¿Reactivación de la economía o incremento del contagio?

Todos tenemos que quedarnos en casa, pero no todos podemos quedarnos en casa. La pandemia del COVID 19 ha afectado a todos, pero no por igual. Ha puesto de manifiesto las diversas realidades socio económicas y las grandes desigualdades de la sociedad dominicana. En el ámbito empresarial se han afectado empresas de todos los tamaños con la reducción de actividades, pero los dueños de microempresas tienen menor capacidad para enfrentar esta crisis cuando se rompen los flujos económicos de la economía de la calle como ha ocurrido en este período de cuarentena.

Más de 800 mil microempresas, con una empleomanía desde 1 hasta 10 trabajadores, conforman más del 90% del tejido empresarial dominicano y ofrecen empleo a más de 1.6 millones de hombres y mujeres en todo el territorio nacional, generando alrededor del 19.1% del Producto Interno Bruto (PIB). Cinco actividades agrupan el 45% de las microempresas: colmados y pulperías, salones de bellezas y barberías, la elaboración de alimentos y bebidas, la venta de ropas y accesorios de vestir, así como los negocios de restauración que ofrecen servicios de alimentación y alojamiento. Otros sectores relevantes son el transporte de pasajeros y las ventas ambulatorias de diversas índoles.

Los negocios de menor tamaño en el país son en su mayoría informales, operan en el mismo hogar de sus propietarios, atienden a una clientela de consumidores finales y tienen pocos encadenamientos en el mercado para abastecerse de insumos y mercancías. A pesar de estas limitaciones, los ingresos generados por las diversas actividades económicas son el principal sustento de la mayoría de los hogares, donde las mujeres son dueñas de casi la mitad de todas las microempresas. Tanto propietarios como trabajadores de microempresas son altamente vulnerables, por los bajos niveles de inversión que no les permiten enfrentar eventualidades, y porque una alta proporción son negocios de subsistencia, que apenas permiten un flujo de ingresos precario para enfrentar el diario vivir, se nutren de trabajadores familiares no remunerados o pagan salario mínimo a la mayoría de su fuerza laboral.

Para propiciar la cobertura de gastos básicos de las familias el gobierno ha implementado políticas de transferencias a trabajadores suspendidos e informales con montos que permiten consumos mínimos, pues los costos de adquirir los bienes y servicios del primer quintil de la canasta familiar ascendían a RD$14,465 en noviembre del 2019.

Muchos se han preguntado por qué ayudar con contribuciones gubernamentales a un sector informal que no tributa al Estado. Preciso es señalar que aunque no hay pagos de impuestos directos, se contribuye a través de los impuestos indirectos y también estas unidades productivas son agentes de estabilización social. Si las microempresas de subsistencia no crearan empleo para más de un millón de dominicanos y generaran ingresos para el sostenimiento de las familias de esos propietarios y trabajadores seríamos uno de los países con mayores niveles de violencia de América Latina.

No obstante las correctas políticas de transferencias y de medidas adoptadas por las autoridades monetarias para reducir la presión financiera de los hogares, la necesidad imperiosa de generar recursos para el sostenimiento familiar ha obligado a muchos jefes de familia a tomar la difícil decisión de salir del confinamiento a ofrecer sus bienes y servicios tratando de buscar ingresos para el sustento familiar y he escuchado una frase lapidaria que refleja esta disyuntiva: “o me mata el COVID 19 o me mata la pobreza”. La realidad es que cada día las calles dominicanas se ven más llenas de personas y de automóviles y han vuelto los desagradables tapones.

Ante esta realidad las autoridades se enfrentan al dilema de la necesidad de reactivar la economía, en una situación donde también sus ingresos se han visto mermados con gastos significativamente mayores. Por un lado, las medidas de exenciones a las empresas cerradas y la reducción de la actividad económica afectan los ingresos del Estado y, por otro lado, el incremento en gastos de salud y las contribuciones a los trabajadores suspendidos e informales ha disparado el gasto. Incluso es necesario preguntarse por cuánto tiempo se pudieran mantener las asignaciones que está entregando el gobierno, cuando es tan incierto el tiempo de control de la pandemia. Las noticias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportan que el final de la pandemia con la disponibilidad de vacunas no se vislumbra en el corto plazo y que pueden surgir varios rebrotes hasta con mutaciones del virus.

