República Dominicana: La nueva estrella de América Latina

Hace más de 500 años Cristóbal Colón unió al viejo mundo con uno nuevo; y Santo Domingo, capital de la República Dominicana, heredó una serie de tesoros, como la primera catedral, el primer ayuntamiento y puerto de América, que ha sabido cuidar de forma espléndida.

En este nuevo milenio, República Dominicana tiene un nuevo rol: asumir su papel como nueva estrella económica en América Latina, inclusiva y próspera. Es lo que veo en las repetidas visitas que vengo realizando a República Dominicana con la finalidad de encontrar oportunidades para las empresas peruanas en el ámbito de las exportaciones de servicios educativos, turismo e inversiones; y motivar a las autoridades y empresarios de ambos países a caminar juntos hacia la prosperidad de nuestros pueblos.

La integración en América Latina a través del comercio y las inversiones es el camino que produce prosperidad. Ejemplo de ello ha sido el Perú. En mi país, tuve el privilegio de ser primer vicepresidente de la República en el 2002, y también ministro de Estado; y junto al parlamento y el sector empresarial creamos el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR) y el Consejo Nacional de la Competitividad. Ambas entidades fueron responsables de gatillar el crecimiento económico en mi querido país y trazar un camino hacia una mayor productividad y competitividad.

Según la CEPAL, este año el Perú será la segunda economía de mayor crecimiento en Latinoamérica. Nuestras exportaciones anotarán un récord histórico que superará los US$ 50 mil millones, gracias a los acuerdos comerciales que el Perú tiene vigentes con países que representan el 80% del PIB del planeta y un acceso preferencial al 40% de la población mundial.

Este proceso de integración suma a la promoción del Perú en el mundo. En el MINCETUR del 2010 se gestó la gran Marca Perú, que presenta a un país milenario con sus más de 5 mil años de riqueza cultural y de peruanos que guiados por las estrellas y el mar llegaron a la Polinesia. Un país biodiverso, fuente de alimentos funcionales y saludables, base de nuestra exquisita gastronomía diseñada al alcance de todos los bolsillos y gustos, considerada una de las mejores del mundo, con nuestra maravillosa Pía León a la cabeza, la mejor chef del mundo en el 2021.

Acompañó este proceso la canalización de nuestra genética creatividad a través de una política pública de emprendimiento e innovación, que a paso firme permitió crear cadenas de valor en la agricultura, pesca, minería, turismo y, recientemente, en la exportación de servicios intensivos en capital humano, responsables de más de 3 millones de empleos dignos y formales.

A modo de ejemplo, hace 20 años exportamos US$ 700 millones en productos agrícolas, principalmente café y cacao. Al 2021 exportaremos cerca de US 10 mil millones, principalmente de superalimentos como el arándano, aguacate, uva, cítricos, espárrago, jengibre, quinua, cafés de alta gama y valor agregado en el cacao, entre otros más de 400 productos y sus presentaciones.

Hoy nuestro país tiene una tarea pendiente de introducir mejoras a un modelo exitoso de crecimiento económico, que en su momento superó desafíos como el terrorismo, pero que a todas luces no fue suficiente para los peruanos del interior de nuestro país, quienes tocados por ideologías que fracasaron estrepitosamente en lo económico y social en otros países, pero gracias a la lamentable corrupción en la función pública, apostaron por mensajes como “no más pobres en un país tan rico”, el cual puede aplicarse a cualquier realidad de nuestra América Latina.

Por ello, en mi experiencia como político, emprendedor social y educador, creo que el único antídoto posible para asegurar el desarrollo inclusivo y eliminar ideologías fracasadas en nuestra América Latina es la educación.

Este componente de la competitividad de los países, tantas veces abordado por el Banco Mundial, el World Economic Forum y por otras decenas de instituciones internacionales no ha sido llevado adelante por líderes de Latinoamérica con la visión y prioridad del caso, y hoy esos países sumen a sus ciudadanos en la pobreza y desesperanza.

El dos veces presidente de la República del Perú, Fernando Belaunde Terry, decía que la riqueza de un país se sustenta en la justa y equitativa distribución del conocimiento. Aquí, en República Dominicana, grandes empresarios y educadores destacan con razón no seguir titulando la ignorancia, así como la acción conjunta de autoridades y empresarios para derrotar a la trilogía de la pobreza económica, política y espiritual.

En cada visita que realizo a este maravilloso país no me canso de congratular al presidente Abinader, a la alcaldesa Mejía, al alcalde Jiménez, a sus destacados ministros y grandes empresarios por su compromiso con una República Dominicana vacunada y moderna.

Sin embargo, advierto que el contexto latinoamericano debe mantenerlos en alerta para no convertirse en un país fallido y, por lo tanto, asumir el rol histórico de ser la nueva estrella económica en América Latina creando riqueza social para sus ciudadanos.

Necesitamos próspera, en libertad y en democracia a la República Dominicana, mostrar que existen en la región autoridades y empresarios visionarios y probos, con políticas públicas de educación, innovación y emprendimiento, enriquecidas por la experiencia exitosa de países hermanos como el Perú; y que la educación sea el verdadero motor que convierta a este maravilloso país en el faro actual que ilumine con el ejemplo, la esperanza y la prosperidad a nuestra América Latina.

Raúl Diez Canseco Terry

Fundador y presidente de la Corporación Educativa USIL

Ex primer vicepresidente y ministro de Comercio Exterior y Turismo del Perú

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