Cuestión de ejemplo

El acta publicada ayer por Diario Libre en la cual los diputados que integran la Comisión de Hacienda del organismo defienden al descaro su exención de vehículos privilegiada es todo un escándalo, de lo peor que he visto en mi carrera de periodista, que supera el cuarto de siglo.
La arrogancia del tono, la defensa a ultranza de su beneficio, la amenaza evidente contra otros sectores y la intención de desquite concertada provoca, como poco, indignación.
Lo peor es que todos son iguales, no importa el partido, no importa el tiempo de servicio, no importa su extracción social.
A la hora de defender sus intereses comunes tienen una capacidad alucinante de ponerse de acuerdo, cosa de la que no tienen ni un atisbo cuando lo que corresponde es preocuparse por el bienestar de la nación.
Es tan censurable esta actitud que la diputada del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), Rafaela Alburquerque, se atrevió a decir: “Si eso es corrupción, yo soy corrupta, pero quiero mi exoneración”.
Esta diputada que, por ser parte de un partido que es reformista, social y cristiano, tendría que dar el ejemplo y ser la primera en renunciar a un beneficio que el ciudadano común no tiene.
Esta actitud de los parlamentarios, de usar sus escaños para servirse con la cuchara grande, no es exclusiva de la República Dominicana. Es un cáncer que corroe la mayoría de las sociedades democráticas, donde los políticos de carrera se han olvidado de que son electos por el pueblo y deben comportarse a imagen y semejanza de ese pueblo que los pone ahí, no de la élite.
Me confieso escandalizado por todo lo que leí en esa acta, porque cuando los legisladores anteponen sus intereses a sus deberes y llegan al Congreso a hacerse de una vida que de otra forma no alcanzarían, pues no queda mucho que hacer, porque es el indicio de una sociedad que está falta de modelos a seguir, de gente que entienda que ser legislador es una cuestión de dar el ejemplo.
Tomen nota representantes del pueblo, van allí a servir a la gente, no a servirse de ella. Si a estas alturas eso no se entiende, como dicen por acá, nos fuñimos.

Benjamín Morales Meléndez