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Redes Sociales

2025: Un año disruptivo

¿Está América Latina preparada para la revolución de la inteligencia artificial?

El año 2025 traerá consigo un término clave: disrupción. Estamos inmersos en una transformación acelerada de modelos de producción y negocios que apenas comenzamos a notar en nuestro país. Más allá de herramientas como ChatGPT, redes sociales y otras aplicaciones de inteligencia artificial (IA), esta revolución nos enfrenta a desafíos profundos. Quienes vivimos la transición del telex al fax, del fax al correo electrónico, y más recientemente al teléfono inteligente, hemos sido testigos de cómo la tecnología redefine la cotidianidad. Ahora, interactuamos con dispositivos que no solo conversan con nosotros, sino que influyen en nuestras decisiones de compra e ideas, y nos meten en el túnel ideológico del que pocos saldrán con pensamientos propios.

No obstante, el enfoque de hoy no es en la tecnología misma, sino en cómo nos preparamos para el impacto que esta tendrá en la economía de nuestra región. Según un informe reciente del Banco Mundial, entre el 60 % y el 46% de los empleos en Centroamérica y República Dominicana se verán alterados por la inteligencia artificial y otras tecnologías. Algunos pronto empezarán a desaparecer.

Frente a este panorama, es crucial actuar con rapidez. Debemos revisar los modelos de negocio que promovemos, adaptar las actuales estrategias de promoción de exportación de bienes y servicios para integrar más esos nuevos modelos y ser disruptivos en nuestro apoyo a las empresas y a los emprendedores. Por razones de espacio, damos solo algunos elementos.

Si herramientas como ChatGPT y Copilot basan sus respuestas en datos disponibles en la web, ¿qué ocurre si no generamos ni recolectamos información relevante para nuestra industria y realidad local? ¿Cómo afectará este sesgo las recomendaciones que reciben los hacedores de políticas, empresarios y ciudadanos?

Contamos con jóvenes talentosos trabajando en innovación tecnológica en el Parque Cibernético y otros espacios que trabajan desde realidad virtual, drones, internet de las cosas etc., pero su potencial suele ser limitado por la falta de apoyo financiero estructural. En lugar de querer encajarlos en empleos corporativos que diluyen su creatividad, ¿por qué no apostar por ellos con capital que les permita innovar, experimentar y escalar? Es hora de que las grandes empresas, las universidades y el apoyo estatal a las start up se planteen nuevas formas de apoyo.

América Latina y el Caribe han sido históricamente adoptadores de tecnología más que creadores. Si bien esto está cambiando, debemos acelerar el proceso. No se trata solo de tener una estrategia de IA, es cómo incorporarla a las demás estrategias vigentes, cómo la incorporamos a los planes educativos sobre todo para garantizar que haya aprendizaje y no abuso de ella que nos aleje del pensamiento crítico y de las otras habilidades blandas que serán las más demandadas. Hay que mejorar programas en las escuelas técnicas y en las universidades llamadas a liderear no solo la innovación sino las discusiones éticas necesarias.

En este contexto, el 2025 no debe ser un año de espera pasiva ni de esperanza ingenua. Necesitamos políticas ágiles, menos eventos “instagramables” y más acciones concretas. La inteligencia artificial no es solo una herramienta para adoptar; es una plataforma desde la cual crear. Ignorar la disrupción puede condenarnos al rezago, pero abrazarla estratégicamente podría marcar la diferencia entre ganar o perder en esta nueva era.

TEMAS -

Facilitadora comercio y exportacion, experta exportación de servicios y Caribe.