sentimientos…»

En la literatura contemporánea dominicana, el cultivo de la crónica literaria ha estado brillando por su ausencia, razón por la cual igualmente escasean obras del calibre de Cosas añejas (1891), de César Nicolás Penson (1851 – 1901) y Narraciones dominicanas (1946), de Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (1878 – 1955).  Sin embargo, no obstante esa notoria desafición, en la nueva cosecha de narradores locales abundan los que como el escritor tamborileño, Johan Rosario, han optado por convertir el precitado subgénero narrativo en su quehacer escritural por excelencia. El libro que el lector tiene en sus manos, Mi mejor historia, constituye la más fehaciente muestra. Pero no solo este. Mi mejor historia es el resultado de una selección de textos pertenecientes a otros de sus libros de la misma línea o naturaleza publicados en años anteriores: Restos del corazón (2005), Amores que matan (2009) y Al otro lado (2018)

No se trata, Mi mejor historia, en puridad de verdad, de un libro de cuentos, por lo que acerca de este ya antes se había dicho. Los veintiséis textos que lo conforman, entre los que podemos encontrar cuatro narraciones inéditas, por sus características, se inscriben en el género de la crónica. En ellos, el narrador cuenta la historia, ya sea porque a él se la refirieron o porque en ella participó como testigo o protagonista. Aunque envueltos en el manto de la fantasía y adornados, en su forma expresiva, con recursos propios de la imaginación, en los hechos contados predomina el elemento vivencial, testimonial y la referencia estrechamente vinculada a la realidad.

Con las palabras del precitado Juan Villoro, debemos decir que en Mi mejor historia, la verdad y la fantasía se entrecruzan para engalanar la realidad con el traje de la imaginación.

Real es el marco espacial donde ocurren la mayor parte  las historias relatadas (Tamboril), y reales, no fantásticos,  son  muchos  de los personajes, instituciones y lugares de la realidad tamborileña que en la obra se mencionan : el limpiabotas del pueblo, Marusa; el empanadero del pueblo, Cáñamo; el deportista del pueblo, Tule; la iglesia del pueblo, San Rafael; la vía pública del pueblo, carretera Peña y las instituciones educativas del pueblo, Escuela «Sergio Hernández» y Liceo «Braulio Paulino», entre otros. Y muy real es la crónica – homenaje que escribió el autor con motivo del sentido fallecimiento de quién él considera su maestro periodístico: su admirado y exdirector del vespertino El Nacional: Radhamés Gómez Pepín

Los límites entre cuento y crónica, vale reiterarlo, por momentos se tornan difusos. Por eso no ha de extrañar el hecho de que en algunos de los relatos contenidos en Mi mejor historia ,  el autor suele coquetear un poco con la estructura del  cuento, y  como si de un cuento se tratara la crónica, como bien lo recomendaba el Maestro (Juan Bosch),  la inicie con el protagonista en acción :

«Bostezando, cruzó el marchito enredado de uvas que separaba el zaguán del jardín. Se sentó en un banco de madera despellejada y comenzó a leer. Sostenía entre sus manos un diario. Era el diario de su padre…» (El diario, p.26)

Johan Rosario es un joven periodista y escritor nativo de Tamboril quien a muy temprana edad dio muestras de su sensibilidad literaria e inclinación hacia el mundo de las letras, y es por ello que siendo aún un adolescente nos encontramos con él publicando artículos en la revista El tamborileño y en los periódicos El Siglo y La Información y El Nacional. En Nueva York, donde en el 2002 pasó a residir, funda  la Revista Latina (2006) y en   Supercanal Caribe produce un espacio semanal llamado “La Hora Latina“

Completando su ficha, resta anotar que Johan Rosario cursó estudios de Negocios Internacionales en la Universidad Tecnológica(UNITEC) y un posgrado en Alta Dirección de Personal en la Universidad Barna Busines School, República Dominicana. Es presidente del grupo corporativo Salud Dominicana, el cual ha sido objeto de numerosos reconocimientos internacionales. Con distinciones parecidas, igualmente fue reconocido su trabajo periodístico en los años en que de manera habitual ejerció esta muy significativa labor profesional.

Las responsabilidades o compromisos empresariales de este autor, de ningún modo han influido para que su producción bibliográfica se detenga o concluya. Todo lo contrario, su quehacer escritural continúa en ascenso como lo demuestra este puñado de emotivas vivencias reunidas bajo el genérico nombre Mi mejor historia. Vivencias magistralmente recreadas por la pluma de quien ha hecho de la crónica su canal predilecto para contar historias y recoger los acentos que vagan en cada momento y entorno social donde comparten o interactúan tipos humanos. Por eso el prologuista espera que el lector pueda disfrutar plenamente cada relato y trasladarse, virtualmente, junto al autor a cada uno de esos entornos vivenciales y con inevitable emoción pueda de esa manera percibir los ecos y acentos que allí vagan y rondan. 

(*) – Texto del prólogo al libro Mi mejor historia, publicado en el Club Casino Primavera, del municipio del Tamboril, el 23 de octubre del 2022.

dcaba5@hotmail.com

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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura