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Para (no) entendernos...

El lenguaje políticamente correcto va a terminar por hacer imposible la comunicación. Las palabras tienen su origen, su significado, su alma y sus defectos; los prejuicios son otra cosa.

Responsabilizar a los sustantivos y a los verbos de los problemas sociales es, cuando menos, una pérdida de tiempo. Jugar con el lenguaje puede ayudar a matizar algunos estereotipos si existe una interpretación peyorativa del término pero, realmente, disfrazar las palabras no es la medicina que cura una situación indeseada.

A menudo cambiar una palabra por otra "políticamente correcta" indica más prejuicios que utilizar la original. Un ciego es eso: "persona no vidente". ¿Cuál es el problema con la palabra "ciego"? ¿Quién nos ha hecho creer que hay que utilizar la definición?

Al promover un seminario sobre la realidad de los dominicanos deportados desde Estados Unidos el organizador habla de "personas desplazadas involuntariamente". Esa es una descripción de los evacuados por la crecida del lago Enriquillo, los emigrantes que huyen de la pobreza, los exiliados de una guerra o para los que entregan obligados su casa al banco. Pero una persona deportada es un deportado, con sus problemas, intereses, derechos, pasado y futuro.

Tener miedo a las palabras es temer lo que significan. Si seguimos hablando con definiciones, circunloquios y sucedáneos terminaremos por no entendernos... Maquillar con palabras la realidad (social, laboral, familiar, política) es solo eso...un truco.

IAizpun@diariolibre.com