Pacto Fiscal (1 de 4)
-Filosofo Vitriólico, la cuarta prioridad que usted publicó en este periódico hace algún tiempo, es "generalizar el sistema tributario con tasas más bajas para disminuir la evasión y la informalidad". ¿Dígame, por favor, qué pretende usted con eso? ¿Qué el gobierno ingrese menos recursos y que los pobres paguen lo que no tienen, eh?
-No alumno, a veces aventajado, otras tantas desfasado. De ninguna manera pudiera sugerir lo que mencionas con tan mala espina. Tendrías que saber que ese tema del ingreso tributario debería considerarse al mismo tiempo que la prioridad número siete, dentro de las diez que también sugerí, que trata sobre la necesidad de reestructurar el gasto público, darle racionalidad, elevar la inversión pública y el gasto social, no necesariamente asistencial. Son dos alas del mismo pájaro, ingreso y gasto racional. Sin una, el pájaro no vuela, sin la otra, se atrofia.
-Maestro, explíquese un poco más, por favor.
-Lo haré, pero el preámbulo puede que resulte más corto de lo necesario y más largo de lo prudente.
-Dele usted con banda si es que tiene frenos, gran filósofo, y si no los tiene quédese donde está para que no se estrelle.
-Debes de haberte dado cuenta, porque ya eres un hombre hecho y derecho, que con el paso del tiempo se ha producido un cambio muy notorio en la filosofía del manejo de las finanzas públicas. Se ha pasado de finanzas medularmente sanas aunque de insuficiente capacidad recaudatoria, a unas en que la norma es el déficit, el endeudamiento creciente y en las que el gasto se hace desconectado de un proyecto de país y se ejecuta basado en líneas asistencialistas en sustitución de una concepción más elaborada de desarrollo.
-Caramba, usted si que se complica, que más da cómo se ejecuta el gasto. Lo importante es que se ejecute y que a los hijos de machepa, o al conglomerado del padre familismo, le toque la borona o algo más. ¿No es así?
-No, no es así y eso es parte fundamental del problema. La forma en que se viene ejecutando lo fiscal desde hace algún tiempo e incluso previo a la recesión mundial, no se articula con el debate teórico acerca del poder redistributivo del ingreso o del gasto, o de ambos simultáneos, ni mucho menos con las concepciones de si el desarrollo va primero y la redistribución después, o es lo contrario. No.
-Ahora si que me perdí, maestro.
-No se articula con teoría alguna, y más bien está conectado a una dialéctica de tipo político partidaria o grupal en que se vincula directamente el ejercicio y permanencia en el poder con el uso de mecanismos asistenciales ligados a la popularidad en las encuestas y a la potencial generación de votos, aunque eso no sirva para resolver nada importante de interés para la sociedad. Lo más grave es que la meta de sacar a la gente del subdesarrollo y la pobreza fortaleciendo al mismo tiempo la institucionalidad, se subordina a lo clientelar, sin que importe el contenido de teorías que vienen afirmando que la clave del desarrollo se encuentra en la existencia de instituciones fuertes e incluyentes, más que en cuales quieras otros factores.
-Usted tiene razón, aunque a este pueblo le gusta el dao y el untao, comenzando con el alcohol que si no se bebe se unta en las articulaciones.
-Ese es el subdesarrollo, alumno dislocado. El giro que se produjo en la política de organismos internacionales en la cresta de la recesión mundial, que impulsó el incremento de la demanda agregada de la economía mundial a través de préstamos inducidos con ese propósito, en los últimos tiempos ha estado teniendo alguna influencia en el manejo de las finanzas públicas con el resultado de que ahora el mundo y nuestro país se ven obligado a revertir toda esa leche derramada.
-O sea que nos llevaron a endeudarnos sin que lo necesitáramos pero lo hicimos con alegría como si se tratara de consumir todo el licor antes de que terminara la fiesta, ¿no fue así?
-Este fenómeno está relacionado con el debate acerca de la funcionalidad de la democracia en América Latina, donde cunde la desesperanza, sobre todo si se compara con el desempeño de Asia, lo que lleva a que muchos se cuestionen si el sistema político democrático es adecuado a las condiciones de pobreza y educación en que nos encontramos o si, por el contrario, lo que falla es la escasez de líderes imbuidos de mística que conduzcan a sus países hacia el desarrollo, es decir que asuman el riesgo de mantener bajos índices de popularidad obsesionados por el premio de conducir a su pueblo hacia una tierra prometida.
-¿Líderes, dijo?
-Si, mi alumno, simples líderes, es lo que más hace falta.
Eduardo García Michel
Eduardo García Michel