Muchos planes, pocas vacunas

El Gobierno dominicano anunció ayer su plan de vacunación para enfrentar la pandemia del COVID-19 y, como la mayoría de programas similares alrededor del mundo, sus aspiraciones son ambiciosas y se pretende tener vacunada más de la mitad de la población es cuestión de meses.

Las proyecciones contemplan que los grupos más vulnerables estén protegidos de la enfermedad primero, comenzando por los profesionales de la salud y luego la población más adulta. De ahí escalonadamente se trabajará en diversos perfiles hasta conseguir que todas las personas mayores de 18 años estén inmunizadas.

Planes similares están delineados en casi todos los países del mundo, por lo que lo presentado por el Gobierno dominicano viene a adherirse a una tendencia global, que ha sido adoptada por recomendaciones de expertos de todo el orbe.

Ahora, para que esos planes funcionen, el mecanismo esencial, el combustible, la materia prima, es la vacuna, que tiene que estar disponible. No son pocos los gobiernos que han confrontado problemas en tener lista esa pata de la mesa. Hay una realidad global y es que las vacunas escasean.

A República Dominicana se supone llegaban anoche las primeras, no porque el Gobierno de Luis Abinader no haya hecho lo suyo, sino simplemente porque la producción marcha más lenta de lo esperado en casi todos los puntos del planeta. Sólo los rusos y los chinos andan a buen paso, pues su modelo de gobierno controlado de forma centralizada les ha dado la ventaja.

En las democracias, los cantos son otros y ha permeado la ley del mercado, por encima de los derechos de salud de la gente, lo cual es una desgracia. Por lo menos Abinader, consciente de cómo andan las cosas, ha decidido romper tabúes y ha negociado con India, China y probablemente lo haga con Rusia para tener la mayor cantidad de vacunas en suelo dominicano lo antes posible.

Esa es una posición valiente, que hay que aplaudir, pero sobre todas las cosas, hay que respaldar, para que lo antes posible todos seamos vacunados, incluyéndome a mí y a muchos otros como yo, que somos extranjeros en este país y pagamos impuestos como cualquier hijo de vecino.

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