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Se burlaron del Comité Político

El amor y el interés se fueron al campo un día...

Habrá que esperar que llegue al Senado para entender qué pasó con el consenso de la Ley de Partidos. Lo de mayoría es lo que menos importa en este caso.

Si el problema hubiera sido de mayoría, hace mucho que la pieza estuviera aprobada en versión peledeísta, sin mediaciones ni discusiones fuera del hemiciclo.

Pero no, se quiso un entendimiento más amplio, hacer las cosas como Dios manda, y el país reclama. Con conciencia, anuencia y voluntad de todos.

Pero quedó el muñeco, con pata de palo y parche en el lado izquierdo de la cara, todo un pirata. O todavía peor. Un corsario, puesto que contó con patente.

La patente del partido.

Ahora, pirata o corsario, no se explica la burla de que fueron objeto Agripino, Rafelito, Reinaldo y Roberto, que creyeron tener en sus manos el fuego divino del consenso.

Lo de Agripino pasa, lo de Roberto también, ya que se les supone a ajenos al debate interno de los partidos. Pero ¿y Rafelito y Reynaldo?

Ahí la cosa cambia, pues se supone que actuaban por encargo del PLD, y lo sucedido cuestiona su autoridad, y no cualquier autoridad.

La autoridad del Comité Político.