El gran perdedor es el sistema electoral

Diga lo que diga Donald Trump, la realidad es que perdió la elección presidencial del martes pasado y Joe Biden es el presidente electo de Estados Unidos. No hay espacio a manipulaciones ni a mentiras, esa es la realidad concreta.

Es cierto que fue una elección cerrada y polémica, sólo dentro de los parámetros del anquilosado sistema de colegio electoral estadounidense, pero cuando miramos el voto popular, el que en realidad debería contar, Biden dominó ampliamente, al acumular el 50.7 por ciento de los sufragios, sobre el 47.7 por ciento de Trump.

Todavía quedan votos por contar, como sucede normalmente en todas las elecciones del mundo, que se toman días y hasta semanas para poder sumar el 100 por ciento de las papeletas.

Los últimos números daban 75,431,361 de votos a Biden y 70,928,975 a Trump. En el colegio electoral, Biden acumulaba 290 y Trump 214, sin que se contara todavía Carolina del Norte y Georgia, que irá a un recuento.

Tomando en cuenta sólo el voto popular, Biden hubiera sido ganador la primera noche, pues mantuvo una tendencia a la delantera desde el inicio, pero la insistencia de Estados Unidos de seguir apostando por un proceso electoral antiguo y poco práctico, mantuvo al país el vilo hasta el sábado.

Así la cosas, el gran perdedor de esta compleja jornada electoral no son Trump y sus mentiras, es el sistema de colegio electoral, un pendiente que le toca a Estados Unidos resolver, si no quiere seguir como el hazmerreír a nivel global cuando de elecciones presidenciales se trata.

Es hora de que la sociedad estadounidense se plantee seriamente la posibilidad de una enmienda constitucional que repare este proceso, el cual sirvió cuando los seres humanos nos movíamos a caballo, pero se queda corto en la era digital. Se les hace urgente, porque muchas sociedades miran hacia ellos buscando un ejemplo a copiar y, en estos tiempos, Estados Unidos es incapaz de ser referente moral de nadie.

+ Leídas