El maldito tapón
Los ciudadanos en el Gran Santo Domingo pueden gastar en promedio hasta una hora y quince minutos en el tráfico de la ciudad.
Dicen las estadísticas oficiales que un ciudadano común pierde un promedio de una hora y quince minutos diariamente en el tapón y sus derivados en el Gran Santo Domingo. ¡Una hora y quince minutos! Lo peor es que el estimado no es para nada descabellado y muchos pobladores de la capital y sus alrededores deben sentirlo y vivirlo peor todavía.
Odio moverme en esta ciudad, es la verdad, es lo peor que tiene. Para el más corto desplazamiento hay que tener como mínimo una hora de tiempo para ir y volver, aunque sean tramos que en días sin tráfico no toman ni 10 minutos la ida por la vuelta. El tráfico en Santo Domingo es el peor del Caribe, ni el tapón de San Juan a la hora pico se le acerca a lo que se vive aquí.
El ataponamiento que se sufre en esta capital sólo es comparable con México D.F., Quito, Caracas o Nueva York, ciudades enormes, donde residen muchos millones de personas y donde los conductores crean un caos cuando todos deciden moverse al mismo tiempo. Pero la diferencia del Gran Santo Domingo con esas ciudades es que ese infierno se crea a toda hora en los días laborables y en los periodos pico simplemente se pone peor.
La confluencia de infraestructura vial deficiente, con demasiados vehículos, poco estacionamiento, una actitud temeraria al manejar y mal manejo de los cruces por parte de los oficiales a cargo, simplemente son la receta perfecta para el caos que vivimos a diario.
El otro día decidí tomar un Uber a mala hora. Vivo en Arroyo Hondo, cerca del Ikea, y desde la Lincoln con Max Henríquez Ureña a pasar la Kennedy me tardé una hora. ¡Una hora! ¿Cómo es eso posible? El pobre tipo del Uber estaba en histeria y con mucha razón.
Este no es un tema para tomar a la ligera. Estamos hablando de que el ciudadano promedio se gasta más tiempo en el tapón que en días de vacaciones, lo que denota un serio deterioro de la calidad de vida.
El maldito tapón debe ser una prioridad de más alto nivel, incluso tan alta como hacer un muro fronterizo.

Benjamín Morales Meléndez