Pero ¿cómo reactivar la economía cuando los casos de contagio van en aumento? ¿cómo mantener el distanciamiento social en una población que no es consciente de las implicaciones de aglomeración y va detrás de un peregrino, cual si fuera el flautista de Hamelín? ¿cómo quedarnos en casa viviendo en condiciones de hacinamiento? ¿cómo sobrevivir a situaciones de conflicto y violencia intrafamiliar? A todos nos ha cambiado el mundo, pero no de igual manera.

A pesar de las medidas que se tomen y de la reapertura de muchos negocios la realidad de las microempresas no será la misma. Por un lado, la disminución del poder adquisitivo de una proporción grande de la población, ya sea por la suspensión de sus empleos, por la disminución en la recepción de remesas o por la reducción de ingresos en el período de cuarentena, afectará la demanda de bienes y servicios. Las prioridades en el consumo pueden variar enfocándose principalmente en la compra de alimentos, bebidas y medicamentos, pero además se evidenciará la suspicacia de asistir a lugares y adquirir mercancías en condiciones que puedan ser percibidas como vulnerables por el consumidor o proclives para el contagio.

Indiscutiblemente que la mejor medida sería que todos pudiéramos quedarnos en casa y así eliminar ese enemigo silente que ya ha cobrado centenares de vidas y que además afecta la salud de miles de personas, con una probabilidad de contagio mayor en la medida en que no se respeten las recomendaciones de distanciamiento social y de higiene extrema. Pero ni para el gobierno ni para las empresas ni para las familias es posible sostener esta medida de manera indefinida.

Esta pandemia ha afectado todos los ámbitos de la sociedad dominicana y pensar en una reactivación gradual de la economía se convierte en una necesidad y el gran reto es cómo hacerlo con el mínimo riesgo. Las micro y pequeñas empresas tienen una estructura flexible que permite más fácilmente operar ante situaciones como las actuales. Menor número de trabajadores en un mismo lugar, con espacio y capacidad reducida para atender muchos clientes a la vez, lo que puede evitar las aglomeraciones. Ya las medianas y grandes empresas que se han mantenido operando, como son los bancos y las empresas de expendio de alimentos y bebidas, han establecido una serie de disposiciones para controlar el flujo de personas y mantener el distanciamiento social. Incluso algunos sectores que generan un flujo considerable de personas, como centros educativos y universidades, han tomado medidas correctas, como la docencia virtual, para evitar el tránsito y el flujo de numerosas personas a sus instalaciones.

En estos momentos más que nunca se requiere una cuidadosa planificación para la reactivación económica con datos concretos que permitan el desconfinamiento por sectores económicos, por tipo de negocios y por ubicación geográfica donde se haya reportado menos casos de contagio, autorizando a operar a aquellos negocios que hayan implementado medidas que permitan las previsiones adecuadas para evitar el contagio.

El retorno de las actividades implicaría horarios escalonados para que el transporte de pasajeros no se constituya en una fuente de contagio, con la afluencia típica de cientos de miles de hombres y mujeres que salen del trabajo a la misma hora con la necesidad de llegar a sus hogares lo antes posible usando el transporte público. Esto a su vez conllevaría a modificaciones en el horario de toque de queda.

Además, será un reto dotar a los trabajadores de las herramientas necesarias para entrar en condiciones de desinfección a los lugares de trabajo, que usen mascarillas y guantes, que tengan agua y jabón para asear sus manos frecuentemente.

Una estrategia comunicacional y educativa es imprescindible exhortando a la población a tomar las medidas de prevención y tratando de concientizarla sobre las implicaciones de la enfermedad. No basta pedir que se queden en casa, cuando muchas veces no se es consciente del peligro y de las consecuencias del contagio y de la enfermedad.

Conocer la realidad de las microempresas, importante segmento de la economía que dinamiza hasta los rincones más lejanos de la geografía nacional, debe ser una tarea pendiente para los próximos cuatro o cinco meses y apoyarles en su recuperación e innovación será uno de los más grandes desafíos de los hacedores de política. El compromiso debe ser de todos para que volvamos a tener una economía robusta y una sociedad con menores niveles de desigualdad.

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