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Posverdad
Posverdad

?Verdad y Pos-verdad

¿Es la pos-verdad un fraude? ¿Murió la verdad? A veces me pregunto por qué algunas ideas me atraen más que otras. Parece un contrasentido. Una idea debiera considerarse atractiva sólo por su cualidad de verdadera o de falsa. Aceptar sentir atractivo por una, sin haberla verificado, parece irracional.

Sin embargo, este fenómeno no tiene nada de particular si consideramos que el ser humano antes de alcanzar el uso pleno de la razón construye una base sentimental que le va a acompañar toda su vida. Cuando la razón es todavía un proyecto apenas esbozado, el niño ya estará familiarizado con diversas maneras de respeto y de amor; con la culpa, la compasión, el desprecio...

El balance entre lo sentimental y lo racional conforma el intelecto humano y determina el encuentro con la verdad. Esto significa que nuestra verdad es subjetiva. Podemos corroborar esta afirmación observando que la amplitud de nuestro pensamiento es mucho mayor que la de la ciencia, que es el único y limitado campo de nuestro conocimiento que puede apelar al título de objetivo.

La subjetividad tiene mala prensa, aunque, tal y como surge del campo sentimental y de la razón, no es necesariamente negativa. De hecho, además de inevitable, nos evita esfuerzos inútiles, nos protege ante la inestabilidad de la duda permanente y nos permite funcionar sin recurrir a principios que siempre serían discutibles. Al basarse en la simpatía, y en otros sentimientos, nos facilita adoptar, sin necesidad de revisar todo nuestro sistema de argumentaciones, una posición consistente en temas que de otra manera resultaría mentalmente costosísima; este ahorro resulta beneficioso porque la única alternativa racional a su ausencia sería la duda permanente; finalmente, ni siquiera una razón estrictamente lógica sería objetiva, ya que los principios de los que partiría serían siempre discutibles.

La verdad racional, por tanto, no puede prescindir de ese carácter subjetivo. Ahora bien, cuando los sentimientos toman el control, aparcando la razón, la verdad deriva en pura emotividad. Todo puede afirmarse o negarse según la última emoción pasajera. El resultado es, curiosamente, un concepto, hoy muy extendido, pero hasta hace poco limitado a círculos académicos: el de pos-verdad. ¿Podríamos aclararlo diciendo que emoción es a sentimiento como pos-verdad es a verdad subjetiva?

Durante el siglo XX algunos sistemas basados en principios como la raza o la clase rebajaron la verdad hasta hacerla instrumento de sumisión social. En el XXI, existe un consenso tácito para evitar cualquier idea-fuerza. Puede parecer que la pos-verdad contribuiría a lograrlo. Sin embargo, el resultado al que ambas tendencias llevan, considerar la verdad como un predicado volátil, hace que ambas converjan peligrosamente.

Existe una relación directa entre imagen y emoción, y la sociedad digital es manantial inagotable de ambas. De su utilización depende el engaño de la pos-verdad. La pos-verdad, a diferencia de la verdad racional, es inconsistente, inestable, perjudicial y, fundamentalmente, evitable. La subjetividad es constituyente de nuestra libertad. La pos-verdad, por el contrario, nos esclaviza, haciéndonos dependientes de emociones manipuladas por los intereses de los farsantes.

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