Trump: atrincherado y más peligroso

Donald Trump se niega a aceptar la realidad de que perdió las elecciones y se ha atrincherado dentro de las paredes de la Casa Blanca, con la intención de no abandonarlas hasta que pasen dos cosas: o se reconoce el presunto fraude que ninguna institución seria en EE.UU. reconoce, o se le da un indulto preventivo plenipotenciario para que no pueda ser procesado judicialmente.

La primera de esas dos razones que han causado la pataleta presidencial, es la que más se ha proyectado públicamente. Trump ha logrado mantener encendida y conectada a su discurso a la base ultraconservadora que se ha convertido en su leal seguidora. Esa gente se cree todo lo que dice el “Mr. President”, a pesar de que la fábrica de mentiras que tiene a Washington por sede está más prolífica que nunca. Pero la realidad del tema es que pienso que Trump está consciente de que perdió y de que el fraude es un invento. El mandatario intenta negociar, buscando que alguien, sea dentro de su partido o en los demócratas, le ofrezca una salida que le evite la alta posibilidad de ser enjuiciado por evasión de impuestos, un proceso que le espera a él y a su círculo cercano en Nueva York tan pronto deje la presidencia.

Por ahí es que pasa la solución de este diferendo. La pregunta es si el presidente electo Joe Biden está dispuesto a que se haga, con su consentimiento, un acuerdo que permita a Trump irse tranquilo y con la certeza de que no será enjuiciado por sus negocios turbios en Manhattan. No es una decisión sencilla, porque lo opuesto será continuar con la guerra y, a la hora de sacar a Trump de la Casa Blanca, tendrán que hacerlo por la fuerza. En ese caso, fortalecerían el mito de que él es la víctima y crearían un héroe.

Trump sabe eso, por lo que sigue forzando la marcha, porque sabe que el único camino que le evitaría la cárcel es que desde la Casa Blanca se envíe el mensaje de que el presidente saliente debe ser dejado en paz. De eso se trata este lío, sólo de eso, de que Trump no vaya preso.

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