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Nacionalismo bobo

Durante estos días de Juegos Olímpicos, tienden a aflorar los nacionalismos bobos, esos que piensan que la identidad nacional de una persona está limitada exclusivamente al lugar en que se nació o en el cual se ha residido la mayor parte de la vida.

En mi tierra, ha generado un debate de esos tontos el origen de Jasmine Camacho-Quinn, flamante campeona olímpica en los 100 metros con vallas en Tokio 2020. Ella es hija de un afroamericano y una boricua residente en Estados Unidos. Se ha criado toda su vida allá, aunque su madre le ha inculcado desde niña los valores y la importancia de la cultura puertorriqueña.

La velocista no habla español, pero tomó dos decisiones claras para dejar establecida su preferencia por sus raíces latinas: usa el apellido de su madre primero y, en lugar de competir por Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 2016 y 2021, como pudo hacerlo, se decidió por Puerto Rico. Luego de sufrir una terrible caída en las semifinales de los Juegos de Río de Janeiro, Camacho-Quinn lució arrolladora en Tokio, donde incluso quebró la marca olímpica, además de llevarse el oro.

Su logro, sin embargo, ha vuelto a generar el debate de su falta de “puertorriqueñidad”. El conflicto de identidad que nos aqueja ha unido a los extremistas de ambos bandos en un criterio único: quienes ven a Puerto Rico como una parcela estadounidense, la consideran una traidora a Estados Unidos, mientras los puristas en materia boricua, dicen que no debe representarnos por ser “demasiado gringa”. El debate me parece innecesario, sea con Jasmine o con muchos otros personajes, no sólo puertorriqueños, sino de cualquier parte del mundo. Los seres humanos no elegimos dónde nacer, porque es imposible, pero sí podemos escoger de dónde sentirnos o de qué contexto formar identidad. No admitir esa realidad me luce un pensamiento retrógrado, xenófobo y falto de aceptación de la realidad que la globalización ha desatado.

La identidad nacional tiene mucho más que ver que el lugar donde se nace o se vive. Está más vinculada a la crianza, al sentimiento personal y al convencimiento de lo que se quiere ser. Demos por cerrado ese debate estéril y acojamos como propios a todos aquellos que quieran ser parte de nuestra locura caribeña, al final siempre habrá más luces que sombras.

Periodista puertorriqueño y subdirector de Diario Libre. Ganó el Premio Nacional de Literatura Puertorriqueña, Categoría Periodismo, en 2018, por sus columnas en el periódico El Nuevo Día, del cual fue director asociado.