Un nuevo inicio
Venezuela está en el centro de una disputa que se insiste en presentar en blanco y negro
Venezuela está en el centro de una disputa que se insiste en presentar en blanco y negro. De un lado, Estados Unidos, señalado de inmediato como una potencia movida por sus intereses particulares, esta vez de manera descarada. Del otro, el chavismo, un poder interno que se aferra al control del Estado y se presenta de manera sistemática como víctima de conspiraciones externas, sanciones y asedios permanentes.
Cuestionar a Washington es legítimo. Su historial en América Latina obliga al escepticismo y su interés en el petróleo venezolano no es un secreto. Negarlo sería ingenuo. Sin embargo, reducir cada movimiento estadounidense a una simple ambición petrolera es una explicación cómoda que ya no alcanza para entender el momento actual. Esa lectura automática termina funcionando como coartada, porque desplaza toda la responsabilidad hacia afuera y evita examinar con rigor cómo Venezuela llegó a este punto mucho antes de que las sanciones y la presión internacional se convirtieran en factores determinantes.
La permanencia en el poder del chavismo no puede seguir explicándose únicamente como una reacción defensiva frente a amenazas externas. Durante años, ese proyecto político cerró salidas institucionales, desmontó contrapesos, se burló de los procesos electorales y convirtió la excepcionalidad en norma.
En ese entramado tampoco puede ignorarse el respaldo internacional que ha sostenido al chavismo. Rusia, China, Irán y Cuba no han actuado por afinidad ideológica ni por solidaridad con el pueblo venezolano, sino por intereses geopolíticos, financieros y estratégicos. Su apoyo ha contribuido a prolongar el conflicto y a blindar al poder interno frente a cualquier presión real por una apertura democrática. En este contexto, rechazamos que Venezuela sea tratada como botín geopolítico por potencias externas, pero también rechazamos que la soberanía se utilice como coartada para perpetuar un poder agotado. Ha llegado el momento de permitir una transición política real que saque al chavismo del poder.

Omar Santana