Canto y llanto por Manzanillo (2 de 2)

$!Canto y llanto por Manzanillo (2 de 2)

En la primera parte decíamos que Manzanillo es el único lugar que le queda al país para desarrollar un ambicioso polo de desarrollo en torno a un megapuerto y, de paso, contribuir a equilibrar geográficamente el crecimiento de la economía dominicana.

La idea de un ferrocarril de carga y pasajeros planteada, que conecte el Norte y el Sur no es una idea descabellada, pero tampoco es un proyecto viable en una primera etapa, mientras no sean desarrolladas las actividades que justificarían una masa crítica de uso. Y entonces sería conveniente que su trazado no compita con la autopista Duarte, sino que debería cubrir las ciudades que fueron dejadas de lado por ella, como Mao, Moca, Salcedo, San Francisco de Macorís y Cotuí.

Como el polo de Manzanillo es un proceso estratégico, dentro del equipo económico del pasado gobierno se trabajó bastante en avanzarlo. Pero se necesita atraer inversiones privadas. Ahora bien, para evitar el riesgo de que el mejor puerto del país fuera objeto de una negociación de oficina, y finalmente controlada por un monopolio privado, se optó por trabajar en dos aspectos: El desarrollo de un plan maestro, para impedir que alguien quisiera comerse la masa y dejar los huesos, y la formulación y aprobación de una Ley de Alianzas Público-privadas.

El objeto de esta última es evitar que ocurra lo que históricamente ha ocurrido: que en toda alianza el Estado ha salido trasquilado, como muestran los casos de Dovicon, que nos salió tan costoso (hubo que pagarles US$135 millones para que se fueran) y de la autopista a Samaná, que nos sigue costando (además del costoso peaje que pagan los usuarios, en el 2019 al fisco la subsidió con RD$2,776 millones, más que el presupuesto de los ministerios de Deportes, Energía y Minas, Economía, Trabajo, Administración Pública, de la Mujer, Juventud y Cultura).

Contrario a la tradición, en que el inversionista definía las condiciones, con la nueva ley el Estado define previamente las condiciones, y el inversionista se acoge a ellas. De todas formas, dado que el fisco dominicano no tiene recursos ni experticia en la materia, no hay manera de desarrollar el plan maestro de Manzanillo si no es en alianza con el sector privado, nacional y extranjero.

En mi experiencia personal, hicimos esfuerzos de promoción con empresarios nacionales y acercamientos con potenciales inversionistas de Norteamérica, Europa y China. Cuando se establecieron relaciones diplomáticas, me tocó encabezar la primera misión de nivel ministerial que visitó China, con la intención expresa de, entre otras gestiones, dar a conocer las potencialidades de Manzanillo.

Presenté el proyecto ante cámaras de comercio de Beijíng y otras provincias, grandes empresas, ministros y funcionarios responsables de las áreas de comercio, inversión y financiamiento, y algunos gobernadores provinciales (nada que ver con los gobernadores de las provincias de RD).

Luego de ello vinieron misiones de empresas interesadas a evaluar la propuesta, se reunieron con quienes tenían que reunirse, y había muy buenas perspectivas. Ahí termina la función de un ministro de Economía, de modo que, tras ese primer esfuerzo, todas las discusiones pasaron a otros despachos y, finalmente, terminó mi participación en el gobierno y un año después, terminó el gobierno entero.

Lo que resultó evidente es que el proyecto se encontró con un gran escollo, que se llama Donald Trump, en una actitud propia del que “ni hace ni deja hacer”. Claro está, si todas las inversiones que involucra el desarrollo de Manzanillo y, de paso, de toda la región norte, fueran ejecutadas por empresas estadounidenses, entonces feliz, pues se trata de nuestro histórico socio, no solo en comercio, sino en mil aspectos de la vida.

Pero si el capital norteamericano hubiera ido a ejecutar un gran proyecto de desarrollo en la Línea Noroeste podría haberlo hecho sin tener que esperar a que República Dominicana estableciera relaciones con China.

Otro escollo menor a esta propuesta se encuentra en la oposición de los empresarios portuarios y navieros que operan en el litoral sur, específicamente Haina y Caucedo, los cuales se sienten muy cómodos con que, cual el antiguo Imperio Romano, “todos los caminos conducen a la capital”.

Aunque en mis artículos no suelo referirme a las gestiones en que participé durante mi etapa como funcionario, consideré importante que las nuevas autoridades conozcan la experiencia, para saber las limitaciones con las que bregan, incluso geopolíticas.

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