Peligro al volante
La fama de República Dominicana de ser uno de los peores países del mundo para manejar en las calles debe corregirse.

La otra noche transitaba por ese complejo cruce de las avenidas Lincoln y Kennedy, donde vi una de las estampas que ejemplifican por qué las carreteras de la República Dominicana son tan peligrosas.
Había tapón y rondando las 8:00 de la noche una guagua del Ministerio Público bloqueaba el avance de quienes estábamos en el carril derecho, en su intento de pasar al primer carril y, a su vez, cruzar la complicada intersección.
De entrada me pregunté: ¿qué hace una guagua del Ministerio Público saliendo de Ágora Mall a estas horas?, pero esa es harina de otro costal. El tema es que cuando la luz cambió, el chofer del vehículo se lanzó a cruzar de un carril a otro con la mayor irresponsabilidad, para luego comerse la luz roja con la total impunidad, lo cual fue imitado por otros conductores.
Al otro lado del cruce, dos policías detenían a algunos de los atrevidos que se pasaron la luz, pero dejaron ir a la guagua del Ministerio Público sin dudarlo. Esa estampa es muy normal en el país, lo sé, pero no debería serlo, y vivirla en carne y hueso me hizo entender las razones para que tantos dominicanos se hayan convertido en un peligro al volante, porque si las propias autoridades son las primeras en dar el mal ejemplo, pues los ciudadanos no tienen por qué comportarse a la altura.
La fama de República Dominicana de ser uno de los peores países del mundo para manejar en las calles debe corregirse. No poca gente me ha comentado que temen salir de sus hoteles todo incluido porque las calles son un peligro desde que se suben a un vehículo. Esa percepción la aprueba el estudio publicado por Diario Libre que coloca hasta en un 78 por ciento la posibilidad de sufrir un accidente de tránsito en nuestras carreteras.
Lo cierto es que las cosas que he vivido en las calles dominicanas no tienen parecido, no siquiera en ciudades como el Distrito Federal de México o la misma Nueva York. Aquí hay una anarquía callejera, encabezada por motoristas y camioneros, que hay que resolver, porque nos hace menos civilizados y eso se ve muy feo.

Benjamín Morales Meléndez