Tiempos de ingratitudes
"Para tener una actitud de agradecimiento, necesitamos dejar que nuestros pensamientos sean honestos, puros, amables y dejar fuera el orgullo. Cuando no hay un corazón agradecido, las personas se cierran las puertas para recibir bendición y apoyo, y pierden oportunidades tremendas de gozo y satisfacción". (Jóvenescristianos.com)
De ingratitudes está sembrado el camino. Hay que estar consciente de que es intrínseco de los seres humanos. No todo el mundo es así, pero es uno de los defectos más aborrecible que se explica por la falta de gratitud a lo que tenemos y de lo que aun carecemos. Esta y la deslealtad pueden ser siamesas, sino mellizas.
Estos defectos se potencializan en el camino hacia el poder, en el poder o cuando se desciende de él.
Para los tiempos de transición del año 2000, por ejemplo, me causó un gran impacto emocional, era mi primer experiencia, verificar que gente a la que se sirvió y se le tendió la mano, asumían una conducta de desagradecimiento cuya explicación la sabemos, sé que ocurren, pero que no está demás compartir con los lectores.
Las figuras cimeras de la humanidad han tenido que pasar por este tipo de trance en algún momento de sus vidas, sin que nada haya cambiado.
Y como se acuñó en el programa que se convirtió en el primer fenómeno radial de las décadas de los sesenta y setenta: "Todo sigue su agitado curso".
Aún hoy, veintiún siglos después de la muerte de Jesús, "todo pasa y todo queda"… como escribiera el poeta Antonio Machado y cantara Joan Manuel Serrat. A propósito de Jesús, el más grande transformador de la civilización humana desde el punto de vista espiritual, él también tuvo algunas experiencias. Se recuerda aquel episodio en el que diez leprosos fueron limpiados por él.
El apóstol Lucas (17:11) lo cuenta. Lo copio textualmente como aparece en el Evangelio: "Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea (la historia dice que los galileos eran sinceros y leales, paréntesis mío).
Al entrar Jesús de Nazaret en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz diciendo: -¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: - Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que, mientras iban, quedaron limpios.
Entonces, uno de ellos, viendo que había sido sanado volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró, rostro en tierra, a sus pies dándole gracias. Este era samaritano. Jesús le preguntó: ¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: -Levántate, vete; tu fe te ha salvado".
Jesús de Nazaret a pesar de tener ésa y otras vivencias de ingratitudes, siguió adelante. Los seres humanos, todos, en algún punto de nuestras vidas pasamos por esa desagradable experiencia. ¿Quién no ha sido satanizado por una persona a la que estuvo ayudando por un tiempo, solo porque le falló en una ocasión? Como la historia de los leprosos, Jesús sufrió otras decepciones de gente que andaba con él, incluso, predicando el cristianismo.
Pedro, para solo referirme a lo que Jesús vivió con uno de sus principales discípulos, lo negó tres veces cuando al Maestro lo iban a crucificar. Entonces, ¿qué podemos esperar los mortales de nuestros semejantes en un mundo donde la avaricia, el dinero, la falta de valores como la autocrítica, no tienen significado para mucha gente?
Recuerdo, guardando la distancia con Jesús, que en el año 2000, un ingeniero que construyó para el gobierno importantes obras con las que pudo capitalizar su empresa, no desaprovechó espacio y círculo amplio o pequeño para desbarrar contra el presidente Leonel Fernández.
Cuando los vientos de las encuestas soplaban a favor de Fernández, de cara a las elecciones de 2004, ese constructor trató de acercarse, pero su veneno ingrato había hecho mucho daño.
Soy testigo de los esfuerzos que hizo el presidente Fernández para que se le pagara toda la deuda antes de salir del gobierno, como ocurrió. Ese sujeto no tuvo empacho para salir a decir sandeces y estupideces contra el mandatario.
En la campaña pasada, activó políticamente para ayudar a Hipólito a ser Presidente. De esto se saca una enseñanza de vida: El ingrato, el desleal siempre lo será, no importa donde gravite su vida desgraciada. Las transiciones en la vida del ser humano son enriquecedoras, no importa del tipo que sean.
Sirven para acumular experiencia, para conocer la pasta humana, pero también son tiempos para fortalecer el espíritu y enfocarse en nuevas metas. Las ingratitudes no pueden pagarse con más ingratitud, se devuelven con más servicio y creyendo en la gente, que mucha buena la hay.
Como ocurrió con la experiencia que enfrentó Jesús, contada por Lucas, de los diez leprosos limpiados por el hijo de Dios, uno solo fue a darle las gracias.
Si a Jesús de Nazaret, el hijo de Dios, le fueron ingratos aquellos nueve limpiados por él, y Pedro lo negó tres veces, ¿qué pudiera pasar con simples mortales que estamos en puestos públicos prestados? Desde mi condición laica, quiero manifestar mi indulgencia con quien se iguale con aquellos nueve leprosos. Trataré de actuar siempre como aquel samaritano, agradeciendo siempre por lo bueno, también por lo malo porque de ello se aprende.
Rafael Núñez
Rafael Núñez