Un caracol que suena a corrupción

Dice el comunicado del Ministerio Público que la operación se llama “Caracol”, que fue puesta en marcha hace varios meses y que a través de ella “las autoridades investigan al organismo encabezado por Hugo Francisco Álvarez Pérez, por los delitos de obstrucción de la justicia, coalición de funcionarios, falsificación de documentos públicos, asociación de malhechores, complicidad en los tipos penales de desfalco, estafa contra el Estado y lavado de activos provenientes de actos de corrupción”.

Fuera de contexto, lo que se pensaría es que el Estado ha ido detrás de algún político corrupto, un ministro agarrado fuera de base, un narco o algún empresario que se las jugó todas para llevarse uno que otro contrato con las redes gubernamentales. Pues no, ese señor Hugo Francisco Álvarez Pérez es la cabeza de la Cámara de Cuentas, la organización llamada a vigilar por la pulcritud en el manejo de los fondos públicos en República Domincana.

El país se levantó con este escándalo en vivo y a todo color, con militares que custodiaban puertas, dos decenas de fiscales que levantaban evidencia y todo tipo de personal judicial que auscultaba el edificio de la Cámara que, de momento, se convirtió en el foco de una investigación, en lugar de la sede donde ellas se cocinan.

Cuando en una sociedad se llega al extremo de que el organismo llamado a ser el más pulcro se convierta de imprevisto en un antro donde se cuajan delitos de baja calaña, las alarmas deben desatarse y se hace necesario que haya una reflexión colectiva sobre lo que pasa en la República Dominicana.

Como extranjero, trato de nunca criticar desde la comodidad. En mi país han ocurrido cosas peores y a pesar de los esfuerzos de las autoridades, sobre todo las estadounidenses, la corrupción siguen rampante, porque el problema de ese cáncer es que no tiene cura y se extiende cada vez más, incluso donde no debe, como la Cámara de Cuentas, un caracol que sonaba a olas de mar y hoy emite cantos dañinos de corrupción.

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