Rezando...
¿Respetar los "deseos" de los intolerantes es una muestra de tolerancia? ¿No es una incongruencia o una cobardía?
En un mundo justo, todos los seguidores de la dinastía de los Castro vivirían en Cuba para apoyar de verdad, y no sólo en teoría, las ventajas económicas y espirituales de una dictadura militar. Y los cubanos de tres generaciones que estén aburridos de tal privilegio estarían autorizados a salir y si quisieran, podrían vivir en otra parte.
Y si el mundo fuera muy, muy justo... las Damas de Blanco se entrevistarían con el Papa en Castengandolfo por cortesía, porque serían libres de salir y de hablar. No vivirían una dictadura.
La Iglesia católica ha hecho equilibrios sabios por siglos, por lo que este desaire a sus feligresas para complacer a un tirano podrá tener un sentido trascendental, pero a los simples mortales se nos escapa. ¿Es de demócratas (sacerdotes o civiles) acomodar las arbitrariedades del dictador? ¿Es eso justo para los demás ciudadanos, para la libertad?
Aquí, una foto extraña nos muestra una reunión en la JCE. La jerarquía local católica reúne a los políticos para que prometan que se portarán bien en campaña. No parece nadie muy contento, excepto Roberto Rosario, al que con esta iniciativa de los prelados, se le ha aparecido la Virgen.
Él sabe (y en la foto sonríe) que hay temas más graves que los insultos de campaña: el conflicto del centro de cómputos o un voto disidente y razonado del presidente del TSE importan más. A todos.
La Iglesia es sabia. Pero a veces se equivoca.
IAizpun@diariolibre.com
En un mundo justo, todos los seguidores de la dinastía de los Castro vivirían en Cuba para apoyar de verdad, y no sólo en teoría, las ventajas económicas y espirituales de una dictadura militar. Y los cubanos de tres generaciones que estén aburridos de tal privilegio estarían autorizados a salir y si quisieran, podrían vivir en otra parte.
Y si el mundo fuera muy, muy justo... las Damas de Blanco se entrevistarían con el Papa en Castengandolfo por cortesía, porque serían libres de salir y de hablar. No vivirían una dictadura.
La Iglesia católica ha hecho equilibrios sabios por siglos, por lo que este desaire a sus feligresas para complacer a un tirano podrá tener un sentido trascendental, pero a los simples mortales se nos escapa. ¿Es de demócratas (sacerdotes o civiles) acomodar las arbitrariedades del dictador? ¿Es eso justo para los demás ciudadanos, para la libertad?
Aquí, una foto extraña nos muestra una reunión en la JCE. La jerarquía local católica reúne a los políticos para que prometan que se portarán bien en campaña. No parece nadie muy contento, excepto Roberto Rosario, al que con esta iniciativa de los prelados, se le ha aparecido la Virgen.
Él sabe (y en la foto sonríe) que hay temas más graves que los insultos de campaña: el conflicto del centro de cómputos o un voto disidente y razonado del presidente del TSE importan más. A todos.
La Iglesia es sabia. Pero a veces se equivoca.
IAizpun@diariolibre.com
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