Ignorar al resentido
Es como para darse por vencido. Por momentos uno cree que no se puede hacer nada y que definitivamente han sentado reales en la sociedad dominicana el odio, el escarnio y la descalificación personal. Los dimes y diretes son permanentes en la mayoría de las manifestaciones del diario vivir; no se deja pasar una con tal de llevar la contraria, y preocupa que hasta medios de comunicación, con fama de serios, no resistan el embate y se abran al que despotrica y refunfuña. Es el imperio del envidioso, del que San Agustín dijo que no pretende alcanzar la prosperidad de los otros, sino que todos sean miserables como él. El antídoto es la indiferencia para aislar al resentido social y dejarlo que cuente el cuento a su manera.
Nelson Rodríguez
Nelson Rodríguez