La trampa del referendo

El presidente Luis Abinader escogió otro medio español para fijar su posición sobre las tres causales para el aborto. Esta vez, de paso por España en ruta a su participación en la Cumbre Iberoamericana en Andorra, el mandatario dominicano expresó a la Agencia EFE un giro en su postura y sostuvo que el candente tema debe ser decidido por el pueblo y atendido por el Congreso a través de un referendo.

“El referéndum debió ser aprobado hace un tiempo porque es parte de la modificación constitucional que hicimos en 2010 y en ese referéndum la República Dominicana tiene que decidir realmente lo que desea sobre ese tema, que indudablemente en República Dominicana y en muchos otros países divide a la población”, dijo el mandatario a la agencia española. “Yo estoy a favor (de las tres causales), pero es una decisión que implica muchos temas, no solo de salud, también religiosos”, agregó.

El giro de Abinader, quien durante su campaña y en declaraciones este año al diario español El País había defendido la aprobación de las tres causales, fue cargado a una definición institucional del Partido Revolucionario Dominicano (PRM) y representa una movida conveniente desde el punto de vista político, pero deja mal parado al dirigente en lo que respecta al cumplimiento de sus compromisos cuando de temas candentes se trata.

El referendo propuesto es la mejor forma de ganar tiempo y, a la vez, de lavarse las manos para la dirigencia política dominicana. La salida, puesta en bandeja de plata por la Iglesia Católica, permitirá a los políticos poner en juicio de la población la decisión del futuro de las tres causales, mientras ellos se lavan las manos como Pilatos en un asunto en el cual el PRM debió cumplir, institucionalmente, con su promesa de campaña.

La idea de la votación luce noble, pero en realidad este referendo es una trampa para someter el proceso a consideración en los tribunales, a un debate cuasi eterno en el Congreso y finalmente a una votación que distraerá al país de atender otros problemas colectivos, quizás iguales o más importantes.

Así, el PRM ofrece al pueblo la vieja estrategia del “pan y circo”, mientras intenta salir ileso de su falta de compromiso institucional, una apuesta interesante, pero peligrosa.

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