El espejo de Puerto Rico

En Puerto Rico un nuevo gobierno acaba de asumir el cargo y con él un parlamento de oposición con una composición irregular, una mezcla inédita que se convertirá en el mayor desafío democrático de esta colonia estadounidense en su historia de poco más de un siglo bajo la dominación de Estados Unidos.

El gobernador será Pedro Pierluisi, del mayoritario Partido Nuevo Progresista (PNP), quien se las arregló para ganar las elecciones tras el desastre administrativo de sus predecesores y colegas de formación política, Ricardo Rosselló y Wanda Vázquez. La oposición asegura que Pierluisi gestó un fraude electoral masivo en las narices de todo el mundo, mediante el conteo fraudulento de votos y la aprobación por parte del gobierno que controlaba su partido, de una ley electoral que sólo los favoreció a ellos.

Aún así, Pierluisi y compañía no lograron salirse con la suya y perdieron el control de la Legislatura, donde ocurrirá otro fenómeno no visto antes, pues el también mayoritario Partido Popular Democrático (PPD) presidirá ambas cámaras, pero no lo hará con la mayoría necesaria para imponer políticas, por lo que tendrá que hacer coalición con tres formaciones políticas y parlamentarios independientes para echar adelantar su agenda y la del gobernador. Además, entrará en escena el primer Senado mayoritariamente femenino en la historia de Puerto Rico.

Pierluisi -el mismo que intentó ser gobernador de manera ilegítima cuando Ricardo Rosselló renunció por presión popular a mediados del pasado cuatrienio- encuentra un país que entra en su tercera década de depresión, una realidad causada por dos ingredientes esenciales, el endeudamiento y la corrupción política, una dupla que ha convertido a la que fue una isla prolífera y digna de admiración, en una tierra de nadie donde nada funciona.

Y de eso deben aprender la República Dominicana y su presidente Luis Abinader, quien estuvo en la toma de posesión de Pierluisi. Esa combinación de deuda desmedida y corrupción desenfrenada hace daño, y condena a un país a sacar lo peor de sí, sobre todo cuando las cosas tocan fondo. Mírense en nuestro espejo, no vaya a ser que nos parezcamos demasiado.

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