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Revolucionando la diplomacia tradicional

La diplomacia pública, como estrategia de política exterior, es igualmente crítica para sostener la buena imagen de un país en el extranjero

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Revolucionando la diplomacia tradicional
El ministro consejero en Haití Eugenio Matos G, ofreciendo clases voluntarias de violín para niños del vulnerable sector La Saline en Puerto Príncipe, junio 2022, como parte del primer programa piloto de diplomacia pública de la embajada dominicana. (FUENTE EXTERNA)

Es para el suscrito un privilegio haber sido invitado para iniciar la primera columna en nuestro país dedicada exclusivamente a la diplomacia pública (DP). Difundiremos ensayos sobre esta fascinante ciencia contemporánea que se desarrolla tímidamente en el ámbito de las relaciones internacionales.

Es de rigor dar ciertas pinceladas a elementos teóricos, aunque la raison d'être de nuestros próximos artículos es mantener su propósito central; el de mostrar modelos con resultados prácticos de diplomacia pública que hemos implementado exitosamente durante más de 20 años como diplomático en Canadá, Holanda, Argentina, Panamá, Uruguay y recientemente en Haití. Se suma a este bagaje la asesoría en DP que ofrecimos por décadas a veintisiete embajadas y cancillerías extranjeras, creando fuentes originales de referencias por nuestros trabajos de campo.

Es un hecho que la diplomacia pública viene a renovar a la burocrática, pasiva y hermética diplomacia tradicional. Apenas un promedio del 4 % de los diplomáticos de carrera a nivel global han podido reciclarse en ese sentido (E.Matos, Den Haag Political Institute 2014). La DP comienza a surtir sus primeros efectos prácticos en 2001, principalmente en los Estados Unidos. Washington decidió hace veintitrés años crear la actual Undersecretary for Public Diplomacy and Public Affairs, en reemplazo de la entonces USIA o USIS. El gobierno norteamericano optó por elevar a la diplomacia pública al nivel de lo que sería como un viceministerio para nosotros. Resulta ser un elemento clave para el Departamento de Estado y la política exterior de los Estados Unidos.

Algunos países han tratado de emular sus pasos, como son: Israel, Japón, Vietnam y España, entre otros. Hay que resaltar, que la República Popular de China incorporó la diplomacia pública a su cancillería en 2013. Aunque con relativo retraso, ya Shanghái apuesta internacionalmente con sorprendentes resultados. Del otro lado del Estrecho, Taipéi se ve obligada a lanzar en ese mismo año la “Public Diplomacy Desk” en su cancillería, aunque por supuesto, en menor escala, pero con muy óptimos resultados. Fui testigo presencial de este último proceso, pues durante “las autoridades” del presidente Ma Ying-Jeou (a quien pude estrechar manos en tres ocasiones y mantuvo un laissez-faire con China Continental), se me pidió asistir a la isla para ayudarlos con estrategias puntuales de diplomacia pública, principalmente para sus burós de intereses comerciales y culturales en Holanda y Buenos Aires. Accesorio a ello, fue el aporte académico que realizamos a favor de la Universidad de Tamkang en Taipéi, para el buen conocimiento y práctica de la DP.  En ese entonces, nuestro país mantenía estrechos vínculos diplomáticos con Taiwán.

Por otro lado, en la República Dominicana sucedió un fenómeno diplomático atípico en cuanto a los acontecimientos de diplomacia pública de un Estado se refiere. No fue la cancillería en Santo Domingo la que instituyó la DP en sus legaciones, sino dos embajadores particularmente emprendedores. Sí, ellos se lanzaron a innovar y hacer cambios sin precedentes en el servicio exterior dominicano. El primero en lograrlo brillantemente fue el embajador Eduardo Tejera en Ottawa en 2005. Le siguió el embajador Luis Arias Núñez (padre del voto del dominicano en el exterior), quien formalizó las primeras secciones de diplomacia pública en las embajadas dominicanas en Holanda, en Argentina y recientemente en la República Oriental del Uruguay. Estas cuatro embajadas dominicanas fueron catalogadas por los decanos del cuerpo diplomático como entre las de mayor efectividad en esos destinos.

Más recientemente, a pesar del estado de sitio en que se encuentra la República de Haití, la Embajada de la República Dominicana en Puerto Príncipe ejecutó por cuenta propia el primer programa de diplomacia pública de su historia; la cual tuvo lugar entre noviembre 2020 y julio 2022, bajo la gestión del embajador Faruk Miguel Castillo. Entre sus grandes logros e iniciativas, para solo ofrecer una muestra, sobresalieron el acuerdo académico firmado entre la Escuela de Hotelería María Auxiliadora de Haití y la PUCMM, la edición y publicación de “DiploIsla” (la primera revista digital e impresa bilingüe de esa misión), actuaciones musicales clásicas dominicanas en la embajada y escuelas públicas, el lanzamiento de las primeras redes sociales de la legación (que nunca había tenido), su primer portal electrónico (que tampoco poseía), sin olvidar el establecimiento de estrechas relaciones con los medios de comunicación de la vecina nación (que eran relativamente nulas). Actualmente, la embajada tiene dos portales; el institucional enlazado con cancillería en Santo Domingo, y un portal individual con la exposición de fotografía de la artista Vanessa Moquete bajo título “Jimaní y la Frontera Profunda”. Recordemos que la diplomacia pública también se nutre y se proyecta a través de la diplomacia digital. Hay que mantener muy presente que la DP puede contribuir grandemente a la prevención o atenuación de conflictos entre la República de Haití y la República Dominicana (E. Matos, OttawaU 2021). Haber sido el ministro consejero para llevar la DP con todos estos prestigiosos jefes de misiones diplomáticas mencionados más arriba, es algo que permanecerá en mis más recónditas e inolvidables memorias. 

La diplomacia pública, como estrategia de política exterior, es igualmente crítica para sostener la buena imagen de un país en el extranjero. Hemos demostrado académicamente (E. Matos, MaltaU 2001), que en una misión diplomática exitosa, más del 50% de su agenda de trabajo debe dedicarse a programas de diplomacia pública. Una embajada que consume la mayor parte de su tiempo en asuntos administrativos internos, “by Chasing its own tale” (MaltaU, Kishan Rhana 2001), no tiene razón de existir. La labor del diplomático público se nutre de la diplomacia cultural, del soft power, de relaciones amistosas con los medios de comunicación del país receptor, entre otros elementos accesorios. Por último, antes de entrar a la praxis diplomática que nos compete, en el próximo artículo ofreceremos una introducción sobre la diplomacia pública general.

TEMAS -

Catedrático de diplomacia pública en la Universidad de Ottawa en Canadá. Es egresado en Leyes de ese centro académico, ex violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Santo Domingo y otras filarmónicas extranjeras.