De ataques al Congreso

El ataque que sufrió la semana pasada el Capitolio de Estados Unidos por parte de una turba de simpatizantes del presidente Donald Trump, ha sacudido a la población estadounidense -además del mundo entero-, pues mostró una cara de la sociedad de ese país que no se veía desde los tiempos de la segregación racial y la oposición a la guerra de Vietnam.

Las hordas de estadounidenses, movidas por el engaño de su presidente y por una buena cuota de iniciativa propia, causaron destrucción en el Capitolio, provocaron imágenes de un desorden generalizado en los predios de la casa del Congreso y acabaron por dejar como legado la muerte de cuatro personas.

Ya vamos en camino a cumplir una semana de ese feo incidente, que no se trató de otra cosa que de una insurrección, y se ha registrado una tímida cuota de arrestos contra quienes planearon, incitaron y ejecutaron ese acto de violencia política, que para muchos debe ser calificado como terrorista.

Esa timidez en el arresto de los responsables, entre los que opino debe estar el propio Trump, saca a flote la desgraciada diferenciación en el trato que la justicia estadounidense tiene a la hora de extender su brazo y activar sus procesos.

Es inevitable pensar lo ocurrido a los nacionalistas boricuas que en el 1 de marzo de 1954 decidieron atacar a tiros al Congreso, como medida de llamar la atención sobre el caso colonial de Puerto Rico. A Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero, les cayó el peso de la ley con toda la fuerza y sólo pudieron salir de la cárcel, 25 años después, porque el presidente Jimmy Carter los indultó en 1979. A ellos se les trató con todo el rigor de turno, a pesar de que sólo hubo cinco congresistas heridos y nadie salió muerto en el violento incidente.

¿Por qué no hacer lo mismo con todos estos personajes que han provocado que Estados Unidos se haya convertido en el ridículo mundial? El cuestionamiento tiene respuesta y es que procesar a toda esta gente requerirá de ir tras el incitador principal de ese pleito, Donald Trump, y una vez más, Estados Unidos no está listo para meterlo a la cárcel.

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