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"Merde"

A veces, la dignidad de una persona o de un país se expresa en una expresión soez, en una mala palabra.

Víctor Hugo, en su clásico "Los Miserables", pone en boca de Cambrone todo el orgullo francés, cuando le exclamó a los ingleses que lo rodeaban en Waterloo "merde" (mierda).

Intimado a rendirse con los pocos hombres que le acompañaban y con todo el ejército francés derrotado por las tropas de Wellington, ninguna otra expresión podía sustituir el sentido, el contenido viril y patriótico de la expresión.

Ahora quieren crucificar a una atleta del equipo de volibol femenino porque se desahogó con el árbitro del partido que no cantó una sola jugada en favor del equipo nuestro, y su expresión, dura, fea, soez, de alcantarilla, recogida por la televisión, la han querido convertir en patíbulo.

Quien no ha sido jugador de alta competición, o en partidos de gran presión, ignora el contenido motivador o digno que tiene una expresión fuera de tono. En el deporte, como en Waterloo, una mala palabra a tiempo puede levantar los ánimos de los combatientes más que las arengas más exquisitas.

Mencionar la madre en el play no tiene el sentido que se le da en la calle. La "mamá del play" no existe. Por tanto, los moralistas de pacotilla que se guarden sus aspavientos de sacristía para otra ocasión.

No le pidamos a nuestras heroínas deportivas que también sean vestales de templo griego. Son deportistas que nos honran y las queremos aunque tengan el "sanantonio" a flor de labio.

atejada@diariolibre.com