×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Juegos
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
opinion

Política y religión

Expandir imagen
Política y religión

El debate sobre el tema debe ser necesariamente amplio y profundo. Simplemente lo inicio. A lo largo del tiempo, la política y la religión han experimentado grandes encuentros y desencuentros. Cada una debe reconocer su mutua autonomía y advertir que cuando la distancia se transforma en divorcio se registra el debilitamiento de ambas. Y es que hay un vínculo estrecho entre los valores políticos esenciales y los valores religiosos. La misión de la política, nos dirá Arendt (1997) "es asegurar la vida en el sentido más amplio". También Walzer (2010), nos dirá que el fin de la política es la "vida buena". Y como síntesis de ambas concepciones, el teólogo dominicano Marcos Villamán (2003) nos dice: "la política sólo tendrá sentido en la medida que se oriente a la construcción del bien común, único horizonte que le aporta fundamento ético y legitimación como actividad humana". Encomendándole, desde luego, a la religión la conformación de una comunidad ecuménica entre los pueblos, que vela por la salvación del hombre total y de todos los hombres y mujeres.

"Vivir bien", según Walzer, es "ser políticamente activo, colaborar con nuestros conciudadanos, determinar con ellos nuestro destino común. El mejor modo de conocernos a nosotros mismos es como personas que proponen, debaten y deciden". Su manera de entender la ciudadanía como agencia moral es una de las fuentes primordiales del ideal democrático. ¿Acaso no coinciden estas consideraciones políticas con las religiosas que se refieren a comunidad, amor al prójimo, a "peregrinar en la tierra de todos", la defensa del más débil y del que sufre, o que resumen la regla de oro del cristianismo y otras religiones "no hagas nadie no quieras que te hagan a ti", o que encarnan el "mandamiento nuevo". A esto agrega el teólogo católico, Hans Kung: "Estamos convencidos de que nuestras tradiciones éticas y religiosas, seculares ya en su mayor parte, contienen suficientes elementos éticos que muy bien pueden ser entendidos y vividos por todos los seres humanos de buena voluntad, sean o no religiosos".

Alexis Tocqueville (1850-1859), agudo político del siglo XIX, sostiene que "la religión no es más que una forma particular de la esperanza y es tan natural al corazón humano, como la esperanza misma. Es una especie de aberración de la inteligencia lo que aleja a los hombres de las creencias religiosas, pero una inclinación invencible les vuelve a llevar a ella. La incredulidad es un accidente; la fe es el único estado permanente en la humanidad. Sin embargo, la religión no puede compartir la fuerza material de los gobernantes sin cargar con una parte de los odios que provocan". La noción del bien que propone la religión complementa y robustece la que propone la política.

Visto así, la religión nutre necesariamente la agenda de "la buena política y de los buenos políticos". Al respecto, el mismo Kung nos recuerda:" somos conscientes de que las religiones por sí solas no pueden resolver los problemas ecológicos, económicos, políticos y sociales que padece nuestro plañera. Pero sí pueden conseguir lo que solamente con planes económicos, programas políticos y regulaciones jurídicas resulta a todas luces inalcanzables: un cambio interior del hombre, un cambio total de la mente. Con otras palabras, "la transformación del corazón humano" mediante la "conversión" a una nueva actitud de vida, alejándole del camino equivocado. La humanidad necesita transformaciones sociales y ecológicas , pero no menos necesita una renovación espiritual". Precisamente las fuerzas espirituales de las religiones pueden proporcionar a la vida de los hombres una confianza básica, un horizonte vital, unos criterios estables y una patria espiritual.

Hoy día la(s) religión(s) significa (n) mucho para la política. No en vano muchos políticos intentan "poner a Dios en sus filas y en sus discursos" para atraer a una enorme cantidad de creyentes organizados en torno a los principios de la fe religiosa; y ponen también la mirada en las Organizaciones Basadas en la Fe y en las Comunidades Eclesiales de Bases, como comunidades sanas, solidarias, fraternas, con capacidad de reflexión intelectual y de vivencia de la fe como expresión religiosa y la acción política reivindicadora como expresión de dicha fe, que además despiertan la conciencia crítica de la condición de opresión, estimulan el autorespeto y realizan acciones efectivas de cambio, en la medida que logran que cada persona se asuma con el derecho y el deber sustentados por los principios religiosos.

No resulta fácil para la política y para los políticos trillar los caminos de los valores inspirados en la religión. Muchos de los vicios y males políticos , "pecados políticos", provienen precisamente del divorcio entre política y religión, de la falta de compromiso con los principios religiosos, que concibe la participación popular como una agenda "superior". La religión no es lo que pueda todo, nos dirá Kung, pero sí está en condiciones de abrir y ofrecer un cierto "plus" a la vida. Puede expresar una especial profundidad ante el dolor, la injustica, la culpa y el sinsentido, así como un sentido último frente a la muerte. Puede garantizar valores supremos, normas incondicionales, motivaciones e ideales profundos: el por qué y para qué de nuestra responsabilidad. Puede crear mediante símbolos comunes, rituales, experiencias y objetivos, un hogar para la confianza, la fe, la fortaleza y una esperanza: una comunidad y un hogar espiritual. La religión puede impulsar la denuncia y la resistencia contra las situaciones injustas: el, ya actuante, anhelo del "totalmente otro".

Y para terminar bien vale la reflexión de Walzer: " negar la autoridad de Dios en la vida política es una manera conveniente de referirse a que la política debe ser un lugar seguro para unos seres humanos condenados a interminables desacuerdos y conflictos, se puede decir que negando la autoridad divina en este terreno, hacemos que la política sea segura para la política misma. Entiéndase que esa política sólo beneficiaría a la "comunidad de políticos", y no así, a la gran comunidad universal que reconoce que la dignidad, la libertad y los derechos humanos deben ser fundamentados desde su última profundidad, religiosamente. Hoy surgen de nuevo las religiones como actores importantes en la política nacional mundial. Ningún buen político podrá ignorar el poder profiláctico de las religiones sobre del poder político. ¡Ojalá así lo reconozcan!