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El macho

En República Dominicana, para nuestra desgracia, permea la cultura del macho, la cual ha disparado los incidentes violentos fatales en días recientes.

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El macho
Hay que enseñarles a los hombres que no hay que matar a una mujer y su familia por una infidelidad o un divorcio, que no hay que matar a nadie por una riña o una broma de mal gusto. (ARCHIVO)

La violencia en la República Dominicana ha comenzado a colmar la paciencia de los ciudadanos, que tienen la percepción de que el país se ahoga en una ola de muerte y atracos que parece no tener fin, mientras exigen a las autoridades mayor acción. Ese sentimiento de impotencia generalizada ante aquellos que valoran poco la vida humana carcome incluso al ministro de Interior y Policía, Jesús “Chu” Vázquez, quien afirmó, al ser cuestionado sobre la preocupación ciudadana, que “no hay forma de que podamos tener un policía en la casa de cada ciudadano”.

Dice lo correcto el Ministro en su defensa, pues ningún cuerpo policial en el mundo puede defender a cada ciudadano de un país al mismo tiempo. La seguridad colectiva se basa en que los ciudadanos, en su mayoría, respetarán el contrato social y no delinquirán, y que una minoría muy selecta recurrirá a alguna forma de delincuencia o violencia en su vida diaria. Pero la realidad no funciona así.

En República Dominicana, para nuestra desgracia, permea la cultura del macho, la cual ha disparado los incidentes violentos fatales en días recientes y se impone sobre el contrato social. Esa explosión de testosterona no es nueva, siempre está ahí, latente, y se manifiesta gracias a la creencia popular de que un hombre debe defender su orgullo a cualquier precio, porque vivir con una afrenta a su ego no es negociable.

Es eso lo que debemos reparar y la única forma de contrarrestarlo es con educación. Hay que enseñarles a los hombres que no hay que matar a una mujer y su familia por una infidelidad o un divorcio, que no hay que matar a nadie por una riña o una broma de mal gusto, que las armas de fuego son para defenderse, no para asumir la ofensiva. Hay que enseñarles que el macho latino es un hombre que ama, que tolera y que prefiere la paz a la violencia.

 No hay tiempo que perder. Hay que empezar en algún momento a educar en esa vía, a provocar un cambio cultural importante, porque eliminar esa cultura del macho neutralizará la violencia sin sentido y dejará llenas de polvo a esas armas que tanto gustan.

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Periodista puertorriqueño y Subdirector de Diario Libre. Ganó el Premio Nacional de Literatura Puertorriqueña, Categoría Periodismo, en 2018, por sus columnas en el periódico El Nuevo Día, del cual fue Director Asociado.