20180208 https://www.diariolibre.com

Cuando la Marcha Verde arrancó parecía un poder ciudadano en ciernes por el ensayo de nuevos métodos, en lo fundamental pacíficos, con un componente callejero novedoso y una consigna que identificaba un sentir de la sociedad. Al ser catapultada por una opinión pública vigorosa y vigilante se hacía más fuerte, pero por más que brincó y saltó va rumbo a morir como una caricatura, y sepultada junto a otros ensayos que entusiasmaron a la población. Ahora que la Marcha Verde va camino a los “paros verdes”, lo que sería jugar con candela, le recuerdo a su ala anarquista el proverbio bíblico: “Los llamé y me rehusaron. Extendí mi mano y no me hicieron caso. Yo me reiré de su desgracia y me burlaré cuando les alcance el terror”.

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