$!Reforma fiscal

El proceso ha sido un tanto cantinflesco, con un pasito para adelante y dos para atrás, pero la realidad es que nadie nos salva de una reforma fiscal y del hecho de que vendrá acompañada de un aumento inevitable en el costo de vida.

No se deje engañar por los cantos de sirena que aseguran una reforma fiscal para beneficiar a la clase media, pues eso no pasará. Al final, de una forma o de otra, la factura pasará por las billeteras de los asalariados, porque de eso se trata el sistema del capital.

Desde el Gobierno hablan de remover exenciones, de cargar a los más ricos, de reducir impuestos en ciertos renglones y todo tipo de argumentos de esos de corte populista, que no son otra cosa que jugadas de engaño.

Esta etapa a la cual entra República Dominicana no es nueva para el país y se ha repetido muchas veces en diversas partes del mundo. Ocurre cuando crecen los niveles de endeudamiento, bajan los ingresos y aumentan los gastos.

Por eso, se hace necesaria una reestructuración de las finanzas, para hacer frente a la crisis. Y eso es precisamente a lo que nos exponemos en los próximos meses, a un reordamiento del sistema, muy similar a cuando se reformulan las finanzas de la casa cuando el dinero no da para vivir.

El problema está en que el Gobierno, por su naturaleza y por la conveniencia de quienes lo manejan en la trastienda, se resiste a dejar de gastar lo que no tiene y recurre entonces a sacar de su banco de preferencia, los ciudadanos, los recursos que por otra vía no puede obtener con tanta facilidad.

Así que no compre el cuento a la ligera. Haga preguntas y tenga dudas. No hay reformas fiscales fáciles y todas requieren de sacrificios. Procure que el sacrificio sea compartido y no se trague la primera imagen bonita que le pinten, porque de seguro, al final de la cadena, será usted quien acabe pagando eso que dicen es el “impuesto a los más ricos”.

